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jueves, febrero 12, 2026

El famoso ‘hombre-globo’

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Larry Walters un camionero estadounidense que en julio de 1982 voló a casi 5000 metros de altura sentado en una silla de jardín de aluminio atada a 42 globos de helio. Fue subiendo y subiendo. Tenía la pistola de aire comprimido para disparar a los globos para empezar a bajar…¡pero se le cayó! Al final siguió subiendo hasta que el frío hizo empezó a eliminar el gas y el descenso por suerte fue suave. Todo un recordman

Era una de esas silletas desplegables con estructura de metal y tiras de material plástico resistente. Una silla de patio, de esas que se llevan a un día de camping o de paseo porque son plegables. Ese fue su asiento del piloto. El 12 de julio de 1982, el cielo de Los Ángeles fue el fondo donde se registraba  de una escena tan insólita como histórica: un hombre ascendía a más de 4876 metros de altura no en un avión, sino en una simple silla de jardín atada a 42 globos de helio. Lawrence Richard “Larry” Walters, un camionero con sueños de volar, se convirtió ese día en una leyenda de la aviación no convencional y en protagonista de una de las historias más sorprendentes recogidas por Guinness World Records. Su aventura, que comenzó como un experimento casero, terminó por desafiar las normas, asombrar a las autoridades y dejar un legado que hoy se exhibe en el Smithsonian de Washington D.C.

Walters, conocido como «Lawn Chair Larry» (Larry, el del sillón plegable), fue un camionero estadounidense que en julio de 1982 voló a casi 5000 metros de altura sentado en una silla de jardín de aluminio atada a 42 globos meteorológicos de helio, llevaba botellas de agua como lastre, una radio, un paracaídas y una pistola de aire comprimido para descender. Su vuelo, bautizado como «Inspiration One», despegó de Los Ángeles con la intención de elevarse unos 90 metros, pero la cuerda de seguridad se rompió y subió rápidamente a más de 4.800 metros.

Los globos de Disneylandia: la inspiración

Sí. Todo empezó cuando Larry aún era una criatura. Larry nació en Los Ángeles, California, y desde niño sintió una fascinación especial por el vuelo y los globos. Según relató en una entrevista recogida por el New Yorker y citada por Guinness World Records, su obsesión comenzó a los nueve años, cuando visitó Disney y quedó maravillado ante la visión de una multitud de globos Mickey Mouse. “Cuando vi todos esos globos, pensé: ‘¡Wow! Si tienes suficientes, te van a levantar’”, recordó Walters.

Desde adolescente, Waltersse sintió fascinado por el vuelo, especialmente tras descubrir un globo meteorológico en una tienda militar. Aunque sus problemas de visión frustraron su sueño de ser piloto, no abandonó su pasión por el vuelo. Tras servir en Vietnam como cocinero y trabajar después como camionero, en 1972 tuvo una revelación: “Es ahora o nunca, tengo que hacerlo”. Esto lo impulsó a planificar meticulosamente su famoso vuelo con globos, convencido de su viabilidad.

Todo fríamente calculado

Lejos de tratarse de un acto improvisado, la aventura de Larry Walters requirió una preparación detallada.

Según Guinness World Records, Walters adquirió una silla de jardín “bastante resistente”, una radio (transmisor y receptor) de doble vía, un altímetro, una brújula de mano, una linterna, baterías adicionales, un botiquín médico, una navaja, ocho botellas plásticas de agua para usar como lastre, carne seca, un mapa de carreteras de California, una cámara, dos litros de Coca-Cola y una pistola de aire comprimido destinada a reventar los globos y controlar el descenso.

El artefacto, bautizado como Inspiration I, consistía en una silla de jardín a la que Walters fijó garrafas de agua a los costados y conectó 42 globos meteorológicos llenos de helio, agrupados en cuatro conjuntos. La idea era ascender suavemente soltando las cuerdas que lo mantenían anclado al suelo y, una vez en el aire, descender gradualmente disparando a los globos y liberando el lastre de agua.

La noche anterior al despegue, cuando la policía y los vecinos vieron a Larry y su equipo inflar una enorme cantidad de globos, él simplemente dijo que trabaja en un comercial, aunque una torre de globos de poco más de 45 metros de altura era difícil de ignorar.

