La iglesia fundada por Jesucristo arrancó con su piedra fundamental (Pedro) y luego tuvo vicisitudes. Han pasado 20 siglos pero persiste y 2500 millones de personas siguen creyendo que es el hijo de Dios. Y Eduardo Torres se animó a rastrear diversas historias en torno a su nacimiento. Y todo lo que vino junto
“Debo admitir que hay temas que a mí siempre me inquietaron y despertaron mi curiosidad. Incluso puedo decir que hasta me molestó en determinado momento esa incomprensión de hechos que conocía, que no me gustaba, porque no los tenía en claro. Porque normalmente toda discusión sobre el tema del cristianismo, de la religión, terminaba diluyéndose en cuestiones secundarias y superficiales”.
Así reflexionaba Eduardo “Balero” Torres sobre uno de los ejes de su nueva obra, Finalmente Dios se arrepintió.
Y de esta manera, en la historia sobre la presencia de Dios y de Jesús que descendieron a la tierra, fue una decisión fundamental para el desarrollo de la novela en general. “Porque ellos aparecieron de incógnito en la Argentina, en un pueblo llamado Cerro Colorado, de la provincia de Córdoba, donde tenía una casa Atahualpa Yupanqui, un lugar muy pintoresco, muy pequeño. Y era el lugar ideal para que, digamos, Dios de incógnito con Jesús pudieran desarrollar o iniciar la tarea que pensaban hacer tanto en la Argentina como en todo el planeta. Y en función de eso, su presencia era primordial a través de una señora que empezó a trabajar con ellos con una historia interesante para del punto de vista de la ficción, y que relataba parte de la realidad”.
En ese contexto de la historia, “a partir de ahí, empieza a desarrollarse la concientización sobre lo que es el verdadero cristianismo, y a desarrollarse la historia de las religiones, específicamente de la católica”, puntualizó.
Para muestra vaya este capítulo sexto donde se desarrollan historias increíbles y poco conocidas por la mayoría de los creyentes.
CAPITULO VI
Ramón-Dios y Reinaldo-Jesús, sentados, en paz comentaban la conversación que mantuvieron con Olga durante la jornada en tanto disfrutaban de la paz del ocaso solo interrumpido por los barullentos sonidos de los grillos, cigarras y la diversidad de trinos y tonalidades de las aves, todos dispuestos a finalizar un día más.
Por momentos el silencio los invadió y sus miradas se perdían en la penumbra que transformaba el paisaje vivo y verde en un dibujo con carbonilla.
Amodorrados por la armonía que imperaba, se sobresaltaron más de lo normal cuando desde el portón de entrada sintieron que un adolescente les llamaba, – exclamando
– ¡Señor, Señor! Mientras se ponían de pie asumieron la necesidad de buscar un nombre terrenal a cada una de sus identidades.
Al atender al muchacho se enteraron de que fue enviado por Olga con una invitación para compartir con vecinos del pueblo, quienes regularmente se reunían para rezar un rosario pidiendo por los difuntos, enfermos, carenciados y también para agradecer o reclamar al Altísimo algún pedido no satisfecho. Tal evento, después de las oraciones, se transformó en costumbre en tanto fue mutando a una reunión social, donde los temas eran variados y libres, incluso se cantaba y si la ocasión propiciaba se podía bailar.

Se comprometieron a asistir y el adolescente regresó. Mientras caminaban, decidieron sus nombres., Dios se llamaría Ramón y Jesús Reinaldo, enseguida arribaron a la casa de Olga, quien les comunicó que la reunión se realizaría en otro lugar. Antes de partir, quisieron ver a Javier y a la madre de Olga, así lo hicieron y en cuanto se acercaron para saludarlos, las sonrisas distendidas de la abuela y nieto eran evidentes como también el placer que sintieron cuando sus visitantes se inclinaron para abrazarlos y besarlos.
Antes de llegar a la casa del vecino donde se realizaría la reunión, Olga -dijo: – para mi continúa siendo una incógnita sus identidades y las funciones que cumplen. Por favor, ¿cómo les presento?
Y – agregó:
– No puedo decirles este es el señor X1 y este, el señor X2… La ocurrencia de Olga causó gracia en sus acompañantes y entre risas le contestaron cómo se llamaban.
-Bueno -dijo Olga-, pasemos -mientras agitaba su cabeza y murmuraba en voz baja, pero audible para los tres-: ¡no entiendo! Tanto misterio para saber sus nombres… Yo no me trago esta mandarina. Comentario que hizo que Padre e Hijo pensaran que la sagacidad de esa buena mujer podría ser un escollo para mantener oculta su verdadera naturaleza…
-Al llegar fueron presentados a unos treinta lugareños amables, quienes al estrechar sus manos sintieron como la energía en forma de una cálida y agradable sensación los invadía. Fueron guiados por el dueño de casa hacia un patio al costado de esta, cubierto por una enramada de vides, sus particulares hojas de color verde claros cubrían completamente el espacio y con seguridad, en los días soleados suministraba la sombra necesaria.

Todos se acomodaron en sillas, sillones y bancos mientras el dueño de casa comenzó a recitar el rosario con voz audible y clara y que, en el discurrir del tiempo y de las reiteraciones de las oraciones, fueron transformándose en una serie de murmullos donde las palabras dichas resultaban difíciles de identificar, al igual que la devoción de quienes, por los movimientos de sus cuerpos y miradas, se diluían en vaya a saber qué pensamientos.
Los presentes notaron que Padre e Hijo no acompañaban las oraciones y a pesar de no poder sustraerse de la energía positiva que emanaba de ellos, estaban casi consternados, pero no disgustados, porque resultaba imposible que los sentimientos negativos se impusieran a la sensación de paz y amor que generaban sus presencias.
Luego de la finalización todos se pusieron de pie y comenzaron a conversar y reír entre ellos como ocurre en cualquier reunión social. También compartían la necesidad de acercarse a los nuevos visitantes sin que ninguno encontrara explicación alguna a esa irresistible percepción de paz que de ellos emanaba.
Fue el dueño de casa, quien, sin animosidad, preguntó a Ramón y a Reinaldo si eran católicos o ateos, justificando su pregunta en el silencio que mantuvieron durante las oraciones del rosario.
Padre e hijo intercambiaron miradas entre ellos y notaron la inquietud de Olga al observarlos.
