En la región central de Misiones, en medio de esas serranías verdes, se desarrolló una gran parte de los cultivos de té. Las semillas de camelia sinensis que trajera un cura ucraniano que había estado en China habían fructificado. Y se habían transformado en plantines y luego en plantaciones. La región más sureña del mundo que se dedica al té está en Misiones.
Esta historia que empezó hace exactamente 100 años (fue en 1926) tuvo su desarrollo especial. Y hoy un siglo después, la infusión más bebida del mundo tuvo un desarrollo especial en Misiones. Donde se incorporaron elementos de I+D+i (las siglas que remiten a Investigación, Desarrollo e Innovación). Se trata de un concepto fundamental en el mundo empresarial, científico y tecnológico ya que engloba el proceso completo mediante el cual una idea se transforma en un producto, servicio o mejora de proceso útil para la sociedad o el mercado. En este caso, los misioneros decidieron que cosechar con máquinas sería más rápido. «¿No hay cosechadoras? Bueno, las inventamos».
En principio, la infusión más bebida del mundo fue cosechada -como en los otros lugares- a mano y hoja por hoja.

Pero el misionero, con todos esos flujos de sangre trabajadora y creativa corriendo por sus venas, decidió que podía haber otro camino. El planteo es sencillo: ¿Y si fabricamos una máquina que coseche el té en vez de hacerlo nosotros a mano?, fue la pregunta.
Y ahí nomás todos esos descendientes de alemanes, italianos, suecos, polacos, ucranianos, fineses se arremangaron y comenzaron a pergeñar los instrumentos que podían cosechar mecánicamente las plantas de té.
A comienzos de los años 60, viajaron a Mendoza y trajeron los tractores Fiat viñateros (esos de color naranja) y los adaptaron para meterse entre “los líneos” de plantaciones de té.

Pero fueron evolucionando. Luego vino el tiempo de hacer máquinas que eran tiradas por un tractor y que iban cortando las hojas de té.
Hay que tener en cuenta dos cosas: el té se cosecha en el período primavera-verano (desde octubre a abril), esto es, cuando hace calor y segundo, una vez cortada, la hoja entra en un proceso de oxidación veloz. Por lo tanto, mientras más rápido se lleva al secadero, mejor.
Así, fueron mejorando los procesos productivos.
Las industrias metalúrgicas desarrollaron respuestas a lo que los productores pedían y ofrecieron modelos cada vez más desarrollados.
Hay una anécdota contada por lo bajo que habla de la aptitud de estas máquinas.
Hace una década y media unos empresarios africanos dedicados al té se acercaron a Oberá y visitaron las industrias metalúrgicas donde se fabrican estas máquinas. Quedaron enloquecidos con estos productos. Querían sacar fotos y conocer a fondo el know-how. Querían llevarse a sus países el secreto industrial detrás de este milagro.
Naturalmente, los empresarios metalúrgicos les señalaron: “Pasen por caja y compren nuestras máquinas”.
Y así fue. Por poner un ejemplo, una de las fábricas informó. “El día 21 de noviembre de 2018 logramos despachar con existo nuestra primera máquina a Kenia. Se trata de una cosechadora de té con capacidades extra para realizar trabajos de poda, rebaje, canteado y fertilización en cultivos de té”.

Pero no solo a países del tercer mundo.
Uno de los hitos recientes tuvo lugar en Carolina del Sur, Estados Unidos, donde una firma obereña concretó la entrega de una máquina cosechadora de té. Lory detalló que el contacto surgió a través de plataformas digitales: “Nos encontraron por redes sociales; pusieron ‘cosechadores de té’, nos encontraron acá en Oberá”.
El proceso incluyó la venta del equipo y una instancia de acompañamiento técnico en destino. “Vinieron, compraron la máquina y estuvimos una semana trabajando con ellos en Estados Unidos”, señaló, en referencia a la instalación y puesta en funcionamiento del equipo.

Y cuando se viaja por lugares de la zona centro (que tiene su eje sobre la ruta nacional 14, pueden verse. Son como naves espaciales que van surcando esos campos parejos de plantas de té. Solo van a cortar los brotes más tiernos.
El empresario Jorge Lory explicó que el origen del desarrollo actual se remonta a décadas de trabajo continuo. “Trajimos las primeras máquinas que hizo mi papá en los años 70′”, relató, al tiempo que vinculó el crecimiento de la empresa con la evolución técnica y educativa del grupo familiar. En ese sentido, destacó: “La fabricación de maquinaria, la continuidad y la formación de nuestro hijo David en la Facultad de Ingeniería de Oberá le dio forma a todo esto”.

Pero el mercado africano es el objetivo. En paralelo, la empresa participa en capacitaciones vinculadas a exportación y analiza oportunidades en Kenia, uno de los principales productores de té a nivel mundial. Lory aportó datos comparativos para dimensionar el mercado: “Misiones tiene 35.000 hectáreas de té y Kenia tiene 260.000 que están esperando mecanización”.
Frente a ese escenario, evalúan adaptaciones en el diseño de las máquinas para facilitar la logística internacional. “Una de las primeras cosas que se nos ocurre es tratar de montar una máquina que pueda ser totalmente desmontable”, explicó, con el objetivo de optimizar el transporte en contenedores y ampliar la capacidad de exportación.

Esta historia la empezó Tijón Hnatiuk, el cura ucraniano que llegó a Misiones en 1923. En su equipaje venían semillas de té. Y se las dio a su hermano Wladimiro Hnatiuk. Las sembró, hizo plantines y trasladó a tierra. Tres años después, empezaba otra historia para Misiones…







