Tras medio siglo Estados Unidos vuelve a la Luna. Aún sin bajar a su superficie dejará todo listo para las futuras misiones. El notable logro de 1972. Como nuestro país a través de la CONAE (la Nasa argentina) logró incorporar un pequeño satélite al viaje: hay un obereño involucrado y solo tres naciones más lo lograron
Eran las 19.35 en la Argentina del miércoles 1 de abril, cuando la NASA concretó un lanzamiento de la primera tripulación de astronautas hacia la Luna en 53 años en la misión Artemis II, que tiene como objetivo transportarlos alrededor de la cara oculta del satélite natural por primera vez desde la era Apolo. Sujeta a la nave principal, viaja un pequeño satélite cuadrado como una caja de electrodomésticos. Es un aparato concebido y desarrollado por mentes argentinas (y entre ellas, un obereño). El convenio entre la Nasa y su equivalente argentino permitió este logro.
Así, los cuatro astronautas -tres norteamericanos y uno canadiense- viajaron a bordo de la cápsula Orion y del cohete Space Launch System para una misión de prueba de diez días alrededor de la Luna y de regreso a la Tierra, que marcará la primera vez en más de medio siglo que seres humanos abandonen la órbita terrestre baja. Hace medio siglo, definitivamente, el mundo era otro: existía la Unión Soviética que competía con Estados Unidos en un mundo bipolar. Y la carrera aeroespacial era parte de esa competencia. Hoy, a la vieja URSS devenida simplemente Rusia le interesan lugares más cercanos como Ucrania y no tanto el espacio interestelar.
“Tenemos una hermosa salida a la Luna y nos dirigimos directamente hacia ella”, dijo Reid Wiseman, comandante de la misión, desde la nave espacial mientras ascendía sobre el cohete. Los astronautas orbitarán la Tierra durante unas 25 horas antes de impulsarse hacia la Luna.
La Nasa informó carias horas después que Orion “se separó con éxito de la etapa superior del cohete” y que la prueba de “operaciones de proximidad” está en marcha. “Los astronautas de Artemis II están pilotando manualmente Orion de forma similar a como lo harían si se acoplaran con otra nave espacial”, señaló la agencia en su cuenta de X.
En caso de que todo se desarrolle de acuerdo a los planes de la NASA, la misión batirá el récord del Apolo 13 en cuanto a la distancia máxima recorrida por humanos en el espacio y sentará las bases para un futuro alunizaje y la exploración del espacio profundo.
Con la misión Artemis II, el gobierno de Donald Trump busca reafirmar su liderazgo en el espacio frente al creciente desafío que han planteado los avances del programa lunar de China, de momento con misiones no tripuladas.
Pocas horas antes del despegue, el presidente norteamericano había celebrado la misión con un mensaje enfático en su red Truth Social, en el que vinculó el hito espacial con el liderazgo global del país. Y por la noche, al iniciar su mensaje a la nación sobre la guerra en Medio Oriente, felicitó al equipo de la NASA y a los “valientes astronautas por el exitoso lanzamiento”.
“Esta noche, por primera vez en más de 50 años, ¡Estados Unidos regresa a la Luna! Artemis II, uno de los cohetes más potentes jamás construidos, lanzará a nuestros valientes astronautas al espacio profundo, más lejos de lo que ningún ser humano ha llegado jamás”, escribió el líder republicano.
¿Qué sabemos sobre el cohete y los astronautas?
La NASA dirigió el diseño del cohete Space Launch System y de la cápsula Orión, y contrató a las empresas privadas SpaceX y Blue Origin para que proporcionaran los módulos de aterrizaje lunar para las futuras misiones Artemis.
En el vuelo de prueba Artemis II de la NASA, los astronautas se pondrán a los mandos de la nave espacial Orión y la pilotarán manualmente de forma periódica durante el vuelo alrededor de la Luna y el regreso.
En el mismo mensaje, Trump amplió el alcance de su discurso al plano geopolítico. “Estamos ganando: en el espacio, en la Tierra y en todas partes, económica, militarmente y ahora, más allá de las estrellas”, escribió, en una presunta alusión a la operación militar en curso contra el régimen de Irán. “Nadie puede competir! Estados Unidos no solo compite, domina, y el mundo entero nos observa”, añadió.
Wiseman comanda la misión, que cuenta con Victor Glover como piloto y Christina Koch y Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial de Canadá, como especialistas. La tripulación, anunciada en 2023, incluye a la primera mujer, el primer afroamericano (Glover) y el primer canadiense en una misión lunar.
El lanzamiento de Artemis II marcó un hito arriesgado, costoso y técnicamente desafiante para la NASA: la reapertura formal de la ambición humana de explorar el espacio profundo. La misión es el primer vuelo de prueba tripulado del programa Artemis de la NASA, el principal esfuerzo de Estados Unidos para comenzar vuelos regulares a la Luna, con un presupuesto estimado de 93.000 millones de dólares desde 2012.
