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jueves, abril 16, 2026

El fin de una era: Arcor y Danone se quedaron con La Serenísima

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La firma láctea número 1 del país que durante casi un siglo perteneció a la familia Mastellone pasó a manos de la cordobesa Arcor y la francesa Danone. Anteriormente, esta última se había quedado con el negocio de las aguas envasadas: La Serenísima había irrumpido en los ’90 con su marca de agua Villa del Sur. Luego en en esos mismos años, bajo el ala de Danone (líder mundial en aguas) surgió la saborizada Levité y todo cambió. Mastellone llegó de Italia en 1925 y con sus conocimientos cambió para mejor el negocio y la alimentación nacional

Arcor y Danone ya tenían el 49 por ciento de La Serenísima. E insistían por el resto. En esos días de marzo de 2026 se pactó el acuerdo final: los Mastellone dejan el negocio lácteo (como antes habían abandonado el de los yogures y postrecitos y luego el de las aguas envasadas) y abandonan definitivamente la actividad central de su existencia. Se trataba de la venta de productos lácteos en especial leche, quesos y mantecas de alta calidad y muy apreciados en el mercado nacional por los consumidores.
El negocio lácteo argentino suma un capítulo clave. Arcor y la empresa francesa Danone, dieron un paso decisivo al quedarse con la totalidad de Mastellone Hermanos, la compañía insignia detrás de La Serenísima, y consolidan así el control total de una de las firmas más influyentes de la cadena. Hay que recordar que Mastellone era una de las pocas firmas lácteas que apostaba por el «bienestar animal» (el cuidado para las vacas proveedores de leche) como una forma de adaptarse a los nuevos tiempos con exigencias que antes no había.
En términos operativos, la jugada abre una nueva etapa para la firma láctea, con impacto directo en toda la cadena: desde la producción primaria hasta la llegada al consumidor.


Desde Danone, su CEO global Antoine de Saint-Affrique puso el foco en el valor estratégico de la alianza. «Estamos muy satisfechos de llevar nuestra alianza de largo plazo con el grupo Arcor al siguiente nivel. Esta alianza refuerza nuestro compromiso con el mercado argentino y con América Latina», afirmó.
La Serenísima con esa especie de óvalo rodeado por una cinta roja y acostado de fondo verde y letras blancas. dicen que Antonino Mastellone aún viviendo en Italia en 1918 se enteró de una flotilla de aviones italianos que llevaba ese nombre sobrevoló Austria (algunos pensaban que para bombardear pero era para repartir folletos que pedía la paz) y se prometió: el día que tenga una empresa le pondré ese nombre (con doble S).

Antonino Mastellone y Teresa Aiello aparecen en la imagen institucional


Mastellone Hermanos fue fundada en 1929 por Antonino Mastellone y Teresa Aiello, por lo que en 2025 cumplió 96 años de actividad. Con La Serenísima como marca insignia, desarrolló un extenso portafolio de productos que incluye leche, dulce de leche, ricotta, quesos, manteca, crema, yogures, postres, cremas y otros alimentos.
Con su tradicional planta industrial de General Rodríguez y otros establecimientos industriales procesa más de 3,8 millones de litros de leche por día, según la web de la empresa, que se destinan tanto al mercado interno como a la exportación.

Una historia con quesos

Antonino había nacido en Piano di Sorrento, un pequeño pueblo napolitano, el 12 de diciembre de 1899. Su familia se dedicaba a la pequeña producción de quesos. Antonino estaba decidido a continuar con el negocio familiar y para eso estudió en Milán nuevas técnicas de elaboración de quesos. Más tarde trabajó en una quesería en Cerdeña y consiguió un título de técnico en la especialidad.

Antonino Mastellone se casó en 1929 con la también italiana Teresa Aiello

Ya instalado en 1925 en Argentina, Mastellone se mudó a General Rodríguez en 1927, para iniciar con el proyecto que le cambiaría la vida. Al poco tiempo llegó desde Italia su hermano José y juntos pusieron manos a la obra, al elaborar  mozzarella, ricota y provolone, que eran tres tipos de quesos poco comunes en nuestro país.

El impulso definitivo vino de la mano de una mujer, María Teresa Aiello, quien contrajo matrimonio con Antonino en 1929. A partir de ese momento, lo que comenzó como un pequeño emprendimiento, se transformó en una empresa. La llamaron La Serenísima.tal como se había prometido Antonino. El logo de la empresa portaba los colores de la bandera italiana: verde y rojo.

Los comienzos fueron muy artesanales. Los productos elaborados se repartían casa por casa. Comenzaron a venderlos, primero, en la comunidad italiana residente en Argentina para luego abrirse a los comercios. Paciencia y constancia eran las cualidades que emergían.

La logística de distribución comprendía el viaje en tren hasta la terminal de Once (más de cincuenta kilómetros), cargando gran peso en mercancía. Desde allí, empleaban el tranvía para realizar las ventas en distintos puntos de la Capital Federal.

El primer camioncito era un Fiat usado que Antonino compró para llevar sus productos a la Capital Federal

En 1935, gracias al incansable esfuerzo del matrimonio Mastellone, La Serenísima incorporó el primer camión de reparto: un FIAT 614 usado que en algunas pendientes de la ciudad necesitaba ser empujado. Pero, ese era un detalle mínimo frente a la posibilidad de llegar a más negocios y aumentar las ventas.

A medida que la compañía crecía también lo hacía la familia. Teresa y Antonino tuvieron seis hijos. Todos colaboraron con la empresa familiar. Pero el crecimiento de la compañía demandaba más brazos y más capital a comienzo de los años 40. Fue entonces cuando se sumaron José De Blasio y Genaro Monti Sorrentino para aportar dinero y trabajo, conformando la SRL. Lo mismo ocurrió con los proveedores. La Serenísima podía jactarse de contar con los mejores tamberos de la zona.

En 1952 falleció Antonino y, por decisión de doña Teresa, Pascual Mastellone, el hijo mayor, se hizo cargo de la conducción. 

La década siguiente fue un espiral ascendente en la historia de La Serenísima. Pascual Mastellone, continuando con la tradición familiar, le dio un impulso a la compañía, no sólo a través de la incorporación de nuevos productos, sino también ampliando las medidas de control de calidad en búsqueda de la excelencia.
Pascual falleció a los 84 en 2014.

El recorrido fue impecable. La tradición que Antonino trajo de Italia fue respetada a rajatablas. Es la vara que tratarán de mantener bien alta los nuevos propietarios.

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