La caída del poder adquisitivo cambió los hábitos de consumo en los hogares argentinos. Las familias compran menos cantidad, priorizan comercios de cercanía y eligen marcas más económicas.
El argentino se adapta. La mayoría no tiene ingresos para llegar holgados a fin de mes. Y entonces surgen los atajos y los “rebusques” como dice el argento promedio. “Las familias reducen el tamaño de las compras, postergan gastos y migran hacia segundas (¡y terceras!) marcas y comercios de cercanía para administrar mejor el presupuesto mensual”, sostuvo un informe conocido estos días y publicado por BaeNegocios.
“Sí, hay que rebuscarse”, admite Gloria Fernandez una mujer en Posadas que vive en un barrio Iprodha y que cría sola a sus tres hijos. “Tengo una changa semanal y mi ex marido me pasa la obra social para los chicos. Con la comida, vamos tirando: recurrimos mucho al pollo que está barato. Por caso, un día uso dos o tres patamuslos y con una cebolla y un poco de arroz (que consigo a mil pesos el kilo) sale un guiso que es para chuparse los dedos. Y así, vamos…”
Para tener una idea, un kilo de patamuslo puede estar en torno a los 3.500 pesos o 3 kilos x 10 mil pesos.
Según la consultora Scentia, el consumo masivo cayó 5,1% interanual en marzo y acumuló una baja de 3,1% en el primer trimestre de 2026. En paralelo, el Indicador de Consumo de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) registró una retracción de 1,3% frente al mismo mes de 2025.
Así, pues el consumidor no dejó de comprar, pero empezó a hacerlo de otra manera. Menos visitas al supermercado, canastas más chicas, segundas marcas en el lugar de las líderes y el almacén del barrio como nuevo centro de preferencia: lo que comenzó como una respuesta al cambio económico del año pasado, se consolidó como un patrón estructural de comportamiento. Los datos del primer trimestre de 2026 confirman que esa transformación no es transitoria.
Igual: hay que decirlo. Ni los negocios de cercanía están bien. La mayoría apenas sobrevive. Reponen mercaderías, buscan precios en mayoristas y también van tirando. “Viene el repositor -dice Juan, dueño de un autoservicio en la zona sur de Posadas- y me trae precios nuevos. Y le digo que no. No puede ser que las empresas lácteas sigan subiendo, así que no. Buscamos segundas y terceras marcas y la gente acepta. No quiere pagar más. Porque no tiene…”
Para verlo en números: Los autoservicios independientes (como el de Juan) bajaron 5,1% en marzo y 4,4% en el período. Los kioscos y comercios tradicionales retrocedieron 4,5% frente a marzo de 2025.

El deterioro del poder adquisitivo aparece como el principal factor detrás de la contracción. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) acumuló 9,4% en el primer trimestre, mientras los ingresos crecieron por debajo de la inflación en gran parte de los hogares.
El impacto golpeó con más fuerza a las grandes cadenas y mayoristas. Scentia informó que los supermercados acumularon una caída de 5,4% en el trimestre y de 7% en marzo. Los mayoristas mostraron el peor desempeño, con una baja interanual de 8,8% en el mes.
También retrocedieron los autoservicios independientes y kioscos, aunque el comercio electrónico logró sostener una fuerte expansión. El e-commerce creció 34,3% interanual en marzo y se consolidó como el único canal con mejora significativa.
Por categorías, los productos vinculados a limpieza y hogar encabezaron las caídas, seguidos por perecederos, desayuno y merienda, higiene personal y alimentos básicos.
Detrás de los números de caída hay un cambio de conducta. Un informe de Worldpanel by Numerator publicado a fines de 2025 y con proyecciones para 2026, detectó que el consumidor argentino no abandonó masivamente las categorías de productos, pero redujo la frecuencia de visitas a los puntos de venta un 8,2% en el último trimestre y achicó el volumen de compra un 4,7% en el mismo período. Las canastas de alimentos secos, lácteos y refrigerados mostraron mayor resistencia por su carácter esencial.