Pronto, la gente se reunió para presenciar cómo Larry se subía a su “aeronave”, equipado con un paracaídas y chaleco salvavidas, pero sin cinturón de seguridad. Su plan era ascender hasta unos 90 metros mientras permanecía atado a una soga para explorar la zona, pero la realidad fue otra: el aparato se elevó a una velocidad de casi 300 metros por minuto, lo que rompió la cuerda que lo mantenía anclado. Por radio, Larry escuchaba la voz preocupada de su novia pidiéndole que reventara los globos y descendiera, pero él se sintió libre y decidido a disfrutar de su vuelo, sin intención de bajarse antes de tiempo.

El vuelo

La mañana del 12 de julio, el vecindario observó a Walters emprender un experimento audaz. Sobre una silla atada a globos, su plan era elevarse 90 metros (300 pies), pero ascendió inesperadamente hasta una velocidad de 240 metros por minuto (800 pies por minuto), alcanzando altitudes mucho mayores al romperse su cuerda de seguridad

Mientras subía, ignoró las súplicas por radio de su novia para que descendiera disparando a los globos, explicando: “No iba a discutir con ella… quería disfrutarlo allá arriba”, según Guinness World Records. Desde lo alto, disfrutó vistas espectaculares de la ciudad y el océano, desde el Queen Mary hasta la lejana isla Catalina.

El «asiento del piloto»

Al llegar a los 4.500 metros el aire se enfrió y el oxígeno se redujo. Disparó a siete globos para intentar bajar, pero perdió su pistola por una ráfaga de viento.

Eso sí era un problema. ¿Cómo intentar bajar si no tenía el  control y su ‘nave’ seguía subiendo hasta los 4.876 metros (16.000. La Administración Federal de Aviación (FAA) indicó que, sin haber disparado los globos, podría haber alcanzado peligrosamente 15.000 metros (50.000 pies).

Por fortuna, el helio comenzó a escaparse, permitiendo que Walters descendiera lentamente. Preparado para un aterrizaje incierto, quedó aliviado al no tener que usar su paracaídas.

A unos 4000 metros, Walters logró contactar por radio con un operador de emergencias aéreas, quien, desconcertado, le preguntó repetidamente desde qué aeropuerto había despegado y si realmente estaba volando en una silla atada a globos. Al mismo tiempo, pilotos comerciales informaban a la torre de control sobre la presencia de un objeto inusual en el espacio aéreo.

Mientras descendía, Walters utilizó una navaja para cortar las garrafas de agua y regular la velocidad. “Vi el suelo acercándose, a unos 90 metros, y el agua ya se había acabado. Vi los techos y luego los cables eléctricos”, relató.

La silla pasó sobre la casa de un vecino y quedó suspendida a unos dos metros y medio (ocho pies) bajo los cables de alta tensión. “Si hubiera llegado un poco más alto, la silla habría tocado los cables y podría haberme electrocutado”, admitió.

La FAA, representada por el inspector de seguridad Neal Savoy, declaró: “Sabemos que violó alguna parte de la Ley Federal de Aviación, y tan pronto como decidamos cuál, presentaremos cargos. Si tuviera licencia de piloto, la suspenderíamos, pero no la tiene”.

Fueron 4 mil dólares pero hubo apelación. Finalmente, Walters fue multado con 1500 dólares por operar una aeronave en un área de tráfico aeroportuario sin mantener comunicación con la torre de control.

Triste solitario y final

Después de su famoso vuelo, Walters intentó aprovechar su repentina fama y se convirtió por un breve lapso en orador motivacional, lo que lo llevó a dejar su trabajo como conductor de camiones.

Incluso, apareció en un anuncio impreso de relojes Timex a principios de los 90, pero nunca logró traducir su hazaña en un éxito económico duradero. Con el tiempo, se volcó hacia actividades más tranquilas, ya que realizó trabajos voluntarios para el Servicio Forestal en la sierra de San Gabriel, mientras su vida personal se complicaba.

La relación de más de quince años con su novia terminó, y Larry solo pudo conseguir empleos esporádicos como guardia de seguridad. Lamentablemente, sus dificultades personales y profesionales lo llevaron a un desenlace fatal.

El 6 de octubre de 1993 (apenas once años después de su hazaña), a los 44 años, Walters se quitó la vida con un disparo en el corazón en el bosque nacional de Los Ángeles.

Fuentes: La Nación, Infobae, Museo Smithsonian

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