Se inició en 1986 en el terreno que donó una enfermera del Hospital Madariaga. Primero (en los años 80) fueron dos casas Ñande Roga. Pero al llegar al primer decenio del nuevo siglo la decisión estaba tomada: se construiría un edificio de varios pisos. Todo impulsado por los proyectos que se incubaban y el impulso de Omar Ratti el empresario de la construcción que dio la mano que hacía falta
Este año en septiembre se cumplieron los 40 años del Hogar Madre Teresa de Calcuta, un albergue que recibe a personas que son del interior de Misiones y que no poseen obra social mientras ellas son atendidas junto con un acompañante. En la entrega anterior (ver más abajo) se vieron los comienzos. Y cómo la enfermera Blanca Cherey pierde su vida en un accidente. Así, no pudo disfrutar mucho, Cherey de su departamento en la chacra 32/33 del barrio Iprodha. Pero mientras, los trámites no se detuvieron. Ella había entregado su terreno para que se hiciera un albergue para los que nada tenían y venían a atender a familiares internados. Pero luego de recibir su departamento del Iprodha muere en un accidente callejero.
“En mi caso, fue extraño. Había tenido una enfermedad rara: perdí la voz y quedé de licencia todo el año. Pero no dejé de trabajar en el Hogar”, recuerda hoy 35 años después Aída Beyer de Carlés.
“El estatuto lo redactamos en casa. No sabíamos mucho (sobre esas cuestiones formales). Así que fuimos haciendo como podíamos” añadió.
Al final, sale la famosa acta. Una declaración de traspaso de terreno a personas que quieren tener un hogar de tránsito o albergue para enfermos y acompañantes internados en el Hospital.
Estaba claro: su casa heredada estaba en condiciones muy precarias.
“¿Fueron a pedir una Ñande Roga?” (las viviendas de madera que el gobierno de entonces impulsaba).
“No, pedir (que nos regalen) no. Estaba el padre Gris como provincial, y dijo ‘Hay fondos para América latina’. Y hay una posibilidad de que se pida a una organización internacional que ayuda”.
Y se pidió y llegó.
“Y con eso (ese dinero) se compró la Ñande Roga. No fue donación de gubernamental sino de católicos del mundo. Una ONG (alemana) Adveniat fue la que dio la donación”, acotó.
Así llegó la transferencia de fondos.
“Recibimos juntos el dinero. Mandamos a hacer con una persona los planos pero después se perdió todo con el incendio de la Municipalidad. Y nunca teníamos los planos. Queríamos ampliar y venirnos para el fondo”, recuerda avatares pasados, Beyer de Carles.
La primera vivienda sirvió para las mujeres. Esa estuvo al fondo del terreno en su parte más hundida.
Y por el costado (en perpendicular a la calle) estuvieron las mejoras para que queden los varones. “Ahí hicimos una galería con habitaciones de hombre.
Y adelante con la fachada que se conoce y con la sala de recepción”.
El primer paso estaba dado.
El Hogar Madre Teresa de Calcuta empezaba a hacerse realidad.