Los cuatro tripulantes se convertirán en los primeros humanos en alcanzar la órbita de la Luna desde 1972, cuando la misión Apolo 17 abandonó el satélite natural. Desde esa misión, ningún ser humano volvió a pisar la superficie lunar, una hazaña compleja que la NASA pretende repetir con el Artemis IV en 2028 en el accidentado polo sur del satélite natural.
El lanzamiento de Artemis II marcó un hito arriesgado, costoso y técnicamente desafiante para la NASA: la reapertura formal de la ambición humana de explorar el espacio profundo. La misión es el primer vuelo de prueba tripulado del programa Artemis de la NASA, el principal esfuerzo de Estados Unidos para comenzar vuelos regulares a la Luna, con un presupuesto estimado de 93.000 millones de dólares desde 2012.
Los cuatro tripulantes se convertirán en los primeros humanos en alcanzar la órbita de la Luna desde 1972, cuando la misión Apolo 17 abandonó el satélite natural. Desde esa misión, ningún ser humano volvió a pisar la superficie lunar, una hazaña compleja que la NASA pretende repetir con el Artemis IV en 2028 en el accidentado polo sur del satélite natural.
Por qué los astronautas de Artemis II no pisarán la luna
«Hoy en día tu teléfono móvil tiene más potencia computacional que toda la NASA en 1969, cuando envió a dos astronautas a la Luna» por primera vez.
La frase del famoso físico y divulgador científico Michio Kaku puede ser matizada e incluso refutada según cómo midamos dicha «potencia computacional».
Lo que es innegable es que la tecnología ha evolucionado de forma exponencial desde que Neil Armstrong dio su «pequeño paso para el hombre» durante la misión Apolo 11 en 1969.
De hecho, un total de 24 astronautas de la NASA viajaron a la Luna en las misiones Apolo. Sin embargo, desde 1972 nadie pisa nuestro satélite natural.
Y, por ahora, nadie volverá a hacerlo.
Es difícil explicar la enorme hazaña que implicó la llegada del ser humano a la Luna.
Hasta las palabras «enorme» y «hazaña» se quedan cortas.
Quizás la mejor forma de darle dimensión sea la frase que afirma que Neil Armstrong es una de las pocas personas del siglo XX que todavía será recordada en el siglo XXX.
Pero incluso así se estaría minimizando el trabajo e intelecto de miles de personas que permitieron que Armstrong y Edwin «Buzz» Aldrin pisaran la luna el 20 de julio de 1969, una fecha marcada en la memoria de todos los que vivían en aquel entonces.
Y si bien la llegada a la Luna fue un hito científico y tecnológico, detrás de su costosa financiación existían motivos políticos y propagandísticos.
Mucho antes aún, tienen que volver a pisar la Luna.
Según Morelle, el plazo de 2028 es «ambicioso»: «Es necesario seleccionar, construir y probar un módulo de aterrizaje, y existen retrasos en el traje espacial que usarán los futuros astronautas que caminen sobre la Luna».
El obereño en la misión lunar
Dentro del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS), el megacohete encargado de llevar a los cuatro astronautas hacia la órbita lunar, también viajaron cuatro microsatélites que fueron liberados en el espacio. Uno de ellos fue construido íntegramente en Argentina. Y uno de los participantes es el ingeniero en sistemas Luis López oriundo de Oberá
Atenea, como se llama el dispositivo sudamericano, tiene entre sus objetivos probar distintos métodos de blindaje contra la radiación, uno de los principales desafíos de los viajes espaciales tripulados.
Una de las misiones de Atenea será medir los niveles de radiación desde órbita baja hasta el espacio profundo y lograr enviar estas lecturas a unos 70.000 kilómetros de distancia hasta las estaciones terrenas que la CONAE tiene en Tierra del Fuego y en Córdoba.
Pero no será su única tarea.
En la página de internet de la agencia espacial argentina se leen otros objetivos del dispositivo como evaluar el comportamiento de componentes electrónicos «en condiciones extremas» y «analizar señales de navegación (GPS, GLONASS y Galileo) a altitudes superiores a sus constelaciones».
Lo mismo que «validar enlaces de comunicación de largo alcance; y evaluar sensores de muy baja luminosidad y sistemas de medición de radiación».
Para asegurarse que Atenea cumpla con sus objetivos, sus diseñadores realizaron numerosas pruebas a todos sus componentes.
«Hicimos ensayos de vibración, de vacío, pero también hicimos ensayos de comunicación, ensayos de qué pasa si pierdo un paquete de datos, si puedo reconstruir el mensaje», explicó a la cadena estadounidense CNN en Español Gabriel Sanca, docente e investigador de la Universidad de San Martín, una de las instituciones que desarrolló el microsatélite.