Fue Ramón quién, luego de un silencio reflexivo – contestó:
– Aunque parezca sencilla la formulación de la pregunta, la contestación no tiene la misma característica, porque de la forma que se interprete puede generar confusión -Hizo una pausa y – continuó:
– Sin entrar en disquisiciones, les afirmo que somos seres de fe absoluta…
Mientras Ramón expresaba estos conceptos, miró a Olga y percibió que cuando dijo “somos seres” y no “somos hombres de fe”, una sombra en sus ojos evidenció la duda que la embargaba como intuyendo la presencia de un enigma.

Ramón – continuó:
– Sin ofender y con todo respeto deseo expresar que para nosotros la fe es fundamental, la forma de expresarla, siempre que sea sincera, es potestad de cada individuo al punto que un pensamiento puede ser una expresión de fe más contundente que oraciones repetidas por costumbres y que, en definitiva, no constituyan expresiones de amor y misericordia.
-Acaso ¿ustedes no van a misa? – preguntó, intrigado el anfitrión.
-No, no vamos, pero aceptamos a quienes tengan la costumbre o la necesidad de asistir y que, para ellos, asistir, signifique la expresión de su fe.
– ¿Quién perdonará nuestros pecados si no fueran los sacerdotes? -En ninguna parte de los Evangelios, Jesús establece que el pecado puede ser perdonado por un hombre. Jesús perdonó a todos los pecadores siempre que existiera arrepentimiento previo ¿Quién dio potestad a otro ser humano para escuchar los pecados ajenos y perdonarlos? En tiempos pasados, la jerarquía de la Iglesia vendía los indultos de las transgresiones cometidas sin importar el principio del previo arrepentimiento, en consecuencia, los poderosos cometían cualquier abuso o injusticia porque sabían que pagando importantes sumas de dinero compraban la indulgencia que le garantizaban estar libres de pecados lo cual les habilitaba un lugar en el Reino Celestial después que murieran. Fue “una de las razones” que originó la rebelión conocida como Reforma encabezada por Martín Lutero[1], quién cuestionó la ambición pecaminosa de la jerarquía de la Iglesia… Es más, muchos afirman que la Catedral de Notre-Dame se construyó, en parte, con los fondos recaudados con la venta de las indulgencias eclesiásticas (una aberración desde todo punto de vista fue legalizar la venta de las indulgencias). El arrepentimiento sincero para lograr el perdón de los pecados fue reemplazado por el dinero. (Aparentaba ser la Iglesia la creadora del Capitalismo)
– Nosotros también colaboramos con algo de dinero, no alcanzamos al diezmo, pero siempre lo hacemos con lo que nuestra realidad nos permite; si no lo hiciéramos como podría mantenerse la iglesia y que el padre subsista.
– Bueno – contestó Jesús y – agregó: – La Iglesia Católica tiene muchos recursos para poder sustentar sus necesidades, además, durante el último gobierno militar se estableció que todos ellos perciban las asignaciones monetarias, especificadas en cuatro decretos leyes firmado por el dictador Jorge Rafael Videla[1].
El decreto ley 21.540 establece que los obispos y arzobispos eméritos (retirados) perciban una asignación mensual equivalentes al 70% del sueldo de un juez nacional de primera instancia.
El decreto ley 21.950 dispone que el sueldo de obispos y arzobispos sea el 80% del sueldo de un juez de primera instancia. El decreto ley 22.162 les otorga a curas de parroquias de frontera o zona desfavorable, un sueldo equivalente a la categoría 16 de la administración pública.
El decreto ley 22.430 le otorga una jubilación mínima a curas mayores de 65 años que hayan ejercido al menos durante cinco años en el país.

Los dictadores Galtieri y Bignone emitieron un decreto cada uno donde se les otorgan asignaciones a aquellos que no se contempló en los decretos anteriores, y Bignone benefició a los seminaristas católicos con un sueldo equivalente a la categoría 10 de la administración pública nacional.
Todos los presentes se sumieron en un silencio como si alguien hubiera ordenado que se callaran. Fue Olga quien se animó a quebrar la tensión del momento e inocentemente preguntó:
– ¿Esa información que nos brinda, es verdad?
-Absolutamente – contestó Jesús y – agregó: – supuse que sabían que los miembros de la Iglesia perciben sueldos del Estado[1].
– Pero eso no es correcto. Yo no soy católico, pertenezco a una religión protestante, oramos el padre nuestro, no nos confesamos y en nuestra capilla, de la religión “Nueva Apostólica” cualquiera que desee puede asistir y participar del sermón, del perdón de los pecados y de la santa cena (eucaristía), pero nuestros pastores trabajan en sus quehaceres corrientes; pueden ser profesionales, mecánicos, empleados o lo que fuera, y llevan las funciones de pastor, diácono o el cargo que fuese como una vocación sin retribución económica alguna. Es lo que hacían los Apóstoles que acompañaron a nuestro hermano mayor Jesús… Aclaro que vengo a estas reuniones porque no me afecta compartir sentimientos de fe con otros cultos, como disfruto y valoro las características sociales de estos encuentros.