Aida recuerda a Raúl Valenzuela quien fue con su esposa Celia Soto ya que ella trabajaba con Estadísticas del Hospital. “Ambos participaban. Empezamos a invitar a gente para armar la CD. Teníamos que juntar 50 socios para tener personería jurídica y otros elementos”
Cuando se decide la transferencia del bien (básicamente el terreno con las humildes mejores) a nombre del futuro Hogar, hubo varias instancias formales que cumplir.
-¿Y qué pasa con los trámites en la transferencia del inmueble?
“Antes, estando en vida ella, hubo que ir a San Ignacio”.
-¿Para qué?, quiere saber el cronista.
Y allí vivía el hermano de ella, Ramón Cherey. Y tenía hijos. Era –como lo dice la ley argentina- el heredero universal al 50% del terreno de su madre.
“Pero el hermano de Blanca Cherey no puso objeciones. Ninguna. Y expresó que él aceptaba la voluntad de la madre y de la hermana. Y que no había ningún problema. Y puso el gancho. Y ahí agarra un abogado que se hacía cargo de la transferencia”.
Entonces ahí fueron a la escribanía y ella hace la propuesta: “si no conseguíamos la personería jurídica, volvería todo a ella (a Cherey)”.
Y el juicio sucesorio entra en esa fase límbica donde los trámites se detienen y no avanzan por siglos (o esa es la sensación, al menos).
“Un día viene, le pedimos al abogado que saque del juzgado el expediente y se lo lleva a la escribanía Fernández Sosa (avenida Cabred)”.
La escribana ya cursaba un cáncer. Pero su intención persistía: “Ya te voy a hacer”, era su mensaje.
Y luego se muere.
“Y vamos a hablar con el hijo Yayi.
“No, lo que mamá prometió, lo haremos nosotros”, fue su respuesta.
El problema era que los papeles no estaban. No aparecían.
Nadie los encontraba. No tenía testigos y Aída en persona lo había llevado y entregado en mano propia a la escribana.
Breve interregno.
(Justo hace pocos años atrás, los Cherey -hermano y sobrinos de Blanca- pidieron por ese departamento de Blanca en Posadas, porque alguno de ellos iba a venir a estudiar a Posadas. El problema era que ella lo estaba pagando. Y al fallecer, eso quedó perdido y es probable que haya vuelto al Iprodha. Y era Blanca la que pagaba. No pidió que le regalaran. Y la gente de San Ignacio pensaba que eso quedó a nombre del Hogar).
Fin del interregno
Lo anterior era un acta de transferencia muy precaria.
(Aída posee una copia que mandó plastificar de esa acta de transferencia precaria. Es como una constancia de los difíciles momentos y de los obstáculos documentales pasados. Ahí está. La tiene. La muestra. Es una forma de recordar todos los momentos vividos).
Que ¿cuánto tiempo llevó todo este proceso? “Y, la donación es del 86 y el título sale en 1998”. O sea, tardó doce años.
Cuando al final van a buscar, el expediente no aparecía por ningún lado.
Hasta que, tras mucho buscar, se lo encuentra en la Escribanía.
Pero ahí descubren que no estaba terminado el trámite.
Tardan otros dos años más en hacerlo. Y cuando la sucesión termina saliendo, la cosa se apura.
“Y pagamos una especialista (Bertolotti) que nos sacó en seis meses. Se llevó al escribano. Y, al final, con los papeles en regla y la presencia de integrantes de la CD se firmaron los comprobantes”.
Abril de 2021. Otro testimonio.
“Mi nombre es Hugo Lavallén y quiero dejar constancia de mi experiencia en el Hogar”. El hombre aclara que es de Eldorado.
“En primer lugar, muchísimas, muchísimas gracias de que exista un lugar así. Es de muchísima ayuda para quienes como en mi caso, lucho contra el cáncer desde 2015 y nos hemos quedado sin recursos.
“La atención ha sido excelente en todo sentido:
En el trato que ha sido muy bueno. Se nos ha tratado con respeto y cariño; con amabilidad, algo tan necesario para nosotros que de por sí, luchamos contra enfermedades difíciles. Que se nos trate bien nos hace sentir bien para poder sobrellevar mucho mejor nuestra enfermedad

Con mi esposa queremos dejar constancia de nuestro aprecio a: Rosalina, Evelyn, Yamila, Sonia, Claudia y quizás nos olvidemos de algún nombre. También muchas gracias a Sebastián y Gabriel. Todos contribuyen a dejar este hogar muy limpio y agradable.
“A quienes fueron de la idea de un lugar así ¡FELICITACIONES!
“A quienes sostienen un lugar así: muchísimas gracias (Mateo 25:34-40 hace referencia a la parábola del fin de los tiempos ‘lo que hicieren con los más pequeños, a mí me lo hacen, porque tuve hambre y me diste de comer; tuve sed me diste de beber; estaba desnudo y me vestiste; estaba sin casa y me diste alojamiento’).
Los años sin papeles, pero con atención
Así, desde 1986 hasta 1998, el terreno estuvo en una nube. Pero el Hogar como tal ya funcionaba.
“Eran espinas y por otro lado veíamos cómo funcionaba el Hogar”, reflexiona Beyer de Carles.
Claro era “en el aire”; pero funcionaban, gracias al aporte de los socios. “Hacíamos empanadas, pollos, arroz con pollo. Rifábamos todos los regalos de cumpleaños. Era divertido. Con la hermana Virginia a la cabeza, ya que ella era poseedora de una energía impresionante…Ahora está jubilada”.

“Teníamos una cuidadora con esposo. Muy artesanal (casi amateur) era todo”.
Pero volvían los malos tiempos y “decidimos cerrar. Porque el Ministerio nos daba 500 pesos para pagar a esa familia de cuidadores. Y de golpe, nos cortó”.
Y siguieron “pichuleando” subsidios. Pero no eran cifras significativas.
“Así que seguíamos a puras empanadas, aportes de los socios y así”.
Continuará
Cómo colaborar con el Hogar
Una de las forma para colaborar con este Hogar es haciéndose socio. Para esto el celular de contacto es el 3765-076795.
La cuota mínima mensual es a partir de 5000 pesos.
También se puede realizar un aporte económico por única vez a la cuenta corriente especial en pesos de la Asociación Cooperadora “Madre Teresa de Calcuta” N° 400109410538763 ó alias RAVIOL.PASION.ARROZ del Banco MACRO S.A. CBU: 2850001040094105387638. CUIT: 30-68784092-1
Además se pueden hacer donaciones de ropas, artículos de higiene personal, alimentos no perecederos, artículos de limpieza y de lavandería o consultar necesidades actuales. Las donaciones se pueden entregar en el edificio del Hogar de lunes a viernes de 6 a 21 horas.
El Hogar está en Ambrosetti 1534 a media cuadra de Avda. López Torres frente al antiguo acceso del Hospital Madariaga.








