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jueves, febrero 19, 2026

De cómo el agua envasada llegó a constituir un negocio brillante

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No es lo mismo agua de canilla que agua de manantial; no es similar un agua de mesa que un agua mineral natural. Pero todas forman parte de una brillante idea: El agua envasada se asociaba con los envases que se les daba a los que estaban enfermos o internados. Y no mucho más. Y de repente, como el mundo, todo cambió

La revista Mercado arrancaba así su nota. “Fue uno de los inventos más audaces del capitalismo: tomar una sustancia que se encuentra libremente a disposición de todo el mundo, vestirla con trajes diferentes y venderla como algo nuevo y capaz de transformar cuerpo, mente y alma. El agua ya no es más agua, es una sustancia a la que se le puede incorporar cualquier ingrediente con la promesa de mejorar la vida humana”.

En realidad, hay una realidad forzada: el agua no está andando libremente y a disposición de todo el mundo. Eso puede ser que ocurriera en la edad Media o en el Renacimiento o si alguien se toma la molestia de ira a las Highlands (o tierras altas) de Escocia o las serranías españolas donde las montañas vierten el líquido salido de sus entrañas cargados de pureza. En el resto de los casos, el agua llega a la canilla de una casa tras un largo proceso de extracción, purificación y traslado; incluido la acumulación en tanques distribuidores. Nada de eso “libremente a disposición de todo el mundo”.

Y la nota continúa. En los últimos 20 años el agua embotellada se convirtió en el mercado de mayor crecimiento del mundo. El mercado global fue valuado en 2013 en u$s 157.000 millones y se calcula que para 2020 llegó a u$s 280.000 millones, mientras que a la salida de la pandemia en 2024, ya estaba en 344 mil millones de dólares. Nada menos.

Solo  en Gran Bretaña, el consumo de agua embotellada viene creciendo 8,2%, lo que equivale a un valor minorista de 2500 millones de libras esterlinas. Las ventas de agua son 100 más altas hoy que en 1980. De “agua”. Una sustancia que, al menos en los países desarrollados, se puede beber libremente de la canilla sin temor a contraer enfermedades. ¿Qué pasó?

“Beber libremente”, dice. Pero libre no es gratis: en inglés pueden parecer similares los términos en ambos casos es “free” (libre o sin costos). Pero en castellano sabemos que hay diferencias. Cualquiera puede abrir la canilla y beber el agua que sale de allí. Pero no todos conocen las boletas de agua.

El agua se asociaba a los tratamientos de salud en los que tambien había aguas termales. Esto se trajo de Europa

James Salzman, autor de “Drinking Water: A History“, dice que en el medioevo los monjes daban a los peregrinos botellones de agua extraída de pozos sagrados para que se llevaran como recuerdo de su visita, un ejemplo medieval del poder de la marca. Durante siglos los europeos viajaron a ciudades spa para probar el poder curativo de sus aguas. La visita al spa era señal de salud, pero también de status; un lugar para hacerse ver, una asociación de líquido e individuo que anunciaba elevación social.

Susana Rigoz en Infobae recordaba el contexto: “Hace unas décadas, comenzó en el mundo un cambio cultural orientado a una vida más saludable. Realizar deportes, comer mejor, no fumar o caminar son algunas de las nuevas tendencias que se fueron imponiendo y generaron incluso variaciones en los hábitos de consumo. Y ahí calzó justito el fenómeno de las aguas embotelladas.

La presidente del Comité de Salud y Ambiente de la Asociación Médica Argentina fue  contundente al afirmar que el mercado generó, a través de millones de dólares gastados en publicidad, una falsa sensación de superioridad del agua envasada en comparación con el agua de red. “En EE. UU., por ejemplo, entre 2011 y 2016 el mercado de agua embotellada creció un 39% en volumen”, detalla. Esta tendencia también se manifestó en la Argentina, donde en 2017 se consumieron 114 litros de agua embotellada (mineral, de mesa, saborizada) per cápita.

Vale aclarar: no es lo mismo un agua envasada y tratada con procesos químicos (agua de mesa, en Argentina) que un agua mineral natural, esto es, que se envasa en el mismo lugar donde se la extrae y es como tomar “el agua de la fuente”.

