El Hogar Madre Teresa de Calcuta de Posadas acaba de llegar a sus cuatro décadas de existencia. Como antes, como siempre, Aida Beyer ha estado allí. Y puede contar que tiene una extensa trayectoria de avances y tropiezos a lo largo de estos 40 años. Y merecía rememorar algunas de las instancias que lo llevaron de esas humildes viviendas Ñande Roga al edificio de cuatro plantas que se yergue orgulloso hoy a media cuadra del Parque de la Salud, por la calle Ambrosetti
Junio 2026.
Evelin va a cumplir quince años. Pero esa maldita insuficiencia renal la hace parecer más niña. Ahí está: en el Hogar Madre Teresa de Calcuta de Posadas la reciben desde hace cuatro años. La diálisis es dolorosa pero ella lo ha asumido con resignación y dignidad. Cuando puede, baja a la planta baja -y como cualquier adolescente- le pide el celular a su tía y accede al wi-fi y puede jugar un rato.

El 3 de junio Evelin pudo festejar su quince: el esfuerzo de muchos consiguió que la fiesta fuera un éxito. Entre los músicos que vinieron, el vestido comprado en una de esas tiendas chinas de internet, la torta de quince, los adornos y los regalos, todo hizo que su fiesta fuera inolvidable.
“Por ello, quisimos que, por un momento, las preocupaciones dieran lugar a la alegría, los abrazos, las risas y la emoción de celebrar sus quince años, un momento único que merece ser vivido con amor y esperanza”, dijeron en el Hogar.
Y así fue.
Septiembre de 2020.
Cristian Ezequiel Correa es de Campo Grande y aunque es muy joven tuvo que dejar todo para acompañar a su madre Cristina González. “Este año fue y está siendo duro para todos nosotros –dice-: yo, como hijo de Cristina sentía un vacío muy grande al enterarme de la enfermedad de ella; pero esto no fue motivo de bajar los brazos. Nos levantamos y comenzamos a luchar”.
Su madre tenía cáncer y debía recibir el tratamiento en el Instituto Misionero del Cáncer (IMC) del Parque de la Salud.

“Nuestro primer gran desafío fue partir de casa; dejar de lado los estudios y partir hacia Posadas sin saber nada. Un doctor nos habló de la posibilidad de quedar en el Albergue y así fue. Teníamos inseguridad, miedo, pero seguimos y fuimos fortaleciendo la confianza”.
Vinieron, comenzaron el tratamiento y sí, entre quimio y quimio, se alojaban en el Hogar Madre Teresa de Calcuta. Que los recibió y les dio un cobijo mientras el tratamiento se realizaba a pocos metros de allí.
En el Hogar los fueron conociendo. “Hasta sabían qué nos gustaba y qué no; cuando estábamos bien o mal”, describió.
Han pasado los meses y la pregunta surge: ¿Cómo está la situación de Cristian y su madre?
“Hoy, gracias a Dios estamos a punto de partir nuevamente hacia nuestras casas, pero sentimos mucha alegría por haber pasado por este Hogar lleno de principios y valores”.
Y como en una vieja canción, su despedida es sencilla y emotiva: “En nombre mío y de mi madre no nos quedan más palabras que de agradecimiento. ¡No es un adiós sino un hasta luego!”
El comienzo es el fin
Finales de los años 80 del siglo pasado.
Blanca Cherey salió esa mañana de su departamento de la chacra 32/33 de Iprodha y decidió no tomar el colectivo. Fue caminando hacia el Hospital a donde realizaba su trabajo de asistente en radiología. En algún punto, una camioneta (una chatita, como le decían entonces) la atropella. El mismo conductor la levantó. Y la dejó cerca del barrio donde vivía.
En realidad, fue todo confuso. Apenas, se supo que luego apareció una ambulancia que la llevó finalmente al Hospital Madariaga. Toda maltrecha y de allí, la llevaron al Sanatorio Nosiglia. Eso es lo que se sabe.
Al poco tiempo, su cuerpo lastimado por los golpes no resistió más y falleció.
Blanca estaba satisfecha. Tras una vida en una precaria casita sobre la calle Ambrosetti a media cuadra de la puerta principal del Hospital (en ese entonces, el ingreso era por López Torres), luego de fallecer su madre, había decidido completar el deseo de ella: había que donar el terreno para que se hiciera un albergue para los pacientes y acompañantes que venían del interior al Hospital y no tenían donde pasar la noche.
Claro, ella estaba de acuerdo. Pero ¿a dónde iría ella?
Así fue que un grupo de bienintencionados voluntarios que ayudaban allí encabezados por el padre Jaime Verwark y la hermana María Virginia, le acercaron una propuesta.
Ella entregaba el terreno, ellos le gestionaban un departamento en el Iprodha.
“¡Ni pensarlo más!”, dijo. “Acepto”.
La buena mujer que había trabajado su vida en el Hospital en tareas de radiología vio la gran posibilidad de acceder a un departamento. “Yo no quiero que me regalen: no hay problemas. Tengo sueldo y puedo pagármelo”.
Testigo en todo momento
Mediados de 2021.
“Lo primero que recuerdo son las luchas”.
Es como la canción “Cuando comenzamos a nacer” de Charly García. La pregunta es sencilla: “Qué es lo primero que recordás” y Aida Beyer Carlés responde eso. Las luchas. Los esfuerzos.”
Aunque su cargo formal es de Tesorera en la entidad, todos saben que se trata de una verdadera factótum (o como dicen en el Alto Uruguay, una faz-tudo). Ha estado siempre en el Hogar y es la que más conoce los entresijos de historias increíbles.
Claro, para ella, no es cuestión de creer o no; ella es una mujer de fe.
“Había mucha gente que tenía un gran impulso y quería hacer algo. Pero nunca se llegaba a concretar porque hay que formar una Comisión Directiva; hacer una asociación, tener la personería jurídica”, explica la sempiterna Tesorera y organizadora de los papeles que es Beyer de Carlés, profesora (retirada) de Economía y Contabilidad y por lo tanto, habituada a los papeleos, formularios y notas. Ella tenía que ser. No había otra. Y desde hace 40 años.