Conociendo el ingenio austral
Atenea es un CubeSat 12U, es decir un satélite de pequeño tamaño y con forma de cubo.
El aparato argentino, bautizado en honor a «la diosa (griega) de la sabiduría, la estrategia militar y la justicia», tiene unas dimensiones aproximadas de 30x20x20 centímetros y un peso de unos 15 kilos aproximadamente, se lee en el sitio web de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE).
Pese a su pequeño tamaño, los CubeSat son potentes y capaces «de realizar experimentos científicos que pueden mejorar la comprensión del entorno espacial», se asegura en un artículo publicado por la NASA.
Atenea fue el resultado del trabajo conjunto de expertos y científicos de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA), el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la empresa VENG SA, según informó la CONAE.
«Nos llena de orgullo que Argentina haya sido el único país de América Latina invitado por la NASA a integrar una carga secundaria en esta misión», expresó semanas atrás Dario Genua, secretario argentino de Innovación, Ciencia y Tecnología.
El funcionario recordó que junto a Atenea fueron lanzados dispositivos de Alemania, Arabia Saudita y Corea del Sur.
El microsatélite argentino formó parte de la llamada carga secundaria o payload, espacios que quedan libres en el cohete que se lanza y donde se ubican los desarrollos de los países invitados, pero que no tienen relación directa con la misión de la NASA.
El despliegue de Atenea estaba previsto que unas ocho horas después del lanzamiento de Artemis II desde Cabo Cañaveral, en Florida, EE.UU.
Una vez liberado en el espacio, el microsatélite debía ejecutar una secuencia autónoma de activación y verificación de subsistemas.
Acto seguido, debía estabilizar su orientación y comenzar a transmitir telemetría (estado de salud general) hacia las estaciones terrenas en Tolhuin (Tierra del Fuego) y en Córdoba.
Y, por último, comenzaría la comunicación más lejana lograda hasta el momento por un microsatélite argentino, según el cronograma de la CONAE.
Hasta ahora, todo parece marchar según lo previsto. El microsatélite ya ha enviado señales a la Tierra, aseguró el gobierno argentino.
«Las estaciones terrenas (…) recepcionaron con éxito las señales y datos de telemetría del microsatélite Atenea, marcando un hito en materia espacial de la República Argentina», se lee en el comunicado emitido por la oficina del presidente Javier Milei.
La participación argentina en la misión Artemis II no debería sorprender, pues desde hace más de tres décadas la CONAE y la NASA han venido colaborando.
«Argentina, a diferencia de los demás países de América Latina, tiene trayectoria trabajando con la NASA. Se ha trabajado mucho con ellos, la CONAE creció aprendiendo de ellos, se hicieron varios satélites en cooperación con la NASA», explicó Juan Pablo Cuesta, uno de los líderes del proyecto Atenea a CNN en español.
«Y en 2023 también se firmaron los acuerdos Artemisa, que promueve EE.UU. (y que establecen principios de cooperación para futuras misiones espaciales de exploración y explotación civil con fines pacíficos)», agregó.
El experto admitió el trabajo fue arduo.
«Había que avanzar muy, muy rápido (debido al cronograma de la NASA) y también cumplir requisitos muy estrictos de seguridad, dos cosas que eran difíciles llevarlas a cabo en simultáneo», agregó.
Aunque el gobierno argentino ha sido muy cuestionado internamente por la falta de financiamiento a la investigación y a la educación pública que -entre otros logros- ha creado este microsatélite, el presidente Milei aprovechó el hito para asegurar que forma parte de la transformación que vive el país.
«Hace medio siglo, el mundo se paralizó para ver al hombre llegar a la Luna. En aquel entonces, los argentinos lo seguíamos por radio o en televisores blanco y negro. Éramos, simplemente, espectadores», se lee en el comunicado de Milei.
«Hoy, la historia nos encuentra siendo parte en primera persona del programa Artemis de la NASA, con un microsatélite que integra una de las misiones más ambiciosas de la era moderna», remató el mandatario.
Agregado final imperdible:
Hasta Quino con su inefable Mafalda se ocupó de la cara oculta de la luna,
Miguelito: ¿La Tierra gira alrededor de la Luna? ¿La luna alrededor de la Tierra? ¿Cómo es posible que a la Luna le veamos siempre la misma cara?
Susanita: La cosa es así, Miguelito, suponé que nosotros somos la Tierra y Manolito la Luna.
Mafalda: A ver, Manolito, girá alrededor de ellos mirándolos.
Susanita: Así, muy bien, ¿Ves? Nosotros giramos aquí y la Luna alrededor nuestro.
Susanita: … Mostrándonos siempre la misma cara de bestia, ¿Ves?
















