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lunes, agosto 24, 2026

Una ayudita al órgano fiel

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Pilar Ferrer estudió en el lugar correcto: la Universidad Favaloro. Y así como el fundador de la misma en 1992 logró implementar la técnica del “By pass”, ahora ella llega con una idea sencilla: crear un gel que buscará ayudar a regenerar el tejido cardíaco luego de un infarto. Los primeros resultados en animales fueron excelentes

“Investigo una terapia regenerativa para reducir el daño cardíaco tras un infarto mediante un gel elaborado con matriz de membrana amniótica. El proyecto comenzó como mi tesis doctoral en la Universidad Favaloro”. Así, científica ella de 25 años empezó Pilar Ferrer a explicar por qué es tan famosa por estos días. Estaba en el programa Otro Día Perdido de Mario Pergolini y dejó a todos con la boca abierta (el corazón latente… de esperanzas).

No necesitó salir con un futbolista, ni mostrarse con pocas ropas; no hizo un tit tok ni salió a bardear a una ex pareja. Simplemente se dedicó a estudiar y estudiar. Esa es Pilar Ferrer.

A diferencia de otros órganos, el corazón no tiene capacidad de regenerarse (como lo hacen el hígado, los intestinos, la piel o los pulmones, por caso) tras un infarto. El daño deja una cicatriz permanente que, con el tiempo, puede derivar en insuficiencia cardíaca, arritmias graves o la necesidad de un trasplante. Ninguna de las terapias actuales revierte ni repara el músculo cardíaco dañado.

Pilar Ferrer bióloga, egresada de la Universidad Favaloro, y hoy es becaria doctoral del Instituto de Medicina Traslacional, Trasplante y Bioingeniería.

En términos directos, el gel regenerativo para el corazón es un biomaterial basado en esa matriz de membrana amniótica. Su finalidad es disminuir el daño que produce un infarto en el músculo cardíaco. La membrana amniótica funciona como un soporte con moléculas regenerativas. La investigación busca reparar o limitar el daño cardíaco, aunque todavía no permite afirmar que pueda recuperar por completo un corazón afectado. El desarrollo se encuentra en la etapa de investigación doctoral y experimental.

La Universidad Favaloro es una institución privada y sin fines de lucro de Argentina, fundada en la Ciudad de Buenos Aires en 1992 por el prestigioso cirujano y cardiocirujano René Favaloro. Se destaca como un referente en ciencias de la salud, ingeniería y educación médica.

El proyecto (donde además de Ferrer están Daniela Olea, Alejandro Berra y Mariano Berra foto abajo) nació dentro del Laboratorio de Medicina Regenerativa Cardiovascular. Ahí empezó a estudiar cómo reparar el tejido que queda dañado después de un infarto, algo que el corazón adulto no logra por sí solo. La zona afectada suele quedar con una cicatriz rígida, que debilita el músculo y puede derivar en insuficiencia cardíaca.

Junto a su equipo desarrolló un gel inyectable inspirado en la membrana amniótica, un tejido de la placenta que ya se usa para curar heridas y quemaduras. El gel no lleva células madre: se hace con la matriz del tejido, la estructura que sostiene a las células, procesada hasta volverla un material que se puede inyectar.

“Esto es ciencia argentina con impacto global”, se entusiasma  Ferrer, ya constituida en la  CEO de Amnova Biotech su start up que busca fondos e inversore. Atiende desde San Pablo, Brasil, en uno de los tantos viajes en los que gira con su proyecto. Ferrer se convirtió en una de las caras más visibles de un avance que promete cambiar el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares.

Una vez dentro del corazón, funciona como un andamio: sostiene la zona dañada, baja la inflamación y ayuda a que se formen nuevos vasos sanguíneos. Se guarda como un polvo que se conserva a temperatura ambiente y se prepara justo antes de aplicarlo.

Cuando ocurre un infarto, parte del músculo cardíaco queda dañada. Ese daño puede afectar la capacidad del órgano para funcionar y, con el tiempo, derivar en una insuficiencia cardíaca. La investigadora señaló que el objetivo de las terapias regenerativas no consiste necesariamente en recuperar un corazón como si nunca hubiera sufrido una lesión, sino en reducir las consecuencias del infarto.

