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viernes, abril 17, 2026

El milagro de las gemelas, la enfermera y el abrazo salvador

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Habían nacido con menos de un kilo cada una y fueron a incubadora. Una, reaccionó enseguida y empezó a ganar peso y color. Todos sus signos evolucionaron bien. Pero la otra, pobrecita, nada parecía mejorarla. Ya en las últimas, con la madre desesperada y pidiendo a la enfermera que hiciera algo, ésta se acordó de un método europeo: sencillo y eficaz pero no permitido en Estados Unidos: ponerlas juntas….

“Recuerdo  aquel 17 de octubre de 1995,  amaneció lloviendo en la ciudad de Worcester (Massachusetts). El tiempo olía a otoño y a hojas caídas. Ese día me asignaron en la unidad de cuidados intensivos neonatal. Trajeron a dos hermanas gemelas de tan sólo 28 semanas de gestación. Kyrie de 980 gramos y Brielle de 900 gramos. Colocamos a cada una de las niñas en su respectiva incubadora y comenzamos con los cuidados habituales. Por entonces todos los bebés nacidos de partos múltiples se mantenían separados para prevenir infecciones. Terminé el turno y allí quedaron las pequeñas alejadas una de la otra a un par de metros de distancia”.

Antes, en el momento más dramático de sus vidas y ahora, ya frisando los 30 años, las mellizas Jackson

Así comienza el relato la enfermera Gayle Kasparian. La historia data de hace 30 años.

En 1995, esta enfermera infringió las normas del hospital al colocar a una recién nacida en la incubadora de su hermana gemela. No se esperaba que la bebé sobreviviera.

Kyrie y Brielle Jackson nacieron 12 semanas antes de tiempo en un hospital de Estados Unidos. Cada una pesaba poco menos de un kilo.

Las colocaron en incubadoras separadas, práctica habitual para prevenir infecciones. Kyrie se recuperó. Brielle no.

Tres semanas después del nacimiento, Brielle entró en estado crítico. Su nivel de oxígeno bajó. Su ritmo cardíaco se disparó. Su piel se volvió azul grisácea.

Brielle ya no daba más. Su color cianótico era evidente. Hasta que llegó el abrazo y el calor de la hermana

“Casualmente volví a esa unidad unas tres semanas más tarde. Allí seguían las gemelas, las hermanas Jackson, continuó Kasparian, “Kyrie mantenía sus constantes estables, una curva de peso ascendente y un hermoso color sonrosado. Sin embargo, su hermana apenas ganaba peso, presentaba dificultad respiratoria, problemas cardíacos y una coloración pálida que no gustaba a nadie”.

Parecía que solo una iba a sobrevivir. “Sabíamos que el estado de la Brielle era bastante frágil. Los doctores no daban muchas, por no decir ninguna, esperanzas de vida a esa niña. De repente la pequeña Brielle empeoró. Parece que estoy viendo el rostro de la madre, Heidi, asustada con las manos en la cara, contemplando a su hija. Su bebe respiraba con dificultad, inspiraciones profundas e irregulares, gasping. Los niveles de oxígeno descendían de forma alarmante, los músculos se contraían, una taquicardia grave disparó la alarma de la incubadora. ¡Por favor haga algo!,  suplicaba la madre”.

Mama Heidi sonríe cuando todo lo peor ya había pasado

La enfermera Gayle Kasparian lo intentó todo. La sostuvo en brazos. Le pidió a su padre que la sostuviera. La envolvió en una manta. Nada funcionó.

Kasparian recordó haber oído hablar de una práctica utilizada en algunas partes de Europa, pero nunca aplicada en hospitales estadounidenses. Colocó a Brielle en la incubadora de Kyrie.

“Empecé a aspirarle, apenas había secreciones. Comprobé el pulxiosimetro que medía el oxígeno en sangre, funcionaba correctamente. Los bracitos de la niña y sus delgadas piernecillas iban tomando un preocupante color azulado, cianótico. Aumenté el nivel de oxígeno en la incubadora. Nada. Nada. ¿Qué hago? Me preguntaba sin cesar. De pronto, recordé las palabras de un compañero hablándome de una práctica común en Europa, desconocida en América. Poner juntos a los hermanos, los prematuros, en la misma incubadora compartiendo la misma manta”.

Era una posibilidad, pero ella no decidía.

“Pero yo estaba sola. La supervisora había salido a una conferencia. No podía tomar decisiones de ese calibre sin consultarlo. Me arriesgué. Había que estar allí viendo el llanto de la madre convencida de la inminente muerte de su hija. Entonces  le ofrecí esa única idea.

─Déjame intentar poner a Brielle con su hermana para ver si eso ayuda ─dije en un intento desesperado─. ¡No sé qué más puedo hacer!

Movió la cabeza de arriba a abajo. Tomé a la pequeña con cuidado y la deposité junto a su gemela. Acurrucada. Bajé la puerta de la incubadora transparente y nos quedamos mirando”.

El padre de las gemelas describió lo que sucedió después: «Se acurrucó junto a Kyrie y estaba perfectamente bien. Fue inmediato. Fue absolutamente inmediato».

El papá de las gemelas

En cuestión de minutos, los niveles de oxígeno de Brielle alcanzaron su punto máximo desde su nacimiento. Mientras dormía, Kyrie extendió su brazo izquierdo sobre el cuerpo de su hermana y la abrazó.

El fotógrafo Chris Christo capturó el momento. La imagen dio la vuelta al mundo y se conoció como «El abrazo salvador».

“No salía de mi asombro. El cambio fue inmediato. La pequeña se calmó enseguida, relajada junto al calor de su hermana. La madre me abrazo. Contemplaba asombrada los niveles de saturación de oxígeno. ¡Un 100%! El corazón se estabilizó y su cuerpecito fue tomando poco a poco el dulce color sonrosado de su hermana Kyrie.

Al día siguiente una compañera al tomar el turno de la mañana descubrió el pequeño milagro. Esta magnífica fotografía, la instantánea que ha dado la vuelta al mundo. Por la noche mientras todos dormían Kyrie abrazó a su hermana Brielle con su abrazo salvador.

“Curiosamente la conferencia a la que había asistido la supervisora era sobre el Co-bedding, que consistía en poner a los prematuros juntos en la misma cama.  Cuando al día siguiente contempló la maravillosa escena de las gemelas se sorprendió gratamente. En ese instante todas supimos que esa práctica formaría parte de los protocolos desde esa misma mañana”, señaló Kasparian.

Con 17 años, en el secundario

Hospitales de varios países comenzaron a juntar a gemelos prematuros, una práctica que había sido rechazada durante décadas. Ambas niñas regresaron a casa sanas. Ahora tienen 30 años.

“Han pasado muchos años. Sigo pensando en ellas. Hoy son dos hermosas muchachas las hermanas Jackson que no se han separado la una de la otra ni un solo día de sus vidas.

(Nota final: aunque se ha buscado en todas partes, no se ha podido conseguir una imagen de la enfermera Gayle Kasparian)

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