La película ganadora del Oscar Argos contó cómo fue el rescate de norteamericanos ocultos en la embajada de Canadá en Irán luego de llegada del régimen de los Ayatola en 1979. Pero hubo otro rescate –no menos valiente- ocurrido meses antes y se llevó de manera particular por un empresario (Ross Perot) que contrató a un ex militar y así liberó a dos empleados de su firma que prestaba servicios en Irán y que estaban presos sin causa
Ross Perot era un empresario bajito y narigón. Está claro, no era muy agraciado, pero como patrón siempre se jugaba por sus empleados. Y a fondo. A comienzos de los años 60 era un simple empleado de IBM hasta que decidió “abrirse” y fundar su propia empresa Electronic Data System (EDS) ya que IBM consideraba, vaya error, que todo en el mundo de la computación iba a apuntar al hardware y le dejó el campo abierto a Perot. Éste apuntó al software. Y acertó, claro está. Y le fue más que bien. Una década después ya era uno de los grandes millonarios del país.
Su firma se dedicó a proveer sistemas de computación en la cuestión de software. Uno de los contratos que logró fue en Irán para que la computación llegara a las áreas gubernamentales. Uno de estos, era una provisión de programas para la atención sanitaria de la población iraní.
En eso estaba, desde hacía años, cuando el país se agitó, el ayatola Khomeini estaba en París y amenazaba con volver. Y en ese instante, un fiscal -que olía el cambio que se venía- “se la agarró” con dos empleados de EDS. Los convocó, èstos tenìan miedo pero la embajada de EEUU dijo: “vayan que no va a pasar nada”, n, o obstante tras prestar declaración quedaron detenidos y alojados en cárceles persas.
La desesperación campeó entre estos dos gerentes en una prisión rodeados de iraníes a los que no entendían.
En su momento, no habían tenido poder de firmar convenios ni nada, pero estaban detenidos por supuestos hechos de corrupción (algo que nunca fue documentado ni presentado evidencia) y mientras las gestiones de la empresa a través de la embajada norteamericana así como con sus abogados en Teherán avanzaba a un paso muy lento, Perot tenía otras ideas.
El “jefe” quería sacarlos del país sin más.
La historia del rescate se desarrolló en medio del caos de la Revolución iraní, cuando estos dos ejecutivos de EDS fueron arrestados y encarcelados sin cargos claros al intensificarse las tensiones políticas y sociales en el país. Perot decidió actuar por su cuenta, organizando una serie de esfuerzos logísticos y personales para garantizar la seguridad de sus empleados y su regreso a casa.
Este hecho inspiró al autor británico Ken Follett para escribir Las alas del águila (On Wings of Eagles), una obra basada en hechos reales que relata cómo se orquestó la liberación y la fuga de esos ejecutivos desde Irán hasta la frontera con Turquía. La historia fue adaptada además a una miniserie televisiva en 1986 protagonizada por actores como Burt Lancaster y Richard Crenna.
En realidad, otros dicen que Follet fue contratado por el mismo Perot para escribir la obra. Lo cierto es que fue un suceso editorial.
Durante el cautiverio en cárcel de sus dos empleados, Perot tuvo el atrevimiento de viajar a Iràn, bajar en Teherán e ir a visitarlos en la cárcel. Esto dio un gran ánimo a los dos norteamericanos detenidos y cuya situación legal empeoraba cada día: la llegada del nuevo régimen implicaba que el Fiscal acusador (y que los había mandado tras las rejas) se pusiera más duro cada vez.
William Gaylord and Paul Chiapparone, eran los dos ejecutivos oriundos de Tèxas igual que la firma de Perot y la estaban pasando mal tras las rejas
En esas circunstancias Perot buscó a un viejo boina verde, un militar retirado y al que admiraba mucho. Era Arthur Simons quien ya había intentado liberar un grupo de rehenes en Corea y Perot lo tenía en consideración
Fuera de la ventana de su celda, se escucha otro sonido: los gritos de furia de los manifestantes que se acercan. Algunos portan fusiles. Los guardias corren por el pasillo y se enfrentan a tiros con la multitud enfurecida. Esta es la prisión de Qasr en Teherán. Acaba de empezar 1979 y el líder del país, Mohammad Reza Shah Pahlevi, ha huido de Irán, dejando atrás un país sumido en el caos.
Gaylord y Chiapparone, los dos estadounidenses, ejecutivos tecnológicos de Texas, dos tipos que simplemente intentaban hacer su trabajo en un país extranjero, pero que fueron capturados por la policía secreta del Sha y encerrados en un calabozo.
Perot acudió al Departamento de Estado en busca de ayuda. «A muchos no les importó», declaró más tarde . «Al Departamento de Estado no le interesaba realmente. Proteger a los ciudadanos estadounidenses es una función que nuestro gobierno debería desempeñar. Las empresas privadas y los particulares no deberían involucrarse en este tipo de asuntos. Pero si su gobierno no está dispuesto a proteger a los ciudadanos estadounidenses, y si tiene empleados de su empresa encarcelados en otro país, tiene la obligación de sacarlos de allí».
