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jueves, febrero 12, 2026

El calor activa las ratas

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Un estudio que examinó 16 ciudades muestra que el aumento de las temperaturas se asocia con subas significativas en la actividad de ratas en once urbes. La evidencia sugiere que inviernos más templados y veranos más cálidos crean condiciones ideales para su reproducción y supervivencia, un factor que se suma a problemas locales como basureros desbordados y abundancia de comida rápida.

La relación entre clima y roedores aparece como un factor clave en el crecimiento de poblaciones urbanas. Investigadores liderados por el Dr. Bobby Corrigan analizaron datos de entre 7 y 17 años en 16 ciudades, principalmente de Norteamérica, y encontraron aumentos relevantes en la actividad de ratas en 11 de ellas. Temperaturas más altas facilitan ciclos reproductivos más largos y reducen la mortandad por frío.

El hecho ocurrió en Copenhague, capital de Dinamarca. Un lugar que en invierno tiene temperaturas de entre -2° y -19°. El vecino estaba viendo cómo eliminar un roedor. El animal había utilizado el caño de desagüe de las aguas de limpieza (en especial, la generada por el uso de lavarropas y lavavajillas. De esta última máquina provenían los (restos de) alimentos que el roedor se alimentaba. Y de las temperaturas más tolerantes, la posibilidad de sobrevivir a un invierno en una región tan poco amable con las ratas

En algunas ciudades, los incrementos se acercaron a los 2 °C en el periodo estudiado. Washington D.C. registró casi un 400% de aumento; San Francisco, 300%; Toronto, 180%; y Nueva York, 160%. Las ratas no hibernan; por lo tanto, inviernos templados implican mayor supervivencia de crías y una primera reproducción más temprana en la temporada. Una hembra puede tener hasta seis camadas anuales, con hasta 12 crías por camada, y comenzar a reproducirse a las nueve semanas. Bajo condiciones cálidas, esas cifras impulsan un crecimiento poblacional exponencial, publicó la BBC Mundo.

Los autores del estudio concluyen: las ciudades que mostraron mayores aumentos térmicos experimentaron también los mayores saltos en actividad de ratas. Este hallazgo conecta con las proyecciones climáticas, que indican un aumento sostenido de temperaturas a escala global. Por ello, el efecto del clima puede intensificar las presiones sobre la gestión urbana de plagas.

Ciudades más cálidas, ratas más activas

El entorno urbano actúa como amplificador. Asfalto y edificios retienen calor y elevan temperaturas locales respecto del campo. Además, la expansión urbana reduce hábitats naturales, concentrando ratas en rincones, tuberías y desagües. Esa combinación hace que las urbes sean más hospederas cuando el clima se vuelve más cálido.

Las tácticas tradicionales, como cebos y venenos, enfrentan limitaciones. Las ratas son neofóbicas: prueban poco y luego repiten si no se sienten mal. Además, han aparecido mutaciones que reducen la eficacia de anticoagulantes. Por eso, la evidencia recogida por los investigadores apunta a que el clima no es el único motor, pero sí uno de los más potentes y persistentes.

A este factor se suma la enorme disponibilidad de alimento en las ciudades. Contenedores desbordados y bolsas mal cerradas acumulan restos de comida que se convierten en un recurso constante para las colonias de ratas. Los controladores de plagas señalan que, aunque se utilicen cebos o raticidas, la abundancia de sobras en la vía pública hace que los roedores no necesiten recurrir a ellos, lo que complica aún más su control.

Ante la influencia del calor, especialistas recomiendan priorizar intervenciones sobre el entorno: mejorar la recolección de residuos, cubrir contenedores, controlar fuentes de alimento y diseñar infraestructuras menos propicias para refugio. El Dr. Corrigan subraya que reducir el acceso a comida evita ciclos de envenenamiento y muerte, y abre la puerta a estrategias más humanas, como anticonceptivos orales en estudio.

El estudio aporta datos sólidos sobre cómo el calentamiento favorece a las ratas en zonas urbanas. En tanto las temperaturas sigan subiendo, el desafío pasa por combinar políticas climáticas y mejoras locales de saneamiento para frenar el crecimiento de poblaciones que se benefician del calor.

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