Se reproduce un fenómeno ocurrido en otras ocasiones: en los años 70 durante el gobierno militar, en los 90 con el menemismo y ahora. Las industrias se vuelven costosas y prefieren echar gente y transformarse en importadoras de lo mismo que fabricaban
El regalo era hermoso y necesario. Su hija vino y le dijo: «Mirá, estas zapatillas estaban en oferta. Como tu cumpleaños es en un mes, te lo adelanto». La tomó y vio que era de una tradicional marca nacional, un clásico de varias décadas (Topper). Abrió la lengüeta y buscó esperando encontrar el «made in argentina». Pero no… Decía «Made in Vietnam».
Topper fue una empresa nacional proveniente de Alpargatas nacida en 1975 y en su momento esponsoreó al tenista Guillermo Vilas. Luego fue vendida al empresario brasileño Carlos Wizard Martins y tiene su planta en Tucumán.
En estos momentos, Topper trae parte de su producción desde Vietnam. Igual que en el cine. Igual que otras veces.
La escena pertenece a un clásico del cine argentino que se llamó Plata dulce. Fue en los años de la última dictadura. Antes de que el ministro de Economía José Martínez de Hoz fuera eyectado hubo un fenómeno particular: los precios de productos importados empezaron a ser tan atractivos que los industriales preferían importar y dejar en la calle a los obreros. Eso se veía reflejado en dicha película. Federico Luppi y Julio de Grazia tenían una industria de productos electrónicos. Descubren que si los traen del exterior iban a ser más baratos. Y el único trabajo que deciden hacer es resellar las cajas e indicar que eran de industria nacional.

En estos momentos, la historia se repite. Sin resellados. Simplemente, se importa, se vende y se deja de fabricarlos con la consiguiente caída del empleo.
¿Vale la frase: ‘Esta película ya la vimos’? Vale.
Para el gobierno nacional todo es cuestión de batalla cultural. El de los costos y los beneficios de mantener, subsidiar y proteger una industria sustitutiva de importaciones. En realidad, es una discusión cíclica que no había desaparecido, pero que se potenció estos días con el caso Whirpool.
Es que la multinacional de electrodomésticos discontinuará la fabricación de lavarropas en su planta de Pilar por el bajón del consumo y así pueden quedar 220 trabajadores sin empleo, y no como un caso aislado sino como «punta del iceberg» de una industria en crisis. Los pocos que queden funcionarán como simples depósitos de distribución… como en la vieja película.
A este caso se suman otros como el de Electrolux, que viene de aplicar una prórroga al régimen de suspensiones rotativas que activó tras un acuerdo con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). O el de Mabe, firma que acaba de establecer un proceso de reorganización de sus operaciones en la Argentina, el cual comprende retiros voluntarios para parte de su personal y el cierre de su fábrica de Córdoba, que será reconvertida en depósito y hub de distribución.

Incluso, la mítica fábrica de cacerolas y ollas Essen viene de echar a más de 30 operarios por caída del consumo y suba de importaciones.
Y las malas noticias no cesan: Color Living, una fábrica muebles, comunicó que cierra la producción de su planta de Pacheco. Allí cumplían tareas 40 trabajadores. La empresa argumentó la caída de la industria y el enfriamiento de la economía, como sus principales motivos para dejar de producir. Los operarios sospechan, adicionalmente, que habrá un recambio a importar parte de sus insumos, como colchones.

La industria textil es otra de las que más sufre el contexto: la firma Tn Platex, cuyo ex CEO Teddy Karagozian fue el creador de ProTejer, decidió cerrar su línea de confección de prendas deportivas y ropa interior que operaba en la planta de Monte Caseros, provincia de Corrientes. Como consecuencia, la empresa despidió a 20 de los 36 operarios que se desempeñaban en ese sector.
Los economistas discuten si la crisis industrial obedece a una fase pasajera, atribuible a un problema cambiario o a una etapa de salarios bajos o si, por el contrario, constituye el núcleo del modelo económico de Milei. En principio aparece como un fenómeno que llegó para quedarse.
Visto desde arriba es claro: El Monitor de Desempeño Industrial (MDI) cerró octubre en 43,8 puntos y encadenó su decimocuarto relevamiento debajo de 50. La caída interanual de 5,2 puntos confirma que el deterioro no responde a un evento aislado, sino a un proceso extendido. La medición también retrocedió respecto del trimestre previo y abarcó a todos los sectores, con mínimos en Textiles, Metales comunes y Confecciones.
Entre los políticos, se destacó la propuesta de Miguel Pichetto, quien quiere gravar las compras de Shein y Temu. «Hay que frenar ya la libre importación indiscriminada y el ingreso descontrolado de productos chinos a través de las plataformas», planteó el diputado peronista.
Un planteo que levantó polémica. Así, el economista Jorge Avila, de la Ucema, le contestó: «¿Qué propone, diputado, mantener la grosera protección industrial y el consiguiente aislamiento internacional de los últimos 80 años?».
La UCEMA -no hay que olvidar- es la quintaesencia del liberalismo a ultranza que tiene su sede sobre la calle Florida y Córdoba de CABA y a cuyos integrantes nunca les interesará qué pasa en el resto del país ya que nunca viajaron hacia allí y si viajan, será siempre al exterior.

La voz más potente respecto de la situación de la industria fue la de Paolo Rocca, CEO del conglomerado Techint, quien en la conferencia anual de la UIA acusó al Milei de no entender el nuevo juego geopolítico global.
«Hace unos años la política industrial era sólo reforma laboral y tributaria. Hoy el mundo la discute seriamente, desde Estados Unidos hasta la Unión Europea», planteó el dirigente industrial, quien criticó a Milei por el hecho de que, mientras los demás países plantean defensas de sectores estratégicos, «Argentina sigue con un discurso de neutralidad total».
Curiosamente, algunos analistas creen que el acuerdo comercial que se está negociando con Estados Unidos podría tener el efecto de un cierre importador para varios rubros, dado que Argentina se comprometió a apoyar «la protección de los derechos laborales reconocidos internacionalmente». Y uno de los mantras de la administración Trump es que China y otras naciones asiáticas incurren en competencia desleal al utilizar mano de obra infantil o sin protección legal.
Fuentes: iProfesional, Perfil y BaeNegocios