Algunos escépticos dirán: “sigue siendo agua”. Y es verdad. Pero una cosa no quita la otra.

En 1740, apareció en Inglaterra la primera agua embotellada, en Harrogate. Para el año 1914 Harrogate Spring era, según consta hoy en su página web, el mayor exportador de agua en botella del país que, según consta también en su página “mantenía hidratadas a las tropas desde Inglaterra hasta la India”.

Pero al principiar el siglo 20 una revolución en el agua casi mata el negocio. Luego de unos primeros intentos realizados en Alemania y Bélgica de clorar el agua potable municipal, una epidemia en 1905 de fiebre tifoidea – enfermedad transmitida por el agua — en Lincoln, Inglaterra — instó a alguien muy interesado en preservar la salud pública a intentar la primera cloración ampliada del agua pública. El experimento funcionó y pronto la práctica de cloración del agua municipal se esparció por el mundo.

La consecuencia inmediata fue que el negocio del agua embotellada colapsó. Si ahora tener agua limpia era algo que estaba al alcance de todos ¿por qué gastar dinero para tener algo que ahora salía (casi) gratuitamente de la canilla de la cocina?

Así el agua embotellada hasta comienzos del siglo XX seguía siendo asociada más al fenómeno de la salud para los tratamientos. Así como los tuberculosos eran enviados a Córdoba porque el aire era más sano, se bebía agua Villavicencio en Mendoza porque “el médico lo recomendaba”.

Y para certificar esta impresión, el agua embotellada se compraba para alguien que estaba internado en el Hospital o la clínica.

¿Cómo empieza a cambiar todo?

La respuesta llegó en 1977, con una de las piezas publicitarias más brillantes de la historia: la voz del legendario Orson Welles decía: “desde las profundidades de las planicies del sur de Francia, en un misterioso proceso que comenzó hace millones de años, la Naturaleza misma añade vida a las heladas aguas de una fuente natural: Perrier”. Los televidentes veían caer el agua en un vaso y admiraban el verde brillante de la botella.

La publicidad era parte de una campaña de u$s 5 millones en todo Estados Unidos, la mayor de la historia para un agua embotellada y resultó un éxito. De 1975 a 1978 las ventas de Perrier en Estados Unidos crecieron de 2,5 millones de botellas a más de 75 millones.

El triunfo de Perrier coincidió con el éxito fenomenal de los primeros videos gimnásticos de Jane Fonda (foto arriba) y todo un movimiento hacia la vida saludable. El glorioso renacimiento del agua fue una moda que llegó para quedarse porque se puede valorizar como ninguna otra sustancia de la tierra. Algunas, como la Evian, Perrier, Highland Spring y Harrogate — provienen de fuentes naturales, pero muchas otras marcas venden agua corriente reformulada.

Hoy en día en Argentina, basándose en la presentación de un producto que puede ofrecer tanto placer como salud, el agua embotellada crece, por un lado, como gaseosa vergonzante y, por el otro, como un consumo gourmet que comienza a utilizar la jerga de bebidas más respetadas (como el vino).

La provincia fue una de las pioneras al lanzar Agua de las misiones en 2011. La empresa Aguas Misioneras fue imitada por una similar de Jujuy (Aguas Riojanas) y su producto estrella Xuma.

La líder en la Argentina sigue siendo la mendocina Villavicencio que ahora pertenece a Danone (la misma de Evian). El agua mineral natural de manantial, como Villavicencio, emerge del corazón de la montaña con lo que garantiza máxima pureza. Proviene de fuentes naturales, manteniendo su perfil mineral y brindando una hidratación profunda y enriquecida. Villavicencio, por su parte, nace y es embotellada en una Reserva Natural protegida, lo que asegura que llegue intacta a nuestra mesa.

Es lo mismo que Agua de las misiones. Proviene de profundidades y de miles de años de estar asentándose en ese lugar con lo que su pureza está garantizada.

Cuál es la diferencia con el agua de mesa: que esta última se extrae o se puede usar de la red y posteriormente es tratada para quitarle o agregarle químicos que garanticen su pureza.

Fuente: Revista Mercado, Aguas Misioneras, Villavicencio, El Tribuno de Jujuy.

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