Las personas presentes aparentaban estar en trance, no podían digerir la información que recibieron y fue Olga nuevamente quien dijo: – Esto no tiene nada de misericordioso, ni de amor, ni de solidaridad. Todos, o casi todos, subsistimos con grandes esfuerzos; en cada visita a los supermercados notamos como con el mismo dinero de la última compra adquirimos menos artículos. La inflación nos vacía los bolsillos y apenas podemos pagar los servicios esenciales que no dejan de incrementar sus tarifas. Los remedios se transformaron en inalcanzables para muchos trabajadores y jubilados, estamos desesperanzados, pero aun así debemos agradecer que podemos vivir cada vez con mayores limitaciones mientras muchísimas personas no tienen prácticamente nada, son muchos los niños mal alimentados, enfermos, mujeres solas con hijos, ancianos enfermos, postrados e incluso abandonados; en síntesis, la pobreza y la indigencia incorporan a sus fauces a sectores de la población que otrora vivían mejor. ¡No es justo! Que los sacerdotes, obispos, seminaristas etc. cobren sueldos del estado, que se jubilen, que tengan casa con servicios que no pagan de sus bolsillos y que muchas veces ellos mismos, se unan a la cantinela de críticas de sectores privilegiados o de ignorantes cuando el Estado incorpora al sistema jubilatorio a las personas que no reunían las condiciones, muchas veces porque sus patrones no hacían los aportes que por ley les correspondía, o critican a quienes reciben planes sociales, imprescindibles no solamente para que sus beneficiarios apenas subsistan sino que, también sirven para dinamizar la economía incorporando ese dinero de los planes al circuito comercial… ¡Si, es tan injusto que da bronca! ¿Dónde está la misericordia de Cristo? Lo que hacen estos eclesiásticos es como si los Apóstoles de Jesús hayan sido retribuidos monetariamente por los romanos en la tarea de evangelización que realizaban… Esta es la razón de la bronca que me carcome porque durante “el proceso de reorganización nacional” que pomposamente es sinónimo de dictadura, sucedieron hechos muy graves en todos los órdenes como ocurre hoy con las actitudes de muchos especuladores y, por suerte, son varias las excepciones, pero la realidad nos demuestra que no se visualiza ni se escucha a muchos miembros de la Iglesia criticar los miles de millones de dólares que fueron lavados por personajes conocidos, es decir, sacados ilegalmente del país y depositados en los bancos radicados en paraísos fiscales. Tampoco veo criticar a responsables de los incrementos de los alimentos y medicamentos cuyos precios, obviamente están cartelizados; nunca observo reclamar al sistema financiero que exprime y seca las cajas de ahorros de los asalariados y beneficiarios de planes sociales, ni pude ver ninguna advertencia, con la excepción hecha por el Papa Francisco, al desprestigiado Poder Judicial, eficiente para juzgar a los pobres y a los políticos que defienden a las mayorías y a los intereses nacionales, pero paralizado ante los actos de corrupción y otros delitos de los ricos y poderosos … -Me siento vacía-, es una sensación horrible, y me remito a lo que ustedes manifestaron hace algunos momentos, cuando nos informaban que una de las causas del surgimiento de la Reforma fue el sistema de venta de indultos impuesto por la Iglesia para perdonar los pecados; en este caso, los integrantes de la dictadura genocida compraron el indulto de la Religión Católica y lo pagaron con los decretos que les aseguraban un sueldo mientras cumplían su tarea “evangelizadora” y les garantizaba una jubilación. En verdad que lo que compraron los militares fue el silencio y la bendición ante el genocidio que estaban cometiendo y, salvo las excepciones de algunos obispos y curas que denunciaron estos hechos con valentía y espíritu cristiano (muchos fueron víctimas también), los demás apoyaron con palabras, con sermones o con el silencio. El mismo comportamiento tuvo la Iglesia cuando exterminaban a judíos, gitanos, homosexuales, y a personas discapacitadas en la Segunda Guerra Mundial, y no solamente ocurrió en Alemania, sino también en varios países que fueron claramente antisemitas antes de la guerra, fueron víctimas durante el conflicto y continuaron siendo antisemitas después del mismo. La Iglesia Católica y otras religiones cristianas, con sus excepciones individuales, fueron cómplices apoyando a Hitler e incluso muchos miembros eclesiásticos fueron ejecutores o verdugos directos de masacres como sucedió en Croacia – culminó diciendo sin disimular su indignación Olga. (referencia: Juan José Sebrelli).
Uno de los vecinos, consternado, aferrándose a su fe trataba de atenuar el golpe recibido al conocer que el padre, su sacerdote percibía un sueldo del Estado y con voz apenas audible por todos – expresaba:
-Creo que el padre se equivocó cuando nos evidenciaba sus necesidades como si cumpliera una penitencia. Suponíamos que soportaba nuestras propias dificultades; si nos hubiese comentado que recibía un sueldo del Estado no nos hubiera decepcionado y estaríamos felices por él. Debo reconocer que me sorprendió, pero espero que con ayuda de la Santísima Virgen María pueda superar este malestar.

– ¡Dejá de joder! – gritó otro de los vecinos y – volvió a elevar la voz: – ¡es un ñoqui! Si criticamos a las personas que cobran sueldo y no trabajan ¿por qué debemos aprobar el comportamiento de este ñoqui privilegiado?, además no le metas a la Santísima Virgen en este acto que, -para mí- si no es corrupción, está muy cerca.
– Disculpen – pidió el vecino que se reconoció protestante – en mi religión reconocemos a la madre de Jesús, María, pero no la divinizamos, es simplemente María, como tampoco santificamos a su esposo José ni a los Apóstoles.
Entre murmullos y voces entrecruzadas, sobresalió el de una de las mujeres presentes quien – preguntó:
– ¿El ave María? Rezamos en cada servicio religioso y en cada oportunidad que tenemos, no puedo creer lo que dice el vecino protestante. ¡La virgen siempre nos ayudó!
Todos opinaban en un desorden de voces que resultaba imposible discernir las palabras. Ante el riesgo de que la reunión se descontrolara, Olga casi gritando impuso silencio para poder mantener una discusión racional esclarecedora y – dijo: – tenemos la suerte de contar con la presencia de Ramón y Reinaldo, nuestros invitados quienes, tengo entendido poseen amplios conocimientos sobre teología en particular sobre el cristianismo, en consecuencia sugiero invitarles para que nos den una opinión al respecto… – Reinaldo, Ramón si no les incomoda le invito a que nos compartan sus opiniones – concluyó Olga.
-Muchas gracias, Olga –dijo Reinaldo y continuó – hablar sobre estos temas puede ocupar mucho tiempo y todo lo que digamos al respecto fue ampliamente debatido por los teólogos, filósofos y demás especialistas en todos los tiempos. Tal vez deba comenzar con la conclusión de esta conversación: Desde la muerte de Jesús crucificado hasta la actualidad, se complicó lo que siempre fue claro y simple, con explicaciones, opiniones, evangelios canónicos y apócrifos, con debates interminables si Jesús fue hijo o no de Dios e incluso si existió o fue un invento; excusas que utilizaron para perseguir y asesinar a millones de personas, para lo cual se crearon innumerables religiones cristianas, cada una con sus dogmas y sus biblias; asimismo fue intensa y prolongadas la discusión sobre María, José y los Apóstoles y sobre todos los temas que se nos puedan ocurrir referente al cristianismo, pero lamentablemente, todos se olvidaron de lo más importante: de la fe verdadera. La confusión creada se generalizó y hoy muchas personas se dicen cristianas, y lo son, solamente, por pertenecer a una familia de este credo, porque durante mucho tiempo la relación religión-estado fue muy estrecha y prácticamente ser católico era una costumbre impuesta por la sociedad. De este modo, los católicos se habituaron a la rutina de esas rutinas, bautizarnos, tomar la primera comunión, posteriormente la confirmación, asistir a misa y rezar, actos que no implican una manifestación de fe verdadera, sino que resulta, repetir de memoria oraciones preestablecidas como, asimismo, participar de los servicios religiosos cumpliendo con los hábitos mientras nuestra mente nos llevaba a cualquier otro lugar…
-Entonces, preguntaron -¿Cómo debemos expresar la fe?- Usted dice que todas las acciones para alabar a Dios se redujeron a costumbres inconducentes; yo siempre rezaba el Padrenuestro y el ave María – ¿qué hacemos entonces?
