Un doctor en Biología e investigador del Conicet señaló que el ingreso irrestricto ha fracasado: multiplicó la cantidad de estudiantes, pero empeoró la calidad de la enseñanza. Es hora de devolverles a las universidades nacionales la libertad para elegir quiénes entran a sus aulas
Para Rolando Rivera, Biólogo. Doctor en Bioquímica. Profesor en la Universidad Nacional del Noroeste de Buenos Aires (UNNOBA). Investigador del CONICET, la cuestión se apoya en números. “Hace unas semanas, el diario El Día (de La Plata), que viene tratando insistentemente el problema universitario, presentó datos oficiales de la Universidad Nacional de La Plata donde se veía que, desde que se eliminó el examen de ingreso y se implementó el ingreso irrestricto en la Facultad de Medicina, en 2014, se multiplicó por cinco el número de ingresantes pero bajó a casi la mitad la cantidad de graduados. En el mismo lapso, la proporción de ingresantes que se gradúan bajó de alrededor del 80% al 13%. Más allá de los números, esto es algo que sin dudas afecta al sistema universitario argentino. Como siempre digo, el sistema es diverso y no siempre pueden aplicarse conclusiones generales; hay que separar la paja del trigo. Pero mi opinión como graduado y profesor desde hace décadas en instituciones públicas es que va siendo hora de que las universidades reconozcan el completo fracaso del sistema de ingreso adoptado en la última década”.
Bajo esa triste frase de “no estigmatizar”, las facultades abrieron generosamente sus puertas urbi et orbe (a todo el mundo) sin importar capacidades. Naturalmente esa hinchazón no es sinónimo de salud sino un preocupante síntoma.
Rivera, en una nota en Seul, recordó el regreso de la democracia y cómo empezó a militar en la vida universitaria. “Algo que recuerdo como una época feliz de mi vida académica: no me arrepiento. En esos momentos los motivos de la movilización estudiantil no eran académicos sino políticos, aunque los reclamos políticos se disfrazaban muchas veces de académicos: correlatividades, ingreso irrestricto, libertad de cátedra. Pero el fondo era otro y era bueno: recuperar la democracia.”.
Libre e irrestricto no son lo mismo
Allí, Rivera da en un punto clave de esta discusión. “Ingreso libre e ingreso irrestricto parecen lo mismo, pero no lo son: el ingreso irrestricto implica que no puede ni debe haber ningún tipo de restricción para ser estudiante de la universidad —ni examen eliminatorio, ni cupos ni otros filtros de exclusión—; implica un derecho absoluto a estudiar en la universidad. El ingreso libre no obliga a la selección, pero no la descarta, implicando que todos los ciudadanos tienen derecho a inscribirse, quedando en manos de las universidades, en función de su autonomía, el modo de ingreso a los cursos universitarios. No es un detalle menor, porque el derecho al ingreso conlleva una obligación: estudiar”.
Allí repasó las formas de ingreso a las universidades. “El modo de ingreso a las universidades argentinas ha sido variado a lo largo de la historia: con examen, sin examen, con cupos, sin cupos y hasta con infamias tales como la exigencia de certificados de buena conducta de la Policía Federal durante la última dictadura”.
En su opinión, todo cambió con la ley 27.204 de 2015 con el ingreso “de manera libre e irrestricta” a la universidad, una “ley (que) representó, en mi opinión, una notable pérdida de autonomía de las universidades, algo que a la mayoría de los rectores de entonces no les resultó tan escandaloso como luego les resultaron asuntos mucho menores. La excepción fue el rector de la Universidad Nacional de La Matanza, que presentó un recurso de amparo. Pero la ley está vigente”.
Allí planteó el galimatías de los exámenes y cursos de nivelación. En el caso de que haya cursos de nivelación, por más que sean obligatorios, no nivelan porque no hay forma de saberlo sin un examen, y no hay forma de medir la “nivelación” si el resultado de los exámenes, si los hubiera, es asumir por definición que todos están nivelados: “Vos aprobaste y podés seguir; vos no aprobaste y podés seguir”.
Y el problema viene de atrás. El nivel de primaria y secundaria -dice Rivera- es bajísimo. “Los niveles de comprensión lectora y redacción de ideas son espantosamente malos. No tengo estadísticas, solo mi experiencia personal como docente universitario, desde cursos básicos iniciales hasta cursos especializados avanzados y posgrados: una parte significativa de los estudiantes no comprende lo que lee”.