“Un daño que no se puede reparar. Así. Y lo que intentamos con estas terapias es disminuirlo para evitar la insuficiencia cardíaca, es cuando el corazón ya no puede funcionar más y necesita un trasplante”, le contó a Pergolini y su equipo.

“Convertimos una idea científica en una empresa para desarrollar un biomaterial biomimético destinado a regenerar tejido cardíaco. Tras estudios celulares, avanzamos con pruebas en animales y buscamos inversión para iniciar la etapa regulatoria, con la visión de llevar ciencia argentina a un impacto global y diversificar hacia otras patologías”.

En las primeras pruebas, realizadas en animales, el gel redujo el tamaño del infarto a los 28 días y mejoró la función cardíaca.

«Lo que intentamos con estas terapias es disminuir ese daño para evitar la insuficiencia cardíaca, que es cuando el corazón no puede funcionar más y se necesita un trasplante».

Hoy el proyecto está en etapa experimental, con pruebas en células y animales. El objetivo del equipo es completar las fases preclínicas y avanzar hacia ensayos clínicos en humanos alrededor de 2028.

Pero igualmente, Ferrer aclaró: con todas las pruebas en humanos, la verificación de su eficiencia, los controles de organismos vinculados a la salud (Anmat, FDA de Estados Unidos) deberán pasar antes de que el gel pueda llegar al mercado. Un camino de largo alcance: “Antes de ocho años, es lo más probable”.

La investigación todavía se encuentra en una etapa experimental y no fue presentada como un tratamiento disponible para pacientes.

La propuesta busca aprovechar las propiedades regenerativas de la membrana amniótica, una parte de la placenta, para actuar sobre el tejido cardíaco dañado. Según explicó Ferrer, el material utilizado no son células madre, sino la matriz o estructura de ese tejido, que contiene moléculas capaces de estimular procesos regenerativos.

Etapas de la investigación

El equipo comenzó a trabajar con membrana amniótica, un tejido que forma parte de la placenta. Ferrer destacó que se trata de una estructura vinculada con el desarrollo de una nueva vida y que ya tiene aplicaciones médicas.

“Empezamos trabajando con membrana amiótica, que es una parte de la placenta, que es justamente un tejido que se encarga de generar vida, y ya se usa en la clínica para curar heridas o para oftalmología. Quisimos probar el potencial regenerativo cardíaco y nos dio muy buenos resultados”, explicó.

La investigadora aclaró que el desarrollo no se basa en extraer y utilizar directamente células madre. La estrategia consiste en emplear la matriz del tejido, es decir, el soporte que organiza sus componentes y conserva moléculas con potencial regenerativo.

“Células es todo esto. Usamos nada más que la matriz, o sea, un tejido tiene células y un soporte, usamos ese soporte que tiene moléculas regenerativas”, señaló.
En el contexto del proyecto, esa matriz funciona como una estructura capaz de interactuar con el tejido cardíaco y activar procesos que el equipo considera relevantes para la regeneración. La investigación busca determinar si sus componentes pueden ayudar a limitar la lesión producida por un infarto.

El trabajo de ferrer ya es difundido en sitios médicos de todo el mundo

La información disponible ubica el gel regenerativo para el corazón en una fase experimental, dentro de una tesis doctoral y de una línea de investigación del laboratorio de medicina regenerativa cardiovascular de la Universidad Favaloro.

La entrevistada afirmó que el trabajo con la matriz de membrana amniótica produjo “muy buenos resultados”.

El objetivo inmediato del proyecto es estudiar si las moléculas presentes en la matriz amniótica pueden activar mecanismos útiles para reducir el daño cardíaco después de un infarto.
La expectativa del equipo consiste en evitar que la lesión avance hasta provocar una insuficiencia cardíaca grave, una condición que puede requerir un trasplante.

Por ahora, el gel regenerativo para el corazón representa una investigación en desarrollo y no una terapia aprobada. Su posible utilidad para reparar el músculo cardíaco deberá determinarse mediante nuevas pruebas antes de considerar una aplicación médica.

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