Ramón (Dios), mirando con amor a todos los presentes y conmovido por la avidez de fe que mostraban a pesar de la realidad manifestada por Reinaldo dijo:
– Antes de contestar específicamente la pregunta, quiero que cada uno de ustedes asuma y nunca jamás duden que ¡Dios es amor! A cada uno les ama profundamente, les comprende y perdona todas sus faltas, incluso las peores, siempre que se arrepientan. Tal vez, Dios, también aprendió con la evolución del universo y de la humanidad, por eso, cuando un filósofo fue expulsado primero de la religión judía y luego, también, fue expulsado y perseguido por el cristianismo, dijo entre otras cosas definiendo lo que creía de Dios: “Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice… yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de herencias… de libre albedrío ¿cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se portan mal, por el resto de la eternidad? Es posible que en estas palabras encuentren el concepto de libertad y de amor más claro que Dios desea que sientan, rompan las cadenas de los dogmas que encapsularon la fe para poder manejarlos …
– Para no eludir la pregunta del vecino, entiendo que para estar en contacto y hablar con Dios no se necesita un lugar ni una hora específica. Tampoco necesita intermediarios con la excepción de su hijo Jesús, no necesitan repetir oraciones preestablecidas. Si sienten la fe, y -no dudo que tengan-, conversen con él como si hablaran con la esposa, con el hijo o con un vecino. Relátenle sus penurias y alegrías, agradézcanle siempre por vivir los buenos y malos momentos. Él siempre dispondrá los medios para encarrilar las cosas o les dará la fortaleza para superar las dificultades. Si no tienen fe, no pierdan tiempo tratando de dialogar con Él. Sería como hablar por teléfono sin marcar un número. La clave para hablar con Dios es la fe y tener fe significa confiar, no dudar.

– ¿Y la virgen María y los demás Santos a quienes recurrimos casi más que a Dios?
-Bueno, le cedo la Palabra a Reinaldo para que continúe respondiendo – finalizó diciendo Ramón.
-Creo que antes de cualquier explicación de María, los Santos y muchas cosas que aprendieron en la Iglesia, deben saber que existe un solo Dios, omnipresente, omnipotente y omnisciente y que para creer en él no es necesario ni creo que sea de su agrado que, para hablar con él se recurra a la iconografía ni rendir cultos a esos íconos, es decir practicar la idolatría…
– ¿Qué significa íconos o iconografía? – preguntó uno de los presentes.
-Son imágenes, estampas, grabados, representaciones, fotografías, estatuas las cuales no pueden reemplazar a Dios, en los cultos ni en las ceremonias. Fueron costumbres transformadas en dogmas que tuvieron sus orígenes en sectas paganas… Durante la pausa que hizo Jesús, los rostros se ensombrecían.
Él – continuó: – Entiendo que pueden sorprenderse con los siguientes relatos, pero deben comprender que los dogmas de la Iglesia, no solo los dogmas católicos, sino también el de todas las religiones cristianas, frecuentemente, no coinciden con los sucesos históricos los cuales fueron modificados e incorporados por intermedio de los numerosos concilios; pasó con la mariolatría, con la trinidad, con Cristo, la eucaristía, el bautismo, el celibato, las indulgencias, el culto a los íconos, la misoginia, la inquisición , las cruzadas, el papado, la infalibilidad del papa, estos temas y muchos más fueron introducidos por los hombres de la iglesia a la teología y en la liturgia. Muchos de estos dogmas son contradictorios con la evangelización de Jesús en la tierra… De manera que el papel que le tocó protagonizar a María en la obra de la redención fue tardío en la Iglesia, y algunos autores modernos como el de Juan José Sebrelli[1], establecen que con ella introdujeron un personaje lindante con las diosas paganas, el culto a Isis, reina de los cielos o las diosas de las virginales – Artemisa y Diana – o las deidades femeninas celtas y germánicas. También relata Sebrelli, cómo un Dios nacido de una madre virgen se remonta a pueblos primitivos que no relacionaban el embarazo con el acto sexual. No obstante Ireneo, quien perteneció a la tercera generación del cristianismo, explica el papel de María en la Obra de redención: “El lazo con que nos ató Eva por su desobediencia, fue desatado por la obediencia de María. Lo que la virgen Eva ató con su error, la virgen María lo desató con su fe”. Fue resistido este concepto, entre otros, por el Patriarca de Constantinopla que advertía el peligro y la confusión que supondría que María fuera considerada la Madre de Dios, porque confundía las dos naturalezas, la divina y la humana. Sin embargo, su posición fue derrotada por el Patriarca de Alejandría y el Concilio de Éfeso[2] (el tercero ecuménico) proclamó la dignidad de la Virgen, Madre de Dios. De esta manera las religiones decretaron el origen divino de María engendrada por el espíritu Santo, circunstancia que aprovecharon para profundizar el rechazo a la sexualidad y ubicaron a la madre Cristo (Hijo de Dios) a su mismo nivel divino: “Madre de Dios” …
La discusión sobre la santidad de la Virgen no se agotó y persistió a través de los años y de los teólogos; la Reforma rechazó la doctrina de la virginidad de María mientras que la Iglesia católica, a pesar de las discrepancias que existían en su seno, en una bula emitida por el Papa Pío IX (1854) proclama el dogma de la Inmaculada concepción de María y en 1950 se suma un nuevo dogma [1]: “ La Asunción de María al cielo, en cuerpo y alma” y con esto María es ubicada en el mismo lugar de Jesús, circunstancias que no fue explicitada en ningún evangelio, epístolas o evangelios canónicos o apócrifo.
-No entiendo esto de las bulas, los concilios, indulgencias y tantas otras definiciones, acaso no nos enseñaron la inefabilidad de la Biblia – expresó una de las señoras presentes.
– Coincido con su postura, querida señora – dijo Reinaldo y continuó explicando: – La gran pregunta es ¿por qué? Si Dios existe indubitablemente y envió a su hijo en una misión que resultó exitosa, surge la inquietud de cuáles fueron los motivos que llevaron a quienes dicen representarlo en la tierra a arrogarse el poder de definir, quién es Santo, quién es inmaculada y quien asciende al cielo en cuerpo y alma; pareciera que asumieron la potestad y sabiduría de Dios, cuando, en realidad, deberían dedicarse a la evangelización simple y llana.