“Esto se fue dando en el contexto de ocuparse en la Pastoral de la Salud y trabajábamos con el padre Jaime Vorwerk”. Se refiere al cura norteamericano que sirvió 50 años principalmente en el ámbito de la vicaría del Hospital y que se retiró en 2019.
“Las hermanas Siervas del Espíritu Santo tenían su lugar en el Hospital. El cura tenía su capellanía y ahí vivía. Era en lo que es hoy el Banco de Sangre. Padre Jaime era el capellán designado”, explicó.
“Había otros que tuvieron la idea, pero no avanzaba. En mi caso, estaba trabajando en la Pastoral con el Padre Jaime. Y él me insistía: “Tenés que ir; son los jueves. No sabía que me estaba metiendo en algo que iba a ser para toda la vida (se sonríe)…”
Empezaron a moverse en 1986 y en el 88 arrancó a funcionar el Hogar.
“Andando y andando y hablando con Vicegobernador y con gente del Iprodha buscábamos tener la vivienda porque el terreno ya lo habíamos conseguido”. Era el de Blanca Isabel Cherey.
Luis María “Neneche” Cassoni era el vicegobernador y se empezó a buscar por ahí. “Pero no recuerdo mucho porque además de familia, criar hijas, atender la casa, estaba trabajando afuera. Era docente en secundario de materias económicas (Contabilidad)”. En Escuela Comercio 1 y el Instituto Santa Catalina, añade Aída.
“Recuerdo a nuestro primer presidente Ramón Oscar “Cacho” Piriz, joven casado con la secretaria de la capellanía del padre Jaime, una chica de apellido Mondo (María Inés). Hizo su gran aporte ya que podía realizar trámites, consultas en horarios comerciales. Él estaba dedicado sólo al Hogar. Y fue así que empezamos. Ellos luego marcharon a Eldorado”

El Hogar Madre Teresa de Calcuta arrancó con la hermana María Virginia Coronil y el padre Jaime que además era el asesor espiritual…
Se buscó por todos lados una vivienda. Aida recuerda que se buscó por López Torres y Buchardo pero eso era muy lejos…
“No era nuestro interés hacerlo EN el predio del Hospital porque siempre tuvimos una impronta independiente. Y creo que todo fue guiado por Dios”, acota.
Ahí es cuando conocen a Blanca Cherey.
“Las chicas que trabajaban en el Hospital la conocían a ella. Los de la Pastoral de Salud tenían ese voluntariado en el alma. Y conocieron a Blanca. Ella se sumaba a las reuniones y a las misas. Nos reuníamos en la capellanía de Jaime. Y es Blanca la que sugiere. Teníamos la idea y las ganas. Y salió lo de ella”, recuerda Aída.
Para ella (Aída), mujer de fe si las hay, no quedan dudas: “Hubo una mano divina”.
El relato fue de María Virginia Coronil. “Entraron a rezar y Blanca le dijo a María Virginia: “Ya sé qué vamos a hacer. Quiero donar mi terreno, porque mi mamá siempre quiso que se use para una obra de caridad”.
La madre había fallecido y le había expresado esa voluntad. La casita muy precaria de madera y poco menos que se estaba por caer.
Aída memora que iba con sus dos hijas entonces y ellas jugaban en el patio. “Fuimos a visitarla a Blanquita y pasar un rato con ella”.
El terreno ‘caía’ para atrás. Tenía una pendiente negativa (el frente era más alto que el fondo). Hicieron falta cien viajes de camión con cargas de tierra para el relleno.

“¿Cómo era Blanca?”, inquiere el cronista.
“Tenía pelo oscuro, con algo de rulos. Era blanquita como su nombre, un poco gordita. No era una persona muy alta. Era una persona con mucha bondad. Ella era asistente de radiología”, es la descripción de la mujer que permitió todo y de la que –hasta el momento de redactar esta nota- no queda el registro de una imagen siquiera.
“Ella quería a cambio un departamento de Iprodha. Pero que estaba dispuesta a pagar las cuotas. Y salió uno de la chacra 32/33”, señaló Beyer de Carlés.
“Cuando todo se concretó, ella estaba muy contenta. Recuerdo (como si fuera hoy) que dijo: ‘Por fin voy a poder dormir con la ventana abierta’”.
(Esta historia continúa)
Cómo colaborar con el Hogar
Una de las forma para colaborar con este Hogar es haciéndose socio. Para esto el celular de contacto es el 3765-076795 o al teléfono fijo 4436559; o bien vía e-mail a info@hogarmadreteresa.org.ar. La cuota mínima mensual es a partir de 5000 pesos.
También se puede realizar un aporte económico por única vez a la cuenta corriente especial en pesos de la Asociación Cooperadora “Madre Teresa de Calcuta” N° 400109410538763 ó alias RAVIOL.PASION.ARROZ del Banco MACRO S.A. CBU: 2850001040094105387638. CUIT: 30-68784092-1
Además se pueden hacer donaciones de ropas, artículos de higiene personal, alimentos no perecederos, artículos de limpieza y de lavandería o consultar necesidades actuales. Las donaciones se pueden entregar en el edificio del Hogar de lunes a viernes de 6 a 21 horas.
El Hogar está en Ambrosetti 1534 a media cuadra de Avda. López Torres frente al antiguo acceso del Hospital Madariaga.








