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sábado, noviembre 29, 2025

Paradoja: hay millones de sacados de la pobreza y también gente que no llega a fin de mes

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Luego de que se conociera el dato del primer semestre y se divulgara que la pobreza bajó con fuerza, mucha clase media sigue padeciendo una severa escasez de fondos y le sigue quedando «mucho mes al final del sueldo». El problema de la clase media y media baja que sufre por los servicios cada vez más caros y que no cesan de subir

“Sacamos de la pobreza a 12 millones de personas”, repite en forma de triunfo el Gobierno, pese a que perdió por amplio margen las elecciones del 7 de septiembre en el principal distrito del país. Y, las encuestas recogen que un porcentaje importante de argentinos sentencia: “No llego a fin de mes”. El sustrato parece estar en los mismos números que aportan los datos de las estadísticas oficiales. La pobreza en Argentina, medida por ingresos, ha aumentado significativamente desde 2017. En la segunda mitad de ese año, la pobreza era del 25.7%, mientras que los datos más recientes indican niveles mucho más altos, que llegan a superar el 50% en ciertos períodos y se mantienen en 31.6% a mediados de 2025, lo que representa un aumento en la cantidad de personas afectadas en comparación con 2017. O dicho en otras palabras, la clase media y media baja antes resistía mejor y ahora, no tanto.

¿Por qué bajó la pobreza en la Argentina? Francisco Jueguen en La Nación lo explica así: «Se desaceleró fuertemente la inflación, subieron los ingresos (sobre todo el año pasado; en este, arañan el movimiento de los precios desde atrás) y las canastas –que delimitan pobreza e indigencia en las estadísticas- mostraron aumentos que fueron, en general, por debajo del índice de precios en los últimos meses. Sumado a la multiplicación de los planes de Ayuda Universal por Hijo (AUH) impulsada por el Gobierno frente a la inflación, pobreza e indigencia se redujeron drásticamente».

El problema está, entonces, en los que no tienen planes. Que pueden tener uno o dos (o tres) suelditos pero esos ingresos no les van a alcanzar.

Son 10 millones de personas que tienen menos pobreza (no doce millones como dice el oficialismo, pero la cifra es significativa). Lo que no implica que la mayoría de los argentinos la esté pasando mal.

Queda claro: aunque los alimentos quedaron caros en muchos casos, también es cierto que hubo retrocesos significativos: el precio de la yerba mate o del arroz ejemplifican esta situación. El problema no está en la comida. No. Está en los servicios.

De todos modos, los reportes financieros han dado cuenta de un fenómeno preocupante para la clase media y media baja de la Argentina: El tarjeteo. El neologismo remite no sólo al uso de la tarjeta de crédito para estirar los pagos en muchas cuotas sino a algo más preocupante. La gente usa la tarjeta para comprar comida.

«Ya habrán pasado varios meses de que esa comida fue ingerida y ya salió de mi cuerpo -reflexionaba con acritud, Pamela una docente retirada en Posadas- y yo todavía seguiré pagando esa misma comida».

Aunque los alimentos dejaron de subir en forma escandalosa esto no ocurrió así con los servicios: educación, salud, seguros, TV por cable, internet, telefonía celular, electricidad, agua: todos los servicios subieron fuerte. Y siguen sin pausas, mes a mes. Pese a una mejora de los ingresos en 2024 –la más rápida entre las últimas cuatro devaluaciones- los gastos fijos se llevaron gran porcentaje de esa recuperación. Y en términos generales no dejan de subir.

«Todos los meses me vienen con incrementos -se quejaba Arturo un usuario de Personal Flow en Posadas (servicio que incluye internet y TV por cable). Les advertí que pienso pasarme a Claro o quizá Starlink que redujo sus precios bastante. Cuando hago eso, me vuelven a ofrecer algunos descuentos. Pero las subas nunca dejan de suceder…»

Esa es la realidad: Básicamente, hoy somos todavía casi un 25% más pobres que en 2017. En esa época los jubilados pobres eran solo el 8 por ciento. Hoy constituyen más del 12%. Para hacer un paneo,Jueguen resume: Los ajustes en los ingresos fueron brutales y sostenidos en el tiempo: pasaron de la corrida cambiaria de Mauricio Macri, la cuarentena de Cristina Kirchner y Alberto Fernández, y al ajuste de Milei.

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