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miércoles, enero 21, 2026

Viento en popa: Misiones vuelve a contar con el transporte fluvial

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Tras décadas sin contar con el vital sistema de logística, empezó a funcionar nuevamente el Puerto
de Posadas. Los productos misioneros como el té en hebras, la yerba mate, la madera y la pasta
celulósica ahora pueden usar el río para su transporte

Misiones empezó su vida institucional contemporánea en 1881, tras constituirse en Territorio
Nacional. Era un desierto verde. Lo conseguido -en forma de once pueblos de bien establecidos- por
los Jesuitas hasta un siglo atrás había sido devorado por las selvas inclementes. Ese nuevo renacer
implicó la llegada de contingentes humanos que venían desde lugares muy lejanos y el buen olfato
de gobernantes que ofrecían atractivos para instalarse aquí. Luego, se sumaron las colonizaciones
privadas.


Pero, en principio, unos y otros tuvieron que recurrir al único método de transporte posible: el río.
Así tanto el Uruguay en el lado oriental como el Paraná en el occidental constituyeron el único modo
de acarreo de personas y bienes: se llegaba a un puerto y de ahí en más, era todo aventura.
Los puertos fueron floreciendo.
A principios del siglo XX, Posadas ya transformada en capital provincial empezó a mover el puerto y
en simultáneo arribó el ferrocarril (que no siguió hacia el interior). Fue un boom de actividad en la
ciudad capital.
Las rutas nacionales 12 y 14 (las dos troncales) eran un sueño aún y sólo con el paso de las décadas
fueron acompañando el crecimiento de los pueblos.


Hacia 1980, la llegada de las obras de Yacyretá fue cambiando el perfil de Posadas y los camiones
iban remplazando los viajes de las mercaderías así como los buses, los viajes de la gente.
En 2023, Misiones rehabilitó el uso del Puerto de Posadas y volvió a enviar por río (y luego por mar)
los bienes que produce su tierra. Desde el té (que acaba de cumplir su centenario en la región) que
viaja a Estados Unidos y Gran Bretaña hasta la yerba que viaja a Siria y otros 30 destinos pasando por
los productos forestales y pasta celulósica (que va a China).

¿Cómo se logró?


Aunque parezca sencillo, no lo fue.
Para ello, primero se contó con un puerto operable (ubicado en las afueras de Posadas) y después,
con las maquinarias e instrumental para la operación portuaria importadas desde Alemania. Toda la
inversión necesaria para esto fue realizado por el gobierno provincial. Luego, se realizaron los
trámites burocráticos para poner en marcha la actividad en sí y se tomó contacto con los posibles
futuros exportadores de productos misioneros a lugares de ultramar. Los últimos pasos (con éxito)
se dieron estos días, tras conseguir el waiver (o autorización especial del Gobierno nacional) para
contratar dos barcazas y un remolcador y anudar convenio con MSC (una de las empresas más
importantes del mundo en logística). Con toda esta infraestructura, logística y armadura
administrativa se pudo dar el golpe: que mucha de la mercadería que las empresas provinciales
colocan en el mundo, hagan una parte de su recorrido por vía fluvial.
Las barcazas Camila y Lucila partieron desde el puerto de Rosario y llegaron a Posadas a mediados de
febrero empujadas por el remolcador Carolina.


Allí se veía cómo en la nave ondeaba en popa (la parte trasera) la bandera provincial junto con el
ícono de Misiones, donde se ve el perfil de la provincia en color rojo sobre un fondo azul.
Los contenedores vacíos, una vez en el puerto de Posadas, van al interior, y vuelven cargados hasta
el puerto de Posadas y de allí cargados en las barcazas, llevados nuevamente a Rosario desde donde
salen los productos al exterior: allí es donde juega el convenio con MSC.
Un camión normal puede llevar un (1) contenedor. Las dos barcazas equivalen, pues, a 40 camiones.
Así pues, es fácil evaluar el impacto de economía pero también ambiental (no desgaste de rutas, no
contaminación ambiental por emisión de gases) que hay cuando se pone en marcha este tipo de
actividad. Y, no menos importante, aún la cuestión de costos: de arranque hay un 30 por ciento de
ahorro para el exportador.
Pese a agoreros y especialistas que auguraban un fracaso rotundo y total a esta iniciativa, todo
parece -siguiendo una analogía naviera- seguir «viento en popa»: el puerto está en marcha.

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