Sus conclusiones son desmoralizadoras: “La forma actual de responder a esto es ser tolerante con la carencia de conocimientos elementales y, sumado a la necesidad de mostrar más y más estudiantes, ajustar hacia abajo el nivel educativo de la universidad. (…) En mi opinión, no es la universidad la que debe solucionarlo porque —y lo diré sin eufemismos— la universidad no puede suplir el conocimiento básico que otorga la escuela primaria y secundaria, ya que implicaría perder su sentido de “educación superior”.
Y así llega el momento clave. El profesor, la universidad ¿deben tratar de retener a ese estudiante que no comprende siquiera lo que lee? “Por lo tanto, para mantener a los estudiantes dentro del sistema (evitar lo que las universidades llaman desgranamiento y yo, profesor desalmado, llamo selección académica objetiva), se relajan las exigencias dentro de la universidad, donde se puede cursar casi eternamente. (Debo reconocer que este sistema laxo resulta también cómodo para nosotros, los profesores.)”
¿Qué se busca? ¿Ser inclusivos o tener calidad académica? Para Rivera “Nos gusta decir que somos inclusivos, pero los exámenes no lo son. Son métodos no tanto de selección de los mejores, sino de exclusión de quienes no alcanzan el estándar de calidad que deberíamos exigir para los graduados universitarios. Lamentablemente, la cantidad de clichés y eslóganes que han inundado la discusión pública impide a veces decir las cosas como uno cree, a riesgo de ser tildado de elitista, evitando el debate, otra lamentable pérdida de la universidad”

Y recuerda otro dato: muy pocos países en el mundo permiten el ingreso irrestricto a la universidad como Argentina.
Y todo tiene una explicación se anima este investigador y docente: “La lógica parece ser: “si tenemos tantos estudiantes universitarios (da igual si se gradúan en tiempo y forma o no), es porque el sistema educativo es de excelencia”, aplicando el mentiroso factor “número de universitarios / población”.
Andrea Calamari, otra universitaria y colaboradora de Seúl había contado cómo recibió en su localidad de Santa Fe a una joven suiza que pasó un tiempo con ella y su hija de la misma edad. “Mientras mi hija se rascaba el ombligo esperando el inicio de las clases en la Facultad, la suiza se mataba estudiando para tratar de aprobar el examen de ingreso a Medicina en una universidad helvética”, recordaba.
Y Rivera acota el dato sobre la “gratuidad”. Estos defectos, por supuesto, no son solo de las universidades públicas; las privadas tampoco tienen examen de ingreso pero, como estudiar cuesta y el estudiante lo siente, busca recibirse cuanto antes. En las públicas, como se percibe que es gratis porque el estudiante no paga, es posible estudiar interminablemente sin recibirse”.
Para el caso de un estudiante en Posadas, Oberá o Eldorado: el universitario cuenta con los alojamientos gestionados por el municipio, posee el Boleto Educativo Misionero y además el comedor universitario. Con unos pocos pesos adicionales, su vida está organizada.
Rivera propone derogar la ley de 2015 para devolver la autonomía. “(Hay que) devolver a las universidades la potestad de establecer su sistema de ingreso. Sostengo que debería haber un examen de ingreso en todas las carreras y que se evalúe en dos exámenes diferentes la capacidad de lectoescritura (esencial para cualquier estudio, no solo universitario) y un tema relacionado a la carrera elegida (biología en medicina, historia en derecho, matemática en ciencias naturales, nada que no deberían haber visto en la escuela secundaria)”

Y llega a una carrera en especial. “Y en carreras críticas, como medicina, establecer un númerus clausus (cupos limitados), como en España, Italia o Alemania, porque es una carrera costosa que requiere infraestructura (como hospitales universitarios) y, no menor, porque tiene impacto directo en la salud pública y yo desearía como ciudadano contribuir a la formación, sin costo para el estudiante, de los mejores médicos posibles”.
Solo para recordar que en La Plata hay tantos estudiantes del Brasil que los mismos pidieron que se dicten en portugués las clases.
“También se podría establecer un examen nacional general al finalizar el secundario (recordemos que las universidades son nacionales), como pasa en Brasil o Alemania, pero dado el nivel de la educación media, lo imagino poco viable y, siendo responsabilidad provincial, no lo imagino como un método factible, aunque obligaría a las provincias a proveer una mejor educación”
La nota completa publicada en Seul está en el siguiente link https://seul.ar/universidad-ingreso-irrestricto/
La ilustración de portada es de Bernardo Erlich