– Es verdad, lo que expresa Reinaldo – comentó otro de los presentes. – Dice Juan José Sebrelli que: -Las consecuencias de estas decisiones trajeron la multiplicidad de Vírgenes milagrosas distribuidas en todo el planeta, que generó peregrinaciones multitudinarias, supuestos milagros y un floreciente comercio de imágenes, rosarios y otros artículos e incluso aumentó la actividad del turismo religioso…
Mientras tanto, la discusión sobre la virginidad de María persistía. En varios textos, incluso en la Biblia se destaca la existencia de los hermanos de Jesús -Santiago, Simón, Judas, José, Lisia y Lidia quienes, evidentemente, no fueron engendrados por el Espíritu Santo y, que de ser la madre María, su eterna virginidad declarada por la Iglesia y la liberación del pecado original, no tendría sentido tal cual plantea la mayoría cristiana. Los católicos opinan que todos fueron hijos de José con su primera esposa, ya fallecida. Según esta visión -compartida con Robert Graves- José, debido a su avanzada edad, vivía en castidad. De ser cierta esta interpretación, reforzaría la idea sostenida por algunos sectores extremistas del cristianismo de un matrimonio sin vida sexual, lo que a su vez alimentó la tendencia sexofóbica dentro de la Iglesia… Mi sentir es la incomprensión histórica de la Iglesia respecto a aceptar el sexo como algo natural, necesario, placentero y forma parte de la creación divina, pese a quien le pese. Tampoco puedo evaluar la importancia que dan a la virginidad vitalicia y poco probable de una mujer sana, al igual que el celibato de miembros de la Iglesia, aunque, en este caso, no pueda afirmar que lo cumplan. (Referencia Juan José Sebrelli).
– Esta posición respecto a María es la que sostiene mi capilla – insistió el hombre que practicaba una de las religiones protestantes -la reconocemos como madre de Jesús, pero no le otorgamos santidad alguna al igual que a José, su esposo.
– Entonces – dijo apenado uno de los presentes – ¿no debemos creer en la santidad de María?
– No puedo decirles en quien o no creer, es una decisión de la fe de cada uno… Creo que debo relatarles que en aquella época circuló un comentario sobre el adulterio de María, la circunstancias se prestaban para este tipo de difamación que alcanzó al propio Jesús. Una mujer joven embarazada, un anciano esposo y la figura de un soldado romano denominado Pantera, el supuesto amante. La patraña describe que la situación obligó a la familia, con un hijo recientemente nacido a migrar a Egipto donde, Jesús aprendió, la magia y trucos de los milagros que utilizó cuando volvió a Nazaret durante su tarea evangelizadora. (Ref. Juan José Sebrelli).
– ¿Tiene alguna posibilidad de certeza ese comentario? – preguntó una de las mujeres presentes.

– No, ninguna. Como no me agradan las no verdades de los católicos tampoco acepto los comentarios sin fundamentos que fueron utilizados para descalificar a María y a Jesús. No obstante, el destacado especialista en mitología; ensayista y poeta Robert Graves en su novela histórica “Rey Jesús”, relata la vida del Mesías de manera novedosa y no menos sorprendente, en realidad en su novela desarrolla un revisionismo interesante sobre Jesús. Graves detalla interesantes sucesos sobre la vida y la misión de Jesús, no contemplados por la historiografía clásica y, como no puede suceder de otro modo, nos relata su visión revisionista sobre su madre María, hija del hombre acaudalado llamado Joaquín y de Ana, hermana menor de Isabel, esposa de Zacarías, sacerdote conservador del templo y madre de Juan el Bautista. Sostiene que, en su casa, Isabel refugió a María, quien llegó sorpresiva y misteriosamente, en los inicios del estado de gravidez, situación idéntica a la que se encontraba su tía, quien gestaba a Juan (Bautista). Graves relata que su tía Isabel sufrió durante veinte años la imposibilidad de embarazarse; luego de protagonizar sueños y circunstancias muy curiosas, recibió con sorpresa la milagrosa noticia de saber que estaba en estado, aun cuando con Zacarías no mantuvieron intimidad por más de treinta días. Situación que si bien fue advertida no produjo sospecha alguna sobre la integridad moral y fidelidad de Isabel… Por su lado, el perverso y sanguinario Rey Herodes, ambicioso y con aspiraciones de vida eterna nombró como Sumo Sacerdote a Simón, con la intención de poder casarse con su agraciada hija, Marianne… Simón, hombre de vastos conocimientos sobre la Ley Mosaica, simpatizó de inmediato con Antípater (hijo de Herodes y de una esposa anterior a Marianne) quien retribuyó el gesto de igual modo. Bajo juramento de secreto, el Sumo Sacerdote informó al joven la genealogía de María y su pertenencia a la casa de David, circunstancias no conocidas por los judíos no doctos de entonces; explicó al bondadoso Antípater los requisitos de sangre y herencia de su futura esposa (El plan de Simón era unir a ambos jóvenes) para cumplir con los verdaderos títulos para gobernar Israel, requisitos que no reunía el rey Herodes y que podía suceder lo contrario con su heredero, Antípater, quién, para legitimarse con lo establecido por las leyes, las cuales fueron revelados por Simón, debía casarse con una heredera matrilineal de la estirpe de Michal[1]. Desde el reinado de David, la herencia siempre le correspondía a la menor de las hermanas, la ultimogénita, y no a la primogénita; en este caso correspondía a Ana la madre María y en consecuencia sería ella quien se encontraría en la línea sucesoria del Rey David. Después de muchas discusiones Antípater aceptó casarse en secreto con María, en función de que Joaquín (el padre de María) encomendó al Sumo Sacerdote, Simón, la tarea de buscar un marido para su bella e inocente hija. Sin dudas, que la generosidad de Antípater y la dulzura de María, impulsó al mutuo amor y pronto quedó evidenciado cuando ella quedó embarazada. Ignorante el rey Herodes de este casamiento, redacta un testamento donde nombra a Antípater como sucesor gobernante y lo envía a Roma para que el documento sea legalizado por las autoridades del Imperio. Estos sucesos generaron dudas entre las numerosas personas que conocían la mente tortuosa de Herodes, los cuales suponían que era una condena de muerte, como sucedió efectivamente; María, casada y embarazada en secreto, aconsejada por Simón, se refugió en la casa de su tía y no reveló su casamiento ni su embarazo; tampoco sabía el juicio implementado por el rey Herodes contra su hijo Antípater…
El secreto que mantuvo María y la necesidad de ocultarse en la casa de Isabel y del sacerdote Zacarías, se debió fundamentalmente a los anuncios de los profetas sobre la llegada del mesías, y a personas estudiosas como Simón sabían que sería el hijo de María. Ante esto, la vida de ella corría un serio riesgo ante la convicción de que Herodes no permitiría el nacimiento del anunciado mesías, y tampoco soportaría que el hijo que engendraba ella era el legítimo sucesor del trono de Israel. Ante estas peligrosas circunstancias, y la existencia de un compromiso previo con el anciano José, María tuvo que ir a pedirle que cumpliera el compromiso de casamiento aun cuando ya era evidente su embarazo. De acuerdo al Libro “Rey Jesús”, Graves relata la supuesta conversación que mantuvieron José y María: luego de que ella llegara montada en un hermoso asno blanco, descendió y se postró como una suplicante a los pies de José. El la ayudó a levantarse, le pidió que se sentara en el banco, debajo de la higuera, y fue apresuradamente a llamar al criado, para que la atendiera… María fue la primera que habló:
-José, mi señor: se dice que eres un hombre justo y misericordioso.
