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viernes, agosto 28, 2026

No ser Gilgamesh: cuántos años quieren vivir los argentinos

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Una encuesta de la UBA a más de 1800 personas analizó cómo imaginan los argentinos el envejecimiento, la muerte y la posibilidad de vivir más años. Y la sorpresa es que una gran mayoría acepta que su vida tenga un fin que puede oscilar entre 87 y 91 años según el sexo. Las historias de Pedro de Mendoza, Gilgamesh y los Highlanders

Cuántas películas donde los protagonistas buscan la fuente de la eternidad. Ese elixir que les dará la inmortalidad, aburrida tal vez, pero sin morirse. Dicen que Pedro de Mendoza se animó a cruzar el océano en una carabela y fundar Santa María del Buen Ayre sólo para eso… Otros, maliciosos, aseguran que simplemente venía a buscar una supuesta cura para su sífilis con la que cargaba (y de paso, contagiar a las pobres nativas de la región). Dicen. Cuatrocientos años después, dos de cada tres personas prefieren establecer una edad para el final de su vida, según una encuesta de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Entre quienes eligieron una cifra, el promedio fue de 88 años y medio. Solo uno de cada seis optó por la posibilidad de vivir para siempre.

El poema de Gilgamesh hizo famoso a Robin Wood, el historietista paraguayo (foto arriba) que se hizo famoso en Argentina. ¿De qué iba? De un hombre un tercio humano, dos tercios divino que cuando su amigo fallece toma conciencia de su propia finitud y empieza a buscar -desesperado- la inmortalidad.

La diferencia entre varones y mujeres también aparece desde el comienzo de la investigación de la UBA. Los hombres ubicaron el límite cerca de los 91 años, mientras que las mujeres lo situaron alrededor de los 87. Esa distancia vuelve a aparecer en distintas preguntas del estudio, que buscó conocer qué lugar ocupan la longevidad, la ciencia y la muerte en las expectativas de los argentinos.

Más interesante es la historia de los ‘highlanders’, esos habitantes de las tierras altas de Escocia (img arriba), que llevan una vida normal, hasta que mueren en forma violenta (en una pelea, por caso) y ahí resucitan como inmortales. Solo podrán morir definitivamente cuando alguien de su condición les corte el pescuezo. Duro, como las vidas de los escoceses.

“Morir forma parte de la vida”

La posibilidad de detener el envejecimiento plantea un escenario que todavía pertenece a la ciencia ficción, pero que los investigadores llevaron a la encuesta para conocer qué harían los argentinos si algún día se convirtiera en una opción concreta señaló un reporte de BAE Negocios.

Ante la posibilidad de acceder a un tratamiento que frenara el paso del tiempo para siempre, el rechazo fue mayor que la aceptación y una proporción importante de los participantes no supo qué responder. Algo similar ocurrió cuando imaginaron una sociedad en la que las personas pudieran vivir hasta los 150 años: las opiniones quedaron repartidas entre el entusiasmo, la indiferencia y el rechazo.

Las razones para rechazar una vida eterna resultan más terrenales de lo que podría suponerse. La mitad de los encuestados considera que la muerte forma parte de la vida, mientras que uno de cada cuatro menciona el aburrimiento como uno de los motivos para no querer una existencia sin final. Las convicciones religiosas, en cambio, casi no aparecen entre las principales explicaciones.

Quienes sí aceptarían vivir para siempre señalan principalmente dos razones: quieren seguir disfrutando de la vida y terminar proyectos que todavía tienen pendientes. Sin embargo, el análisis de los investigadores encontró una relación estadística que agrega otra dimensión a esas respuestas: el miedo a la muerte es el factor que más se vincula con el deseo de vivir más tiempo.

Los hombres se entusiasman más con la longevidad

La encuesta también encontró diferencias de género cuando las preguntas dejaron de ser hipotéticas y se concentraron en tratamientos capaces de modificar el envejecimiento.

Si existiera un tratamiento seguro para recuperar el cuerpo de los 30 años, más de la mitad de los varones estaría dispuesto a aceptarlo, mientras que entre las mujeres la proporción sería menor. Además, entre quienes aceptarían ese tratamiento, los hombres muestran una mayor predisposición a repetirlo todas las veces que fuera necesario.

Las mujeres aparecen con más reparos y con mayores exigencias relacionadas con los vínculos y las condiciones en las que tendría sentido prolongar la vida. Esa diferencia también se refleja en un puntaje elaborado por los investigadores para medir la apertura hacia distintas posibilidades relacionadas con la longevidad: los varones obtuvieron valores superiores a las mujeres.

La encuesta, sin embargo, muestra que el interés por vivir más no está asociado solamente con conservar una apariencia joven.

La mayoría quiere conservar la memoria y la lucidez

Cuando los participantes tuvieron que elegir qué parte de la juventud les gustaría conservar, la respuesta estuvo lejos de concentrarse en la apariencia física. La memoria y la lucidez fueron las características más elegidas, seguidas por la capacidad de moverse y mantener la energía.

La posibilidad de conservar un rostro joven quedó mucho más atrás. El dato sugiere que, para los encuestados, el valor de la juventud está más relacionado con la autonomía y la capacidad de seguir pensando con claridad que con la apariencia.


Fuente BAE Negocios

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