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jueves, febrero 12, 2026

La felino grande pasó por aquí

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En Puerto Iguazú las huellas fueron evidencia del andar del gran gato sudamericano. Una hembra con sus dos cachorros. La forma en que se aparean y luego cómo la hembra se encarga del cuidado de las crías

Los guardias estaban en las orillas del río Iguazú. Y las huellas no dejaban lugar a dudas: observaron no sin asombro una yaguareté con dos crías en el Parque Nacional Iguazú.  El registro se produjo entre el 29 y el 31 de enero y fue debidamente georreferenciado y documentado para su incorporación al sistema oficial de biodiversidad.

El hallazgo se concretó durante una patrulla náutica de control y vigilancia realizada el pasado 31 de enero, alrededor de las 10:30, mientras el personal recorría el área en tareas preventivas contra la caza y la pesca furtiva. El avistaje ocurrió durante el regreso de un extenso recorrido de más de 45 kilómetros, cuando los guardaparques detectaron la presencia del felino y sus crías sobre la costa del río.

Ante la situación, el equipo desembarcó para documentar el hecho, registrando el punto GPS exacto y tomando fotografías de las huellas y del entorno. El material recolectado será incorporado al Sistema de Información de Biodiversidad de la Administración de Parques Nacionales, aportando datos clave sobre la distribución y dinámica poblacional de la especie.

La presencia de una hembra con crías representa uno de los indicadores más relevantes de la salud del ecosistema, ya que confirma que el ambiente ofrece condiciones adecuadas para la reproducción del principal depredador de la región. Este tipo de registros evidencia la disponibilidad de territorio, presas y un entorno con niveles de protección efectivos frente a las amenazas humanas.

Durante el período de celo, suele escucharse de noche los fuertes rugidos de estos felinos: de las hembras llamando a los machos y de éstos respondiéndoles. Los machos se traban en furiosas peleas y la cópula se realiza también entre fuertes y permanentes gritos, al parecer luego de una larga resistencia por parte de la hembra.

Esto ocurre de forma similar con los gatos domésticos de las ciudades: se los suele ver por los techos mientras buscan alguna hembra en celo. Una vez hecho el contacto, el encuentro puede tornarse violento, con gritos, arañazos y golpes. Pero es parte del ritual de apareamiento.

(Vale aquí recordar una frase referida al tema del ex presidente Juan Domingo Perón: “Los peronistas somos como los gatos: parece que nos peleamos pero en realidad nos estamos reproduciendo”).

La pareja se separa después de la cópula y, tras una gestación de 90 a 110 días la hembra busca una guarida donde dará a luz dos o tres cachorros, que pesan entre 600 y 900 gramos y mantienen los ojos cerrados hasta las dos semanas de vida. 

El yaguareté es una especie emblemática de la selva misionera y se encuentra clasificada en peligro de extinción. Cada nuevo registro reproductivo constituye un avance significativo en las estrategias de conservación y un respaldo al trabajo sostenido de control, monitoreo y protección que se desarrolla en los parques nacionales de la provincia.

La madre es quien se ocupa de la crianza y se vuelve más agresiva para defender a sus cachorros. Durante los primeros días no se aleja mucho de sus hijos y, si no cree que estén seguros, las transporta con su boca hasta otro escondrijo. Durante este período la hembra restringe su área de movimiento y su territorio se achica temporalmente.

Aproximadamente a los dos meses y medio, los cachorros empiezan a comer carne, a los tres dejan de mamar alimentándose exclusivamente de carne mientras que a los seis meses (a veces antes) abandonan su escondrijo para acompañar a su madre en sus salidas de caza.

Finalmente, a los dos años de edad la madre los abandona para que comiencen una vida independiente: deberán encontrar y ganarse su propio territorio.

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