En 1907, Posadas enfrentó la fiebre bubónica que provocó muertes y un profundo impacto social, económico y sanitario. Portada por las ratas, que llevaban consigo unas pulgas que tenían las bacterias de la muerte. También conocida como “peste negra” debido a que los dedos se volvían totalmente negros. El recuerdo de la obra cumbre de Albert Camus (ganador del premio Nobel) y de cómo la persecución inquisitorial de las supuestas brujas originó el mayor desastre con esta peste en Europa.

Algunos dicen que “es el karma” otros simplemente que “todo vuelve”. Lo cierto es que en la Edad Media cargada de religiosos persiguiendo fantasmas demoníacos enancados en una misoginia notable, los inquisidores veían brujas por todos lados. Odiaban a las mujeres y si tenían una lechuza (caza ratones) o un gato (caza ratones) con más odio las perseguían. Y se lanzaban a cazarlas, estigmatizarlas, odiarlas y quemarlas. Y no solo quemaban las pobres mujeres (en muchos casos, eran nada menos de lo que hoy se conoce como ‘curanderas’ o conocedoras del poder curativo de las plantas) sino que además quemaban todo lo que a ellas concernía. Así se eliminaron cientos y miles de gatos que -entre otras cosas- mantenían a raya las poblaciones de ratas y ratones. Y las ratas pulularon. Y con ellas venían unos pulgones que traían una bacteria llamada Yersinia pestis y ésta, la peste. S

e hinchaban los ganglios y salían bultos (o bubones) como huevos en la ingle, en la garganta y otras partes del cuerpo. Era la señal: aparecían y era la sentencia inapelable. Y así murieron miles y miles de personas en ciudades hacinadas, sin agua potable, sin cloacas, sin vacunas, sin antibióticos. Solos y desarmados ante las ratas y sus desagradables huéspedes. La peste negra llegó para hacer una justicia extraña. Esos inquisidores que tanto mal hicieron a la Iglesia Católica y las gentes de su época.
A principios del siglo XX, el 30 por ciento de la población posadeña murió como consecuencia de la peste bubónica. Este trágico acontecimiento marcó la historia de la ciudad, que en ese momento se consolidaba como la capital del territorio de Misiones. Aunque esta epidemia afectó a gran parte de la región, no sólo a Posadas, allá por el año 1907.
En la novela La peste de Albert Camus, la enfermedad que azota la ciudad argelina de Orán es la peste bubónica (o peste negra). La historia comienza con la aparición masiva de ratas muertas en las calles, lo que precede a los fatales contagios entre los humanos. Y así ocurrió en Posadas.
A mediados del siglo XX el escritor francés Albert Camus ganó el premio Nobel de Literatura se refirió en forma ficticia un caso de peste bubónica en Orán, Argelia. Pero el escenario podía ser cualquier ciudad de Europa, África, Asia o América. Y así, en un barco viajaron las ratas con sus pulgones infectados. Y así llegaron a Posadas.
Se cree que la peste comenzó en la panadería y fiambrería de la familia de Carlos Fernicola, que se encontraba sobre calle Colón entre Córdoba y Bolívar (donde actualmente funciona el ingreso al estacionamiento de un local comercial). Donde el 16 de noviembre se registró la primera víctima mortal de esa enfermedad, que era precedida por la mortandad de ratas. Posteriormente se estableció que la infección se había propagado desde las bolsas de harina que eran importadas.
Sin embargo, esta epidemia también resaltó la figura del doctor Ramón Madariaga, quien desempeñó un papel fundamental en la lucha contra la peste negra. Su consultorio se encontraba en cercanías del hotel sobre calle Bolívar entre Colón y San Lorenzo. El tratamiento fue el aislamiento, higiene y exterminio de los roedores (ratas y pulgas) que transmitían la infección.

Los visitantes recorren el Cementerio La Piedad y se encuentran con esta inscripción. “Hilda V. Fernícola QEPD Falleció el 17 de diciembre de 1907 a la tierna edad de seis años. Tu familia te lo dedica en eterna memoria”. Así, la Municipalidad de Posadas decidió rescatar este capítulo de la historia a través de un recorrido que permite a los vecinos y turistas conocer los lugares más significativos relacionados con la peste.
Pese a las loas que existen a épocas anteriores basados en que ‘todo tiempo pasado fue mejor’ como dicen los nostálgicos, hay que recordar que no sólo la peste negra acechaba a los habitantes de Posadas y de cualquier núcleo urbano en cualquier lugar del mundo: Las enfermedades endémicas más comunes en la zona eran paludismo, fiebre tifoidea, anquilostomiasis, bocio, tracoma, gripe, coqueluche, tuberculosis, enfermedades venéreo-sifilíticas, lepra, viruela, sarampión, difteria y peste bubónica.

En una época donde todavía no se habían conocido los beneficios del agua potable, las cloacas, las vacunas y el antibiótico las gentes quedaban a merced de la buena de Dios. O poco menos.
Los recursos sanitarios eran muy precarios. La situación se presentaba peor si se tiene en cuenta que los ranchos no contaban con letrinas, cloacas y agua potable. En la zona ribereña eran más comunes las enfermedades y mayor la mortalidad, pues las letrinas eran pozos ciegos en comunicación con el agua.
La fragilidad sanitaria de Posadas desde su fundación y durante las primeras décadas de su desarrollo, se relacionaba con las condiciones sociales y económicas de un sector importante de la población, con la vulnerabilidad de los controles sanitarios y con la carencia de infraestructura adecuada para atender las epidemias que frecuentemente azotaban a toda la región, sin distinción de clases.
Frente a la carencia total de asistencia pública, la Sociedad de Beneficencia, integrada por damas posadeñas, impulsó la creación de lo que se conoció como el Hospital de Caridad.

Funcionó a partir de 1909 y estuvo ubicado en la manzana que hoy está delimitada por la avenida Mitre y las calles Buenos Aires, Rivadavia y Santiago del Estero, (actual Hogar de Niñas Santa Teresita); del que llega a la actualidad, una pequeña habitación que correspondía a la morgue (ubicada en las inmediaciones de Mitre casi Buenos Aires, dentro del predio de dicho hogar). Durante 20 años (hasta 1929) brindó las atenciones esenciales para preservar la salud de la población. En paralelo, desde 1924 ya atendía a pleno el Hospital Regional, hoy Ramón Madariaga.
Además del paludismo, Posadas tenía las enfermedades de transmisión sexual como las de mayor impacto en la sociedad. “En Posadas había muchas enfermedades venéreas, era terrible. Había mucha sífilis. Había casas de señoritas que vivían de la prostitucion y entonces (los médicos) hacían visitas frecuentes para poder controlar la sífilis, porque los soldados del Regimiento iban a esas casas. Sobre todo pasaba después de la Guerra de la Triple Alianza, que muchísimas paraguayas vinieron a vivir acá”, contó Alba Celina Etorena en su obra Historia de Posadas (Volumen II), escrita con José Carlos Freaza.
Por otro lado, las afecciones de la piel o dermatosis también eran frecuentes, sobre todo los líquenes tropicales o urticarias, pero las más temibles eran la sarna y la lepra.








