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jueves, febrero 12, 2026

Sumó retazos de un auto y una moto ¡y ya tiene su vehículo!

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José María “Junior” Alegretti fusionó el casco de un automóvil de 1976 y un motor de motocicleta en un nuevo vehículo. Y le sirve para su taller. Lo hizo junto a su hijo durante la pandemia para optimizar costos de auxilio mecánico en Santa Rosa

Ahí está Junior cargando nafta en el tanque de la vieja moto: se ve que el vehículo tiene algo de precario, pero anda. Solo cuenta con una luz principal al centro al estilo cíclope. Las ruedas son de coche y el resultado es un vehículo compacto con un remolque (cachapé, lo llaman en la región). En total seis ruedas tiradas por el noble y antiguo motorcito. Sí, los amortiguadores están a la vista.

José María Alegretti tiene 53 años y en el encierro de la pandemia se dedicó a sacarle el jugo al ingenio: algo se podía hacer con esos retazos de auto que tenía. Así se lo comentó a su hijo José Fernando y se largaron a pergeñar este vehículo mixturado: fue todo un suceso en Santa Rosa, una población otrora jesuita y equidistante de Asunción y de Posadas en Argentina.

“Nos pusimos a ver qué hacer con mi hijo para no estar de balde (sin hacer nada)”, relata Junior. El punto de partida fue un viejo  automóvil de 1976 que el tiempo y el óxido estaban sentenciando a muerte en un rincón del patio, recuerda la cronista Vanessa Rodríguez de Última Hora.

Lejos de rendirse al desguace, Alegreti desarmó el  vehículo, rescató el eje trasero y otras piezas estructurales para dar vida a un nuevo concepto de movilidad laboral. Al robusto armazón del coche le adaptó un motor de motocicleta de 150 cc completamente nuevo.

Queda claro. El resultado fue un móvil de auxilio híbrido que combina la estabilidad de un auto con el consumo ínfimo de una moto.

“Me sale muchísimo más barato. Me sirve para hacer auxilio en la ciudad y alrededores, incluso para acarrear cargas forrajeras y llevar cosas pesadas. Para movernos por acá, me salva todito”, explicó el mecánico no sin orgullo.

Pero la obra no es solo fierros y soldadura. El proyecto lleva el sello de la transmisión de saberes.

Su hijo, José Fernando (17), fue el brazo derecho en la construcción y hoy acompaña a su padre en cada servicio técnico, mientras aprende el oficio de primera mano en la máquina que ellos mismos crearon.

Como señala la cronista para Junior, la clave está en la actitud ante la adversidad: “Hay que ingeniarse y utilizar de forma positiva nuestro tiempo libre”.

Hoy, mientras los precios del combustible castigan el bolsillo, el móvil de los Alegretti circula como un testimonio rodante de que, con ingenio y un soplete en mano, hasta lo que parece chatarra puede volver a ser el motor de la economía familiar.

Fuente Última Hora Paraguay

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