La paradoja de la escasez, un triunfo político con la economía paralizada y el pragmatismo frente a la pulsión de destrucción: así tituló el analista de Misiones Online (MOL) Rafael Cortés la realidad política económica del país y Misiones.
Gracias al efusivo apoyo de la propia tropa y la aceptación resignada de aliados circunstanciales, el Gobierno nacional logró aprobar en Diputados la reforma laboral, que ya venía con media sanción pero que ahora deberá pasar nuevamente por la Cámara alta porque se eliminó el polémico artículo que recortaba los ingresos de los trabajadores en uso de licencias médicas.
De no mediar imponderables, el nuevo régimen laboral será ley esta semana.
El trámite legislativo confirmó que en el tablero político post elecciones de octubre los partidos políticos tradicionales perdieron relevancia. Lo que alguna vez fue la alianza Cambiemos y los componentes que la integraron están al borde de la extinción, mientras que el peronismo atraviesa un período de balcanización con pronóstico reservado

Los partidos de alcance nacional no contienen, no aglutinan, no convencen y en ese río revuelto son los gobernadores y las fuerzas provinciales quienes terminan definiendo las votaciones.
Por paradójico que suene, la compleja situación de la economía termina operando a favor de los intereses libertarios en la negociación con los jefes territoriales. La crisis del consumo y del empleo registrado se traduce en una caída de la recaudación que impacta de lleno en las arcas de las provincias.
La escasez empuja al pragmatismo y la necesidad siempre tiene cara de hereje. La prioridad principal hoy para gobernadores e intendentes pasa por la propia gobernabilidad. Lo que depende directamente de la disponibilidad de recursos para pagar salarios y sostener los sistemas de educación, salud y seguridad.
n ese contexto, las provincias no tienen mucho margen de negociación frente a un gobierno que apela invariablemente a la ley del garrote y la zanahoria para sumar adhesiones. Incluso legisladores que responden gobernadores peronistas, como los de Salta, Catamarca y Tucumán levantaron sus manos a favor de la reforma.

El entramado de alianzas que logró el Gobierno nacional, que hace bastante tiempo dejó de lado la prédica anticasta para abrazar las más tradicionales prácticas de la rosca política, resultó tan bien diseñado que incluso diputados que votaron en contra del proyecto fueron funcionales a su aprobación dando quorum.
El impulso destructivo
El hartazgo de la política juega en la opinión pública a favor del experimento libertario. Impera en buena parte de la población un impulso destructivo que lleva a mucha gente a apoyar medidas que van en contra de sus propios intereses. La consigna es romper todo para empezar de cero, aunque nadie tenga muy en claro cuándo ni cómo será la supuesta reconstrucción.
El problema es que en esa pulsión destructiva no se miden las consecuencias
En la tribuna opositora impera una lógica parecida: urge una imperiosa necesidad de que el Gobierno nacional fracase lo más pronto posible para evitar males mayores.
Los extremos liberan sus fantasías de destrucción sin notar la relación directa que existe entre la política, las instituciones y las decisiones de los gobiernos y lo que ocurre en la vida cotidiana.
Pero las administraciones provinciales y municipales están obligadas a nadar contra esa corriente, por convicción o por instinto de supervivencia. Por naturaleza, están inclinadas a preservar lo que hay y a intentar construir a partir de esas bases. Para quien es responsable por la gestión de un territorio, el pragmatismo y la racionalidad no son optativos.
Para provincias como Misiones, embarcarse en una gesta contra un Gobierno nacional, al que le quedan por lo menos dos años de mandato, acarrearía consecuencias nefastas no solo para la administración provincial sino fundamentalmente para la gente.

Los programas Ahora, el Boleto Educativo Misionero, la atención en el hospital público y la educación pública están en juego.
La estrategia de mantener tasas de interés reales positivas y una política monetaria contractiva está generando una presión creciente sobre la actividad económica, planteando un escenario donde el éxito financiero de corto plazo podría colisionar con la realidad de la economía real.
El impacto negativo se canaliza a través de tres vías principales:
Enfriamiento del crédito
Caída del consumo
Inversión en pausa
Rafael Cortés
(Esto fue parte de la columna semanal publicada en MOL)







