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domingo, enero 25, 2026

La monja de las personas trans

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Se llama Mónica Astorga. Es una monja porteña de la congregación Carmelita Descalza. Y fue obligada a renunciar a sus hábitos. Desde Neuquén fue recibiendo a personas del colectivo. Les dio cobijo, les construyó albergues y las acompañó hasta su final en muchos casos, de tan enfermas que estaban. Pero, la cuestionaron y la llegaron a acusar de “endemoniada”. Así tuvo que dejar la Congregación

Era julio de 2006 y una persona se acercó a la parroquia en Neuquén. Era una persona transgénero, que pedía ayuda en la parroquia donde la entonces monja carmelita descalza Mónica Astorga trabajaba. El sacerdote le solicitó que la religiosa la atendiera.

«‘Mónica, ¿no querés hablar vos? Porque sos más joven, quizás la puedes acompañar mejor'», le dijeron.

Y la hermana Mónica fue. Romina le pedía ayuda.

«Era la primera vez que me encontraba con una trans», recordó Astorga, quien le pidió a Romina que le contara sobre su vida.

«Soy ignorante en el tema y no quiero lastimarte con mi ignorancia. Entonces, contame, ¿cómo es? ¿Cuándo te sentiste mujer? ¿Cuándo fue tu cambio? ¿Cómo lo viviste?», le dijo, y la invitó a que trajera a sus amigas.

A los días, cuatro trans que se dedicaban al trabajo sexual estaban en el convento, aunque llenas de escepticismo.

«‘¿Y vos qué podrás a hacer? Hemos golpeado todas las puertas, nadie nos ayudó. Metida en un convento, ¿qué podés hacer por nosotras?'», le espetó una, recordó Astorga.

La entonces monja no se amilanó y recordó lo que su madre le inculcó de pequeña.

«Ella me decía: ‘La persona que golpee la puerta pidiendo, aunque sea una naranja, que es lo único que tenemos, se la damos'», recordó durante la entrevista, en la que admitió que su infancia fue difícil.

Su voz tiene la mezcla justa de ternura y firmeza. Con sus palabras increpa, incomoda, hasta fastidia sin perder jamás la serenidad, ni acudir a tonos altos. Para muchos, la hermana Mónica suena como el canto tan dulzón como peligroso de las sirenas. Así la describe Mariana Fernández Camacho en Infobae.

Después de formar un grupo de trans y lograr que se reunieran con frecuencia, Astorga comenzó a indagar en sus sueños, aspiraciones y, sobre todo, sus necesidades.

Por ejemplo, Kathy le dijo: «Quiero una cama limpia donde morir. Porque no sé si esta noche cuando salgo me matan o termino internada en una cama que ni las sábanas nos cambian», contó Astorga. Muchas de las integrantes del grupo eran portadoras del VIH.

Tras pedirle autorización a su superiora y hablar con miembros de su comunidad, Astorga acudió al obispo para pedirle un lugar donde poder albergar a las mujeres.

«Me dijo: ‘Hay una (casa), pero está totalmente destruida’. Yo le respondí: ‘Usted no se preocupe, deme la casa y yo veo cómo se arregla'», prosiguió.

En 2010, con la ayuda de un empresario, el lugar se rehabilitó y comenzó a recibir a aquellas mujeres trans que salían del hospital para que o bien continuaran su recuperación o bien tuvieran un lugar digno donde morir.

En un viaje a Buenos Aires en 1987, muchos años antes de conocer a Romina, Kathy y a quienes llama sus chicas, Astorga conoció a un sacerdote jesuita, quien la alentaría a llevar a adelante su trabajo, sin importar los obstáculos. Se trataba de Jorge Mario Bergoglio, el futuro papa Francisco.

«Fue incondicional», aseguró.

«Al principio las trataba en masculino en las cartas, y después, cómo que fue abriendo su cabeza también. Al final me decía: ‘Dale saludos a tus chicas'», afirmó.

Guadalupe, una mujer trans que llegó a conocer el Papa enviada por Mónica.

Ni siquiera la elección de Bergoglio como Papa en marzo de 2013 rompió la relación.

Desde hacía años estaba en comunicación con el Papa Francisco vía mail y que en una oportunidad le escribió porque había una mujer trans que estaba en Roma, muy enferma, y que quería conocerlo.

«Le escribí al Papa por Guadalupe y la pusieron en primera fila (foto arriba), y lo pudo saludar. Le aconsejé que le escribiera una carta porque en ese momento no le iban a salir las palabras, y así fue. Cuando le dijo que iba de mi parte le dijo: «Decile que no haga lío»», contó con emoción.

«Seguí trabajando así, acompañada por la comunidad y sin dejar la oración. Rezo con y por vos», escribió el pontífice en una de las tantas cartas y correos electrónicos que Astorga conserva.

Pero la casa fue solo el primer paso de un proyecto más ambicioso. En 2017, el municipio de Neuquén cedió un terreno cerca y con aporte del gobierno provincial comenzó la construcción de doce departamentos.

«Cuando iba viendo la construcción de la obra, no lo podía creer», admitió su promotora.

El albergue de monoambientes inaugurado en 2020 con apoyo de la intendencia y el gobierno provincial

En 2020 el proyecto ya estaba concluido y la inauguración fue «impresionante»: «Una chica me dijo: ‘No puedo creer que me voy a poder bañar en una ducha. Años que no veo una ducha'», narró Astorga.

«Ver que abrían cada una esa puertita y que tenían todo fue muy fuerte», admitió.

«La que se pudo bañar, venía muy deteriorada y duró cuatro meses. Cuatro meses pudo disfrutar de la casita. Murió ahí mismo en el departamento», prosiguió.