Cuál fue el plan del viejo boina verde Simons. Primero conseguir los empleados de Perot que estuvieran dispuestos a jugarse por la maniobra.
Luego armar toda la operación. La cárcel en la que se hallaban no era muy segura y Simons reconstruyó una en escala perfecta y comenzaron a practicar. La idea era asaltar el recinto (tenía unos 4 metros de altura, acercando un camión, saltar adentro, buscar a los dos detenidos y tratar de huir sin disparar.
Ese era el plan.
Pero apenas iniciado el proceso en Irán las cosas cambiaron: el Sha se iba y llegaba el Ayatola. Y los presos norteamericanos fueron trasladados a otra prisión más inexpugnable.
Pero Simons no se arredró.
Tenían un empleado iraní que conocía la ciudad al dedillo.
Y Simons previó que el paso siguiente sería la revolución con liberación de presos políticos.
Ese iba a ser el momento.
Una vez en las calles, (la cárcel tenía 2 mil detenidos) el empleado iraní de EDS iba a tener que encontrarlos y llevarlos a un hotel y desde allí, la huida al exterior.
Y ocurrió asì. Solo que el empleado no pudo hallar a sus compañeros estadounidenses.
Estos luego de una trepidante huida y largarse a caminar llegaron al hotel donde estaba el resto de la delegación de EDS.
Simons fue alertado y al día siguiente partieron en dos Range Rover hacia el norte en la frontera con Turquía.
Del otro lado, uno de los empleados de EDS viajaba a esa misma frontera para encontrarse con los presos rescatados.
El viaje en sí no fue peligroso, pero las detenciones y controles ruteros de los revolucionarios tuvieron en jaque a los huidizos del equipo de Simons.

El mismo empleado que había buscado a sus compañeros el día de la búsqueda fungía como traductor y explicaba por qué este grupo estaba viajando. “Son estadounidenses que quieren ir a ver a sus familias en Turquía”, era el discurso.
En lugares, hubo tensión
El mismo fiscal que había encarcelado a Gaylord y Chiapparone estaba como loco tratando de hallarlos y traerlos de vuelta.
Persistía en su idea de que algo malo habían hecho y debían volver a presentarse.
Para ir resumiendo: Según Perot, quien durante años difundió la historia a bombo y platillo, Simons y su equipo de voluntarios planearon la operación durante meses. Construyeron una prisión falsa y ensayaron el rescate una y otra vez. Recorrieron la ruta de escape de Teherán a Turquía hasta que la dominaron por completo. Antes de la incursión, Perot se coló en un avión de la NBC con destino a Irán. Haciéndose pasar por miembro del equipo de filmación, dejó un equipo en su nombre y se adentró en la ciudad. Al llegar a la prisión donde se encontraban recluidos, Perot entró por la puerta principal, firmó el libro de visitas y visitó a Gaylord y Chiapparone.
Si las autoridades de Iràn lo hubieran sabido, era natural que Perot hubiera quedado detenido.

Pero el tipo fue y entró en la cárcel. “Para mí era importante mirarlos (a sus empleados) a los ojos y decirles que iba a sacarlos”, dijo. “No dejaría que nadie más lo hiciera. Pensé que si yo hubiera estado en la cárcel, y hubiera visto que el jefe podía venir, hablar conmigo e irse, entonces las cosas no estarían tan mal como parecían. Me tranquilizaría”.
Cuando todos regresaron a casa, Perot aprovechó la historia. Contactó personalmente al autor británico de thrillers Ken Follett y le ofreció una suma de dinero no revelada para que novelizara los hechos. Follett aceptó y publicó en 1983 la novela «On Wings of Eagles». Rápidamente se convirtió en un éxito de ventas y, tres años después, en una miniserie de cinco horas de la NBC. Burt Lancaster interpretó a Simons. Richard Crenna, conocido por interpretar al oficial al mando de John Rambo, interpretó a Perot.
Durante la crisis de los rehenes en Irán de 1979, que preparó el terreno para las elecciones presidenciales estadounidenses que enfrentaron al demócrata Jimmy Carter con el republicano Ronald Reagan, el relato aventurero de Perot adquirió una poderosa resonancia política tras la desastrosa Operación Garra de Águila, en la que se abortó un intento de liberar a los 52 rehenes estadounidenses cuando varios helicópteros quedaron inoperables en la zona de operaciones de la misión. Para muchos observadores, el desastre demostró la debilidad de Carter en contraste con el enfoque más agresivo y resolutivo de un pintoresco empresario tejano.
Si bien Carter sufrió una aplastante derrota, Perot demandó a Irán por 20 millones de dólares en concepto de salarios atrasados por los servicios de Electronic Data Systems y ganó el juicio. Simons falleció a causa de una afección cardíaca tan solo tres meses después de regresar a casa.












