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viernes, febrero 27, 2026

Números e historias entremezclados en el caso FATE

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La Fábrica Argentia de Telas Engomadas cerró después de 86 años. Y mientras subsiste el debate sobre cómo es posible competir con un modelo de apertura a importaciones, sobrevaluación monetaria y tasas de interés altísimas, los obreros deambulan por la fábrica y esperan que reabra. Las historias de vida son desgarradoras

“Quisiera hacer una prueba si fuera posible hacerla: Traer el establecimiento industrial más grande y eficiente del mundo, que invierta capital, traiga su técnica y tenga la protección del 20 por ciento, porque el mercado es pequeño. Pero he aquí que cuando la fábrica empieza a funcionar bien, luego se le bajan los derechos de aduana (se abre la importación), posteriormente se la somete a la sobrevaluación monetaria y finalmente se le suben las tasas de interés (bancarias). Yo le preguntaría entonces ¿qué industria del mundo podría resistir esa combinación de factores adversos?”.

Raúl Prebisch, el reconocido economista argentino que planteó hace 50 años lo mismo que ocurre hoy: poco cambió

La predicción de Raúl Prebisch, uno de los mayores economistas argentinos y uno de los que acuñó la expresión “el deterioro de los términos de intercambio” para el comercio mundial, autor de la cita con que se abre esta nota es una evidencia de lo que ocurre actualmente.

Las actuales autoridades económicas de la Nación quizá deberían tomarla en cuenta. O tal vez, cualquiera de sus miembros animarse a poner algún negocio privado, un emprendimiento o industria. Y después ver qué pasa. Esa firma tendría que afrontar esa exacta combinación de la coyuntura aunque este texto tiene -al menos- medio siglo de existencia.

La crisis de la empresa de neumáticos FATE replanteó el debate sobre si la industria argentina puede sobrevivir sin cepo cambiario y apertura irrestricta de la importación mientras los bancos ofrecen dinero a tasas altísimas.

Allá abajo, está la gente

Pero más de eso, hay historias de vida. Relatos de gente de carne y hueso que hacen mella hasta en los corazones más duros.

Detrás de los 920 despidos de Faste hay enfermedades graves y hasta un padre desesperado que no sabe cómo pagará la fiesta de 15 años de su hija. BAE Negocios reunió más historias conmovedoras de despedidos.

Alejandro Assumma tiene 49 años, trabajó durante 21 años en el sector Vulcanizado de Fate. Habla con pasión y orgullo de su trabajo, cuenta que Vulcanizado es donde se termina de cocinar la cubierta, se le hace la inspección y va al depósito.

Estaba de vacaciones en Córdoba cuando se enteró del cierre y de su despido. «Está muy jodido, la reinserción es muy compleja. Soy un laburante, tengo secundario, sé instalar aires acondicionados, pero no veo salida laboral. Tengo muchos compañeros que se fueron con retiro y se compraron un auto y trabajan con las aplicaciones, otro vende ventiladores».

Sin embargo, lo más dramático está por venir. El quince de su hija.

“Necesito volver a trabajar, mi mujer es maestra y gana $600.000. Entre las cosas que más me preocupan, mi nena Isabela cumple 15 años. Le íbamos a hacer una fiesta en un salón, que ya abonamos el alquiler, pero no sé cómo voy a hacer para pagar todo lo que me falta. Me falta cubrir el costo de los mozos, comida.  No sé que hacer», explicó Assumma.

Y sostiene enfático que no se puede cerrar Fate. “Después de 86 años en que la empresa (junto a sus empleados) las pasó todas. Tiene que haber una solución y una continuidad productiva. Hacíamos 5000 cubiertas por día para todo: auto, tractor, camioneta, colectivo. Nos cambiaron el sistema de trabajo y aceptamos, hace 16 meses que no nos aumentan, trabajamos mañana, tarde, noche. Es un trabajo duro, hay muchos compañeros con problemas de salud o que tuvieron accidentes. Tengo un compañero que en mi turno perdió un brazo en 2015. Se rompe la espalda porque las cubiertas son muy pesadas».

Lo mismo que Messi

Jonatan Márquez es un trabajador despedido de Fate que tiene 38 años, fue de los últimos en entrar, ingresó hace cinco años durante la pandemia. Trabajaba en la parte de terminación, revisaba las cubiertas y las controlaba. No pierde la esperanza, cree que la fábrica volverá a abrir. Su mayor preocupación es cómo hará con la obra social de su hijo que tiene una enfermedad compleja Panhipopituitarismo por hipoplasia hipofisiaria, similar a la que tuvo Lionel Messi.

«Mi hijo Ciro tiene doce años y se inyecta hormonas de crecimiento y también tiene hipotiroidismo. No me puedo quedar sin obra social, necesito seguir con el tratamiento. Mi señora está desempleada. Necesitamos trabajar en blanco por el medicamento del nene. Si me quedo sin obra social, como tiene una enfermedad preexistente me cobrarán mucho más. Hace 16 meses que no nos daban ni un aumento, pero yo venía todos los días por el remedio de mi hijo«, contó.

El pibe tiene 156 centímetros y con las hormonas seguirá creciendo. «Ciro juega a la pelota, es delantero, yo soy el DT. Lo anotamos en natación porque tiene que hacer mucho deporte. Con mi señora Camila, hace 14 años que estamos juntos, soñamos con verlo estudiar para que tenga un futuro. Necesito volver a trabajar«, repitió desesperado.

Federico tiene 40 años, y trabajó 15 años en la fábrica de Fate en la parte de vulcanizado, en la limpieza del molde. Lleva más de media vida trabajando en fábricas.

«Necesito entrar a trabajar. Mi hijo Felipe tiene 8 años y es discapacitado sufre del síndrome de Coffin Siris (SCS) tiene hipoacusia bilateral, tiene un retraso madurativo y necesita asistencia las 24 horas porque tiene botón gástrico. Necesitamos la obra social. Le tenían que hacer una operación para tratar de que vuelva a escuchar», suplicó Federico.

Su mujer, su compañera, lo acompaña siempre. Va a la fábrica y le hace el aguante mientras él reclama, junto a sus compañeros, por sus derechos. Cuando no tiene con quién dejar a Felipe lo lleva, para que vea a su papá y lo acompañe.

Es muy probable que FATE cierre y no vuelva a abrir.

Un economista muy conocido (Juan Carlos De Pablo) dio sus consejos:

Cobren la indemnización. No la gasten ni inviertan ese dinero en algo que no estén seguros. Mejor tenerla en un banco y que genere intereses. Y hay que salir a buscar un nuevo trabajo. Eso de poner una aplicación para transportar gente (Uber, Didi, etc) no es lo más conveniente. Puede haber saturación del mercado y luego se queden sin nada. Si la persona tiene alguna habilidad es hora de volver al mercado laboral y ofrecerse como fuera de trabajo. O si tiene alguna capacidad de hacer algo por su cuenta, lanzarse como emprendedor.

Pero no quemar todo el dinero en alguna acción de la que luego pueda arrepentirse.

Fuentes: BAE Negocios, Raúl Prebisch citado en Libros y Alpargatas de Arturo Jauretche

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