-Hija mía, sólo uno es justo y misericordioso
Ella se detuvo sin saber cómo continuar, pero finalmente dijo, suspirando:
-Ya ves, mi señor, en qué estado está tu sierva.
José respondió conmovido:
-Ya veo, hija.
– ¿Está firmado el contrato de nuestro matrimonio?
-Está firmado, pero aún no se ha hecho el pago a tu custodio, el sumo sacerdote.
-Dime, señor ¿serás piadoso conmigo? ¿Querrás salvarnos a mí y a mi hijo no nacido de la muerte?
– ¿De la muerte? ¿Cómo es eso? Es una terrible palabra, hija. ¿Qué deseas que haga?
-Querría que entregaras el dinero de la novia, todo menos medio siclo, a Simón, el sumo sacerdote. El entregará la suma completa al tesoro, pero anotará en los libros, que aún se le debe ese medio siclo.
– ¿Quién ha planeado esta artimaña y para qué es necesaria?
–La ha planeado mi madre, custodia, Ana, hija de Fanuel. Y es necesaria… porque es necesaria.
-Pero, hija, tú no eres la misma que en el momento del contrato. Llevas en ti el hijo de otro.
-No te pido que te cases conmigo. No deseo vivir contigo como tu esposa; quiero que se piense que estamos casados y que mi hijo es tu hijo. El tesoro se verá enriquecido con el dinero de la novia; sin embargo, el contrato no será perfecto. Si me niegas ese ruego, condenarás dos almas a una muerte cruel.
– ¿Quién es el padre de tu hijo?
-Tú serás el padre a los ojos del mundo.
– Kenah te ha llamado descarriada. ¿Quién te indujo al pecado, hija mía?
-Estoy libre de pecado. Me he descarriado como se puede descarriar una oveja.
– ¿Cómo es eso?
-Te diré como está permitido. Hace siete meses, cuando yo aún estaba en casa de tu hija Lisia, recibí a un mensajero ricamente vestido. Me saludó y le pregunté su nombre.
Respondió: – Hoy es lunes; por lo tanto, llámame Gabriel, que es el ángel del lunes. Después dijo;
– Salve, muy favorecida. El Señor sea contigo, bendita entre todas las mujeres -. Esto me turbó y le pregunté qué deseaba de mí.
Él dijo: -No temas porque un rey glorioso te ha concedido tu favor; y si el Señor lo quiere, concebirás y parirás un hijo que será el más grande, el prometido, el hijo del Altísimo; y Dios le concederá el trono de David

-Entonces, le pregunté:
– ¿Cómo puede ser esto? No conozco a ningún rey glorioso, y estoy prometida en matrimonio a José de Emaús -.
Él respondió: – El contrato con José está firmado, pero no está cerrado. Tu eres Miriam (María) la hija menor de la estirpe de Michal y el sagrado poder de Michal ha descendido sobre ti, y te unirás con el ser glorioso cuyo mensajero soy; y el fruto que nazca de ti será llamado el hijo de Dios>> Entonces Simón, el sumo sacerdote salió de atrás de la puerta. Donde estaba escondido, y dijo:
– Hija, este es un mensajero de la verdad. Debes creer en sus palabras -. Y yo dije:
– Soy tu sierva. Que sea como dices -.
– ¿Y después?
-No puedo decir más; y lo que te haya dicho no debe revelarse a nadie
La semana pasada el rey depuso a Simón, que debe retornar ignominiosamente a Egipto antes de fin de mes.
-Estoy muy afligida por él. Pero Ana me ha asegurado que concluirá el asunto del contrato antes de fin de mes.
– Me pides mucho.
-Te pido más de lo que crees. Te pido que arriesgues tu vida por mí.

El diálogo continuó. Luego se incorporó Shalom, la partera quien atendió a Ana durante el parto de María y también atendía a su tía Isabel. José aceptó el supuesto casamiento con María y la acompañó con la lealtad que solo los hombres buenos pueden tener.
Antes de la conversación con María y José se produjo una muy relevante entre Antípater y Simón
…
–Dime más sobre la hija de Ana – pidió Antípater.
-Es joven, hermosa, de buen carácter, veraz, briosa. Y tiene el porte de una reina.
– ¿Su nombre?
-Miriam
– ¿Cuál es tu intención? ¿Cómo podría casarme secretamente con ella, Simón? Dos días después todo el mundo lo sabría.
-He considerado cuidadosamente el problema. Puede pasar por esposa de otro hasta que puedas reconocerla como tu reina. No es necesario que nadie sea perjudicado por la artimaña, y menos ella. Deja eso en mis manos…
Tiempo después, cuando María busca esconderse en casa de su tía Isabel, se produce el siguiente diálogo, que deja reflexionando y preocupada a la dueña de casa: … Después de que preguntara a María como se encontraban su querida madre y el sabio Joaquín –
María contesta:
– Estaban muy bien en nuestro último encuentro. Siempre me han visitado tres veces por año, cuando asisten a los grandes festivales.
