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miércoles, abril 22, 2026

Eran presbiterianos de Estados Unidos: fueron a España y ayudaron a los drogadictos

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Se trata de la desconocida historia de los Tepper, la familia de misioneros norteamericanos que ayudaba a los faloperos en los poblados de la droga: «Casi todos murieron a finales de los 80: si no era por la droga fue por el Sida.

Ellos son los que llevaron adelante la tarea titánica Elliott Tepper y su esposa Mary Prevat Tepper (fallecida en 2012)

La familia Tepper, de origen estadounidense, llegó a España en 1983. Los dos valientes -cabeza a cabeza- eran Elliott Tepper y Linsey Mckenzie, misioneros protestantes (más concretamente presbiterianos) que tuvieron que afincarse en San Blas una barriada humilde y apartada de Madrid al contar con pocos recursos, puesto que los misioneros no suelen disponer de mucho dinero. Lo que ahí encontraron fue una completa sorpresa, según el relato de Iñaki Domínguez en el diario El Mundo de España.

Aunque la intención inicial de Elliott era trabajar con estudiantes universitarios, el rechazo de estos a toda forma de proselitismo religioso hizo que este virase en otras direcciones y San Blas, sin duda, representaba el caldo de cultivo ideal para hacer la voluntad de Dios y salvar a innumerables ovejas descarriadas.

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Los Tepper encontraron un piso en la calle Butrón, cerca del poblado de Los Focos, centro de venta de droga de la capital y el mayor supermercado de droga de Europa en aquellos años.

«Ahí había muchísima droga», comenta Jonathan, nacido en 1976 y uno de los cuatro hijos de la familia. «Mis padres trataban de ayudar a los faloperos dándoles dinero o comida. San Blas era complicado, recuerdo que rompieron la ventana de nuestro coche una docena de veces para robarnos la radio y las jeringas estaban por todas partes. En una ocasión a mi padre le sacaron una pistola. Él no tenía miedo a nada. Cuando unos gitanos nos robaron las bicis, mi padre fue al poblado de Los Focos para hablar con los padres de los ladrones. Volvimos a casa con nuestras bicis».

En un momento dado, Los Tepper fundaron la asociación Betel, centrada en ayudar a los drogodependientes de la zona. El primer drogadicto que comenzó a trabajar como parte de Betel fue Raúl Casto, hecho que ocurrió en 1985.

Betel es una palabra que significa «casa de Dios» en hebreo. Lindsay Mckenzie era otro misionero, en este caso australiano, que vivió y trabajó en San Blas con Betel durante esa época. De hecho, Raúl Casto comenzó a vivir con él junto con otros faloperos amigos suyos.

Cuando los vecinos comenzaron a quejarse, se mudaron todos a una granja en la zona de Barajas, un centro completamente gratuito. Ahí llegó a haber hasta 30 personas viviendo. Hoy Betel cuenta con centros en veinte países, aunque todo comenzó en San Blas.

Elliott Tepper, a la izquierda, con Raúl Casto y Ángel, alias «Veneno». (diario El Mundo)

Como es natural, en un barrio tan afectado por la droga, las personas necesitadas eran multitud. Siendo tan solo unos niños, Jonathan y sus hermanos se dedicaban a repartir folletos de Betel entre los faloperos de la zona, un trabajo ingrato al que se acostumbraron de modo inmediato y sin miedo alguno. Como solía decirles su padre: «Los faloperos puede que se apuñalen entre ellos, pero a ustedes no les harán nada. No tengan miedo».

Algo debió hacer bien Elliott, puesto que con el paso de los años todos sus hijos se licenciaron en Oxford. «Cerca del subte de San Blas había varios bares donde se vendía droga», recuerda Jonathan, «y era por ahí donde solíamos repartir nuestros folletos de Betel».

Muchos de esos faloperos acabaron por convertirse en algo así como hermanos mayores de Jonathan, puesto que la convivencia entre todos era cotidiana. Tristemente, casi todos murieron entre finales de los 80 y principios de los 90.

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«Betel creció muchísimo a lo largo de los 80», comenta Jonathan. «Primero porque había una necesidad tremenda y realmente porque era una cuestión de vida o muerte para muchos: vivir en la calle o ser seropositivo». La muerte de Raúl Casto en 1995 fue un momento particularmente duro para la familia Tepper y todos las personas involucradas en Betel, puesto que fue un miembro muy querido e importante de la organización.

Entre los faloperos amigos de la familia también estaba Miguel Jambrina, alias Jambri, quien según Jonathan, había sido atracador de bancos. «Tras salir de Carabanchel», recuerda Jonathan, «entró en Betel para gestionar uno de los rastrillos que organizábamos en la calle Esfinge para obtener fondos. También estaba Víctor ‘el Granos’, que robaba con un hacha… Otro era Manolo ‘Majara’, que me apretaba la mano y me hacía muchísimo daño… Lo llamábamos ‘majara’ porque una vez un dealer le puso una pistola en la cara y él se la metió en su propia boca y animó al otro a disparar. Era un tipo fantástico, pero yo le tenía mucho miedo de pequeño».

Y así iba llegando al final: «Tendrían todos ellos de 20 a 30 años. También estaba Ángel ‘Veneno’… Majara, Raúl y todos ellos murieron entre finales de los 80 y principios de los 90. El 94 fue el tope de muertes por SIDA en España. A partir del 95 las muertes cayeron en picada cuando se introdujo un coctel especial para tratar el VIH. Pasábamos mucho tiempo con ellos y, realmente, eran como hermanos mayores. Nosotros éramos como sus mascotas».

Aunque hoy gestiona un fondo de inversión, Jonathan ha escrito un libro autobiográfico relatando estas aventuras y mucho más. Este, un texto magníficamente escrito, será publicado tanto en Inglaterra como en Estados Unidos. No ha encontrado editor en España todavía, aunque su agente ya está haciendo la ronda entre potenciales interesados. Esperemos que tenga suerte, puesto que tanto su historia como su prosa la merecen.

Iñaki Domínguez – El Mundo

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