Tenía 63 años, nada de plata, un caballo viejo y dos años de vida. Así que cruzó Estados Unidos montada en ‘Tarzán’ para ver el océano del otro lado del país antes de morir. La historia de Annie Wilkins es inspiradora
Tiene 63, está sola y el banco le dijo que le va a sacar la propiedad rural que tenían con su marido fallecido recientemente. Y para completar, el médico le avisa (sin anestesia) que la enfermedad que tiene le dará el changüí de dos años de vida, como mucho.
Esta es la increíble historia de Annie Wilkins, una mujer de 63 años que en 1954 decidió emprender un viaje épico a caballo desde Maine hasta California, con el objetivo de ver el Océano Pacífico antes de morir. Annie había perdido su granja, no tenía dinero ni familia, y su médico le había dado solo dos años de vida.
El médico habló pausado. El consejo fue claro y práctico. Que se mudara a la residencia de ancianos del condado. Que descansara. Que esperara.
Annie escuchó. Y luego hizo exactamente lo contrario.
Porque había una cosa que no había hecho nunca en su vida.
Ver el océano Pacífico.
De alguna manera recuerda a una canción de Mario Boffil cuando su padre le dice que antes de morir le gustaría ver las Cataratas del Iguazú y el lugar de nacimiento de José de San Martín en Yapeyú.
Así que vendió lo poco que tenía, compró un caballo viejo y castrado de color marrón llamado Tarzán, tomó a su perro Hurry Up, se puso un mono de trabajo masculino, y a mediados de noviembre de 1954 salió de su encrucijada rural… hacia el sur.
¿A caballo? Sì. Ella es chacarera y conoce las labores del campo. Sabe qué es un caballo y es todo lo que puede adquirir.
Montada en su caballo Tarzan y acompañada por su fiel perro Depeche Toi, Annie recorrió más de 6 mil kilómetros desde Maine hasta California. Su travesía, que duró cerca de dos años, fue un testimonio de su determinación y su espíritu libre. En un mundo donde los automóviles dominaban las carreteras, esta mujer demostró que la valentía y el deseo de vivir intensamente podían superar cualquier barrera.
Alerta spoiler: Annie no murió luego de llegar, ni siquiera enseguida. Sobrevivió un cuarto de siglo más, pese a la predicción de su médico.
Así las cosas, Annie se negó a rendirse y decidió emprender este viaje con su caballo Tarzan y su perro Depeche Toi. Recorrió más de 6400 kilómetros; enfrentó desafíos como tormentas de nieve, ríos crecidos y carreteras peligrosas. A lo largo del camino, conoció a personas increíbles que la ayudaron y se convirtieron en parte de su historia.
Así que vendió lo poco que tenía, compró un caballo viejo y castrado de color marrón llamado Tarzán, tomó a su perro , se puso un enterizo de trabajo masculino, y a mediados de noviembre de 1954 salió de su encrucijada rural… hacia el sur y hacia el oeste. Siempre el oeste. Tenía que ver el Pacífico que moja las costas occidentales de su inmenso país.
Al mejor estilo de Forrest Gump, su andar fue llamando la atención y cada vez más gente se unía a su epopeya.
Annie se convirtió en una celebridad en su época, aparecía en periódicos y programas de televisión. Su viaje fue un símbolo de esperanza y determinación en una época de cambios sociales y tecnológicos.

No tenía mapa. No tenía ruta. No tenía plan.
Solo tenía una idea: avanzar.
Y una fe muy simple: que la gente, en el fondo, era buena.
Annie no cruzó un país de postales.
Cruzó un país en transición.

La década de los años 50 del siglo XX fue una de las mejores de Estados Unidos. Finalizada la II Guerra Mundial, la gente recuperó el dinero que había invertido en bonos para la contienda y el consumo se disparó a niveles nunca antes vistos mientras la industria y el comercio ofrecían cada vez más gadgets y electrodomésticos, así como autos por doquier. La gente solo tenía que salir a consumir lo que su país tenía para ofrecerle. Pero también Estados Unidos estaba llenándose de autopistas. Los coches pasaban cada vez más rápidos. Los pueblos pequeños se vaciaban. Las puertas empezaban a cerrarse con llave. La televisión empezaba a entrar en todas las casas. Las despensas desaparecían y surgían esos monstruos llamados supermercados. Los bazares daban paso a los shopping center.
Y ese país fue el cabalgado a lomo de Tarzán por Annie Wilkins.
Durante dos años, Annie transitó más de 6000 kilómetros.
Atravesó tormentas de nieve. Vadearon ríos. Cruzaron montañas.
Durmieron en graneros, cunetas, patios traseros y estaciones de servicio.
Se aferraba a las calzadas estrechas mientras los coches pasaban zumbando a centímetros de Tarzán.
A veces no sabía dónde estaba. A veces no sabía quién la ayudaría. Pero siempre aparecía alguien.

Una familia que le ofrecía comida. Un granjero que le prestaba un establo.
Un mecánico que herraba a Tarzán sin cobrarle. Una mujer que le daba una manta.
La gente veía a Annie… y decidía ser mejor. En el camino conoció a artistas como Andrew Wyeth, que dibujó a Tarzán. Apareció en programas de televisión con Art Linkletter y Groucho Marx. Le ofrecieron trabajo, casas, ¡hasta casamiento!
Rechazó todo.
No porque no lo necesitara. Sino porque todavía no había llegado al océano.
Y entonces, un día, después de dos años de polvo, frío, cansancio y amabilidad… llegó.
Annie Wilkins vio el Pacífico.
No como turista. No como triunfadora. Sino como alguien que había decidido que su vida no terminaría esperando.
La mujer a la que le habían dado dos años de vida vivió muchos más. Escribió un libro. Contó su historia. Y dejó algo que no se mide en kilómetros sino en permiso:

El permiso de no rendirse cuando el mundo te ofrece solo una silla para sentarte a esperar.
A veces no hacen falta fuerzas. NI juventud. Ni dinero.
A veces solo se necesita decidir que todavía no ha terminado lo que hay para dar.
Y dar el primer paso.
Aunque sea con un caballo viejo, un perro fiel y una idea imposible.
Después de su viaje, Annie regresó a Maine y vivió 24 años más, y dio por caídas las predicciones de su médico. Su historia ha sido contada en libros y documentales e inspiró a generaciones aun hoy en día
Fuentes: infomercury.com.ar, Wiki, Reddit