-Todos los años pienso viajar a Jerusalén, pero por algún motivo nunca voy. No puedo soportar las muchedumbres. Dime, ¿cuándo piensan buscarte marido? Ya es hora y el arancel de redención para una muchacha menor de veinte años es sólo de diez siclos.
-Ha sido como un don y no como un préstamo, que me ofrendaron al Señor; esto pone en manos del Sumo Sacerdote el derecho de darme en matrimonio. Y él me ha casado.
– ¿Estás casada? ¿Con quién? ¿Cuándo? ¿Por qué no he sido invitada a la boda?
María se desconcertó.
-El sumo sacerdote decidió prometerme a José Emaús, que está casado con tu hermana Abigail – Agregó de prisa -:
He estado en casa de Lysia, tu sobrina. Lysia ha sido muy buena conmigo, la bondad misma…
María solicitó a su tía que no le preguntara nada y aseguró que no cometió ningún crimen que pudiera comprometer a ella o a su esposo.
Esto, de acuerdo a Graves, demuestra el casamiento secreto de María y Antípater al igual que el pedido de María a José para que no pagara el total del dinero de la novia al templo, que si lo haría Simón, pero asentaría en los libros que se adeuda medio siclo, lo cual transforma el casamiento de José y María en una parodia.
Los presentes en la reunión, inmunes al tiempo transcurrido, escuchaban atentos y más o menos conmocionados el relato de Reinaldo. Fue Olga quién, con sagacidad – preguntó: – El relato que hace María de la aparición del ángel Gabriel, donde le informa que se uniría a un rey glorioso y que el hijo que naciera sería llamado hijo de Dios…
-En realidad, de ser cierta esta versión, entiendo que aumenta el sacrificio de Jesús, humano, durante su misión que culminó exitosamente con la crucifixión otorgándole más realismo. Sucede los mismo con María, quién tuvo que soportar muchas vicisitudes no agradables para salvar al hijo que gestaba, y también, se potencia el comportamiento del bondadoso anciano José, quien cedió su negocio de madera a sus hijos y dedicó la mayor parte de su vida a salvar a María y a Jesús.
Olga, renuente a aceptar cualquier tema sin analizar – expresó:
– Sr. Reinaldo, discúlpeme si aparento ser atrevida, pero, si bien, esta historia me parece más realista e incluso más meritoria, para todos los protagonistas, no puedo dejar de advertir que todas estas circunstancias divinas se asentaron en la mentira, en el ocultamiento y en el engaño, además – dijo:
– No queda claro si María fue engendrada por Antípater o por el Espíritu Santo.
Las personas reunidas demostraron sorpresa y exhalaron el aire de sus pulmones, pero no dejaron de prestar atención, y Olga – continuó:
– Sin retornar muy atrás en el tiempo de los sucesos, creo que puedo comenzar con la actitud de Simón, quien, para asumir el cargo de Sumo Sacerdote concedió la autorización a su Hija Marianne para que se casara con el rey Herodes, conociendo su perversidad innata. Luego, no revela a su rey los requisitos exigidos para ser legítimo, condición que no reunía, pero que podría beneficiar a su hijo heredero Antípater si se casaba con la heredera de la casa de David. Simón, crea una artimaña novelesca para ocultar el casamiento del heredero al trono y la heredera de línea del rey David; por el lado de María, oculta su estado y el verdadero motivo que la llevó a la casa de su tía Isabel y Zacarías. Hasta que María habla con José, no se entera de los motivos que le llevaron a comprometerse con ella. Simón paga al templo la totalidad de lo estipulado para el compromiso, pero asienta en los libros que José debe medio siclo, con el fin de fraguar una realidad y creo que, no vale la pena revisar los constantes ardides del rey Herodes… Olga hizo una pausa y – continuó:
-Después de las revelaciones de Reinaldo sobre los dogmas de las religiones y estos comportamientos, que incluyen personajes fundamentales del cristianismo, podemos entender los motivos por los cuales el mundo está de esta manera, y no deseo imaginar los acontecimientos que viven las otras religiones abrahámicas y los demás credos… Entiendo, señor Reinaldo, que los acontecimientos no finalizan acá.
-No, sin dudas, que esta historia no finalizará ni cuando termine con el siguiente relato de Robert Graves: El príncipe Arquelao solicitó hablar con su padre, el rey, con urgencia, porque portaba importantes novedades. Cuando fue convocado, comunicó a Herodes que hace tres meses, nació en una gruta de Tamuz en Bethlehem de Efrat, quiero decir, no de Galilea, nació un niño y la gente de la localidad dice que es el niño de las profecías.
Herodes curioso – preguntó.
– ¿conocen a sus padres?
– Nadie supo decirme – contestó el príncipe y – agregó: -pero todos concuerdan que pertenecen a la casa de David.
Los dolores del parto comenzaron mientras pasaban por el lugar y tuvieron que refugiarse en la gruta por la inminencia del nacimiento; fue atendida por su criada, quien ante la cada vez más cantidad de personas que se congregaron, comentó que encontró intacta la virginidad de la mujer…
El príncipe Arquelao al enterarse urgió contarle al rey Herodes, y le sugirió: que promulgara un edicto refrendado por el sumo sacerdote, estableciendo que has decidido compilar un registro completo de la famosa casa de David, debido a muchas quejas que has recibido, porque ciertas personas reclaman fraudulentamente pertenecer a ella. Desde ahora en adelante, nadie que no pueda mostrar su certificado de haber sido registrado como davidita será aceptado como tal. Y añadió a su propuesta, que su padre ordene que el registro se haga en Bethlehem, en un plazo de tres semanas. Él se encargaría con las tropas a su cargo de ubicar y matar el niño de las profecías…
Como imaginarán, cuando José Emaús se enteró le preocupó, pero fue tranquilizado por María, quién le sugirió que confiara en el Señor y que el registro se realizaría recién dentro de diez días. En el día previo al inicio de los registros, tres judíos de Damasco, de la tribu de Isacar, llegaron al palacio y pidieron una audiencia al rey. Se presentaron como astrólogos y el rey consintió en recibirlos. Pertenecían a una secta que sostenía haber realizado un acuerdo con Dios por mediación de un espíritu llamado “El que vendrá” o “La estrella”, y que, según esperaban, se encarnaría pronto en forma humana… Uno de ellos dijo a Herodes:
– Tu nombre será glorioso para siempre, majestad, porque como dicen las estrellas, el príncipe ha nacido finalmente bajo tu benigno mandato; será tu heredero y reinará sobre todo Israel durante mil años. Sabemos que eres sensible a ese gran honor que te otorga el Señor, porque hemos visto las monedas acuñadas en tu casa de moneda, y en ellas se ve la estrella de seis puntas brillando sobre la montaña sagrada….
