La firma de la familia Madanes decidió cesar su planta elaboradora de neumáticos y echará a 920 obreros. Dice que les pagará hasta el último centavo. La presión oficial, la competencia china y las movidas sindicales terminaron sacando de quicio al dueño, quien tiene en su cuenta 1500 millones de dólarles
Había empezado en 1940 y su nombre remitía a la sigla Fábrica Argentina de Telas Engomadas. De eso se trataba. El viejo invento de un tal Giovanni Pirelli en Italia (ponerle aire a las ruedas de los autos) ya estaba en marcha y Argentina hacía punta con Ford y Chevrolet, con las primeras fábricas armadoras de Sudamérica. FATE iniciada un largo recorrido que finaliza en 2026 con el cierre de su planta en San Fernando.

La empresa de la familia Madanes Quintanilla, que supo ser el estandarte de la producción de neumáticos en Latinoamérica, claudicó ante una combinación de variables macroeconómicas, conflictos sindicales y una pérdida de competitividad que se volvió irreversible en los últimos dos años.
Fate es conducida por Javier Madanes Quintanilla, uno de los empresarios más poderosos de la Argentina. Según Forbes, su patrimonio personal alcanza los u$s 1.500 millones, que lo ubica en el puesto 18 del ranking de los hombres más ricos del país. Mientras tanto, el patrimonio familiar se estima en u$s 590 millones.
Hasta ahora, el mercado de neumáticos estaba dominado por tres grandes fabricantes que poseen plantas de producción industrial en el país y que no solo abastecen el consumo interno, sino que también exportan gran parte de su producción.

La más importante era, precisamente Fate, la única empresa de capitales 100% argentinos en este rubro y la líder en exportación y con una capacidad de producción superior a los cinco millones de neumáticos al año.
La empresa fabricaba neumáticos para automóviles, camionetas, camiones, ómnibus y maquinaria agrícola, tenía una alianza tecnológica con Continental y líneas de diseño exclusivas como la gama Pininfarina.
La segunda en importancia es Bridgestone Argentina, subsidiaria de la corporación japonesa Bridgestone, que también opera bajo la marca Firestone.
En tanto, la tercera es Pirelli Argentina, subsidiaria del grupo italiano que opera una planta en la localidad bonaerense de Merlo.
También el Grupo Corven que, aunque históricamente se dedicó a amortiguadores y autopartes, recientemente ha incursionado en el mercado de neumáticos (Corven Neumáticos), pero a partir de distribución y alianzas internacionales.
Por su parte, Michelin y Goodyear tienen una presencia comercial y de servicios muy fuerte en todo el país, pero no fabrican actualmente en Argentina y sus productos son importados (principalmente de sus plantas en Brasil).

Paren todo
El Gobierno nacional decidió intervenir: el ministerio de Trabajo ordenó la conciliación obligatoria. Pero lo único que logra es retrasar el pago de las indemnizaciones. Desde el Ministerio sostienen que la conciliación «anula los despidos» por 15 ó 20 días, según se prorrogue o no, y obliga a retrotraer la situación al momento previo al conflicto, aunque no impone la reincorporación efectiva.
La medida, admiten en despachos oficiales, fue también una devolución de gentilezas. En la Casa Rosada el malestar con Javier Madanes Quintanilla es inocultable y desde hace bastante tiempo. Lo colocan en un pie de igualdad con Paolo Rocca, el dueño de Techint, a quien Javier Milei apodó con ironía «Don Chatarrín de los tubos caros» tras perder la licitación del gasoducto Vaca Muerta–Río Negro frente a la india Welspum.
Milei, fiel a su estilo, retuiteó en X a varios usuarios, en especial al libertario Felipe Núñez, quien comentó un video en el que Madanes criticaba la política industrial del Gobierno y advertía que la producción había caído más del 50%, que se habían sobrestockeado por temor a una crisis y que la situación era asfixiante para la industria y las PyMEs.
La respuesta fue fulminante. Núñez escribió: «Traduzco a Madanes: nos sobrestockeamos pensando que la economía se iba al demonio, pero como eso no pasó, ahora hay que reclamar y atacar porque así no se puede. Es decir, según este empresario, la culpa fue nuestra por haber evitado una crisis que él y muchos otros pensaron inevitable».
La ofensiva digital dejó en claro que el conflicto ya no es solo laboral, sino ideológico.
Un rebote interesante en redes se dio entre los economistas Florencia Arrieto y Roberto Cachanosky. Por un lado, la senadora bonaerense por La Libertad Avanza (LLA), Florencia Arietto, apuntó contra el cierre de la planta fabril de San Fernando. En un posteo de su cuenta de X, sostuvo que «deja a familias sin ingresos para apretar al gobierno. Estos son los empresarios que no podemos seguir justificando. Más allá de los zurdos impresentables del sindicato».
Y Cachanosky recogió el convite: «si vos considerás que es una extorsión y es buen negocio producir neumáticos, conseguí capital, comprá la fábrica y ponete al frente. O querés hacer beneficencia con la plata ajena? En segundo lugar, jamás formaría parte de un gobierno intervencionista como este, que lo único que sabe hacer es armar timba financiera al estilo tablita cambiaria«.

El problema local
Uno de los mayores lastres financieros fue la brecha de competitividad. Producir un neumático en Argentina llegó a ser, según auditorías internas de la propia empresa, un 25% más caro que en Brasil y hasta un 50% más costoso que en las plantas de última generación en el sudeste asiático. Esta diferencia no se explicaba solo por los salarios, sino por una carga tributaria «en cascada» y costos logísticos que Fate debía absorber para intentar mantener sus contratos con las terminales automotrices locales.
El dato es avalado por misioneros que cruzan a Paraguay y adquieren los neumáticos Fate mucho más baratos en Encarnación de lo que cuestan en el país. La explicación es sencilla: la carga tributaria y laboral por cada goma fabricada no se exporta. Pero se paga en el territorio nacional. Y así se produce este diferencial.
Más allá del enojo que producían los gremialistas con sus cortes y piquetes hay datos concretos. La relación con el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA) un gremio de conducción trotskista liderado por la agrupación de izquierda «Lista Negra» (parte del PO/trotskismo) también jugó un rol financiero determinante.
Los conflictos de 2022 y 2023, que incluyeron bloqueos y paros prolongados, no solo frenaron la facturación, sino que dañaron la reputación de Fate como proveedor confiable. La pérdida de contratos de equipo original con marcas como Ford o Volkswagen obligó a la empresa a volcarse a un mercado de reposición interno que, para 2024, ya estaba empezando a ser inundado por productos importados a precios de remate.
Durante el transcurso de 2025, la situación financiera pasó de «delicada» a «terminal». Con una inflación que no cedía en los insumos dolarizados (como el caucho natural y el acero) y un mercado interno en franca recesión, las ventas de Fate se desplomaron. La empresa comenzó a operar al 30% de su capacidad instalada, un nivel que técnicamente significa «quemar caja» todos los meses. Cada neumático que salía de la línea de montaje en San Fernando representaba una pérdida neta para la compañía.
La salida de Fate genera un vacío de oferta nacional que será cubierto casi de inmediato por la importación. Para los analistas, el caso de Fate es el «canario en la mina» de la industria pesada argentina (bajaban pájaros a las minas y cuando el gas grisú se disparaba eran los primeros en morir y avisar que empezaba el desastre): una estructura de costos del siglo XX intentando sobrevivir en un esquema de apertura total del siglo XXI.
Fuentes: iProfesional, Clarin y BaeNegocios