En Argentina, el colectivo trans atraviesa momentos difíciles. En el primer semestre de 2025 se registraron 102 crímenes de odio, una cifra 70% superior a la del mismo período de 2024, según el Observatorio de Crímenes de Odio LGBT+, que además informó que el 70% de las víctimas fueron mujeres trans.

Mónica Astorga fue forzada a renunciar a sus hábitos después de casi 40 años de trabajo en la orden de las Carmelitas Descalzas por tenderle la mano y darle techo a este colectivo.

Mensaje evangélico

Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver. Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo.

El mensaje contenido en el Evangelio de San Mateo capítulo 25 es uno de los pilares de la caridad cristiana.

Sin embargo, llevarlo a cabo no solo no es sencillo, sino que incluso puede generar conflictos con miembros de la propia Iglesia católica.

“Hace unos días me escribieron en Facebook que soy una endemoniada. Imaginate lo que le dicen a las personas trans si a mí me acusan de endemoniada solo por acompañar. En estos 16 años infinidad de cosas me han dicho, dentro y fuera de la Iglesia. De las dos partes recibí. Pero como nada de lo que hago es para mí, las soporto. Si yo me estuviese beneficiando con algo, bueno (puedo llegar a entenderlo), pero lo que hago es visibilizar a seres humanos que no existen para la sociedad”

Y no se queda ahí: “No me vengan con el pasaje bíblico de que Dios nos creó varón y mujer. El Evangelio es claro. ¿Con quién se sentó Jesús? ¿Por quién se dejó lavar los pies? A Jesús lo seguían prostitutas, estafadores, todo el descarte de la sociedad. A Jesús lo trataron de loco. A ese Jesús sigo y ese es el Evangelio que quiero vivir. No me pidan explicaciones científicas porque no las tengo. No sé por qué nacieron así. Lo único que sé es que hay mucho dolor en estas personas y que yo no soy quién para juzgar, para decirles a los demás `Dios te creó de esta manera´. Hay que escuchar a las personas trans. No a una, a todas

Luego de transformar la casa abandonada ─propiedad del Obispado en Neuquén─ en la Casa Santa Teresita, hubo clases de peluquería, manicura, depilación o computación con talleristas que son también trans de lunes a viernes entre las 11 y las 18 horas Hay biblioteca, comedor para almorzar, pueden ducharse y conversar con psicólogas y trabajadoras sociales.

Para ejemplo de mejoría vaya la historia de una de estas personas. Kati es hoy la vicedirectora de la Casa Santa Teresita y por las tardes trabaja en la Dirección de Diversidad de la provincia de Neuquén. Aprendió costura al tiempito de conocer a la Hermana Mónica y dejó la prostitución. En marzo festejará su décimo aniversario sin consumir alcohol y en enero cumple 60 años.

Esperando para partir. Muchas personas trans ya estaban en las últimas y -lo mismo que la madre Teresa- Mónica estuvo allí

“No me importa cuando me dicen que son hombres disfrazados de mujer. Son seres humanos y punto. Dios me usó como instrumento. Tocar la vida de las trans, acercarme y acariciar sus heridas como un bálsamo suave. Yo las siento mis hijas, mis hermanas, mis amigas. A veces las reto como si fuera la madre, pero las escucho como una amiga y las quiero como una hermana. Soy la voz de las trans pidiendo, porque a ellas no las escucha nadie. A mí se me escucha, aunque sea por curiosidad”.

Y llegó el momento cruel: Le pidieron que deje su actividad.

El Papa intentó disuadirla, pero ella no cambió de parecer y dejó los hábitos. El Vaticano aceptó su desvinculación con las carmelitas en 2024.

«No, no puedo», le escribió. «Yo voy a seguir ayudando. Él me dijo: ‘Te entiendo (…), seguí adelante (…), no bajes los brazos'», contó.

Mónica no quería renunciar a su vocación. Estuvo un tiempo en el Carmelo de la provincia de Córdoba, pero le pidieron dejar su tarea con las personas trans a cambio de quedarse allí.

Mónica Astorga en su actual labor como podóloga

Se dio cuenta de que debía irse. “Mi fe sigue intacta, no perdí la fe en Jesús, pero sí la confianza en algunas personas dentro de la Iglesia. Hay mucha hipocresía. Todo esto se lo dije y se lo escribí a Francisco; él estuvo al tanto”. 

Actualmente, Mónica está en Buenos Aires y ejerce como podóloga y vive de su profesión. Trabaja con personas en situación de calle, sigue acompañando a mujeres trans y es voluntaria en el servicio de podología del Hospital Borda. 

Cuenta que la orden carmelita le entregó, a modo de préstamo por diez años, un departamento y le pusieron varias condiciones: no ingresar a institutos o congregaciones religiosas, no contraer matrimonio y no permitir que nadie resida con ella. “Yo solo pedía un lugar para vivir, porque debo hacerme cargo de todos los gastos: no tengo aporte jubilatorio tras 40 años en el Carmelo. En julio, me dieron la llave y me dijeron que, en un mes, debía pagar expensas y servicios a mi nombre; no recibiría un peso más”. 

De vuelta a su ciudad natal

Y espeta duro, Mónica. “¿Cuánta homosexualidad tenemos dentro de los consagrados? ¿Cuántos hombres que a la mañana salen de sus casas muy trajeaditos a sus trabajos llevando a sus hijos al colegio estuvieron la noche anterior consumiendo trans? Pero después las matan con la indiferencia, con el abandono. Ayudemos a que la Iglesia sea una para todos. Jesús es uno para todos. Jesús no rechaza a nadie, ni deja a nadie afuera”

Fuentes: LM Neuquen, Infobae, BBC Mundo y La Tinta

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