Herodes – preguntó: ¿Quiénes son los padres?
Ellos respondieron:
– Somos hombres ignorantes; pero como se sabe que será el rey de los judíos, pensamos que debe ser tu hijo o tu nieto. No creemos que el que vendrá descienda directamente de David; porque uno de nuestros maestros ha dicho: “Se llamará David, aunque no sea de la sangre de David”. Pues bien: finalmente ha nacido. Las estrellas no mienten… Informaron además al rey que nació en el último solsticio de invierno y en Bethlehem como anunció el profeta: “Y tú, Bethlehem, no eres menor entre los príncipes de Judá, porque de ti saldrá uno que reinará sobre mi pueblo de Israel”.
Mientras sucedían estos acontecimientos, en el palacio real se propagó la noticia sobre la supuesta muerte de Herodes, quien venía soportando dolencias graves. Muchos soldados y personas que sabían de la inocencia de Antípater, preso y condenado, trataron de liberarlo y ante el fracaso del intento, para congraciarse, con Aquelao, el jefe de la prisión mató al legítimo heredero, el bondadoso y justo Antípater.
María con mucho dolor al enterarse de la muerte del príncipe, no se arrellanó a la situación y tomó las decisiones que salvaran la vida de su hijo y de ellos…
… Los tres astrólogos de Damasco se lavaron, perfumaron y vistieron sus más ricas ropa. Luego aparecieron. Cuando, encontraron a María amamantando al niño, a quien rindieron silencioso homenaje, uno de ellos puso a sus pies una corona de oro de doce puntas, con una joya distinta en cada punta; correspondiente a cada una de las doce tribus, y susurró: en prenda de tu soberanía, Grande.
El siguiente depositó a la izquierda de la corona una vasija de alabastros que contenía mirra, y dijo: En prenda de tu amor, Grande.
Y el tercero puso a la derecha de la corona una caja de marfil con incienso olíbano, y dijo: en prenda de tu inmortalidad, Grande.
María con ojos lacrimosos agradeció y bendijo a los visitantes.
Poco tiempo pasó, cuando Arquelao entró en Bethlehem a la cabeza de un escuadrón tracio, y ordenó que no dejaran salir a nadie, mientras con el resto de los soldados separaban a los hijos de David y su familia para cumplir la orden de matar a los niños varones menores de dos años.
José y María, contaron con la ayuda de los nómades, hijos Rahab, y, por sugerencias de ellos, se despojaron de sus ropas y se vistieron con ropas desgarradas de los pastores, de esta manera pudieron pasar antes los soldados de Arquelao y salvar la vida del ungido. Finalmente, llegaron a Egipto, donde José comenzó a trabajar como carpintero, y también pudo casarse con María, porque Simón pagó la deuda del medio siclo.
Olga, atenta al relato de Reinaldo, volvió a plantear sus dudas:
– La revelación del ángel Gabriel, el casamiento de María y Antípater y el testimonio de Shelom, quien destaca la virginidad de la parturienta, contrasta con la posibilidad de la consumación del matrimonio con Antípater y ratifica la posibilidad de haber sido engendrada por el espíritu Santo. El relato tiene muchas contradicciones que lo convierte en una de las tantas versiones.
-Es verdad, pero las expresiones del ángel Gabriel no hablan específicamente del Espíritu Santo, y el padre pudo ser Antípater aun cuando, la partera haya afirmado la virginidad de María.
La voz de otro de los vecinos, también – opinó:
– Pareciera que el misterio se mantiene; si se casó con Antípater, es improbable que haya permanecido virgen y, por otro lado, si otorgamos crédito a la versión de Shelom, sobre la virginidad de María después del nacimiento de Jesús, crece la posibilidad de la versión oficial, aun cuando existan numerosos antecedentes paganos.
-El vecino, perteneciente a una religión protestante, – opinó: – Coincido con usted, en nuestro credo creemos incluso en la participación del Espíritu Santo en el embarazo de María, pero, insisto, no vemos motivos para otorgarle las prerrogativas de una cuasi diosa, casi iguales a las otorgadas a Jesús.
– ¡Señor Reinaldo! -gritó una mujer joven, y – agregó: – Nos dijo que existen varios dogmas, como el de la Virgen María, incorporados por los hombres y – finaliza preguntando: – ¿puede instruirnos al respecto?
-Me satisface verlos con ese interés, pero creo que se hizo tarde, y muchos deben tener compromisos y obligaciones.
Un señor mayor, por la indumentaria que vestía, mostraba su humildad y pulcritud al igual que la mujer sentada a su lado; ambos, con muchos años sufridos sobre su espalda, – preguntó con amabilidad
– ¿Señor, las religiones, los santos, e incluso Dios no pueden hacer algo para mejorar la situación de nuestra patria, que duele? Duele mucho. Hizo silencio unos segundos, y, contundente, -agregó:
– ¡Que nadie se confunda, soy pobre y apenas subsisto, de igual manera que hacen la mayoría de los jubilados! Suspiró, en medio del tenso silencio, y con voz más baja, – agregó:
– Siempre fui pobre y pasamos más o menos necesidades, pero el aire que respirábamos era diferente y a todos nos contagiaba la solidaridad y la tolerancia, cada uno con lo suyo y todos vivíamos felices y la patria no dolía, no sufría y ¿ahora? ¿qué pasó? Ahora el aire es más pesado, cuesta respirarlo, en el aire flota el odio y la intolerancia y, me parece, o puede ser que esté equivocado, pero antes importaba ser buena persona, no importaba que pensara diferente, antes las peleas eran de ellos, de los ricos, no de nosotros. Antes, ¡sólo vivíamos, pobres, y claro que queríamos progresar, y muchos tuvimos la suerte de poder enviar nuestros hijos a la universidad, ¡hasta eso nos permitía la pobreza! Pero, ¿ahora? Qué le pasa a mi pobre patria, ¿qué le hicimos? me duele reconocer que, a veces, ya ni da gusto vivir…
El silencio sumió en la reunión. Después de las sentidas palabras del humilde vecino, Jesús giró su rostro para mirar a su Padre y encontró sus ojos fijos en los suyos… Olga – decía:
– Las justas palabras llenas de emoción y de reclamos del vecino nos invitan a una profunda reflexión y, creo que debemos hablar sobre eso en la próxima reunión.
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