Había llegado a 110 dólares el barril y ahora está a 80 dólares (bajó un 27%). La baja del petróleo no reducirá el precio de los combustibles en el corto plazo. Sostienen que las petroleras quieren recuperar el margen perdido durante el conflicto bélico en oriente medio
No hay caso: los usuarios de vehículos (sean automotores, camiones, tractores, camionetas) no tienen suerte: cuando el petróleo escasea por la guerra, los precios suben. Cuando la guerra llega a un armisticio, y el petróleo retrocede hasta casi un 30%, el precios de las naftas y el gasoil no hacen otro tanto. “Justo ahora que me compré una pick up resulta que sólo usan el gasoil premium -comentaba desolado un usuario- y ese es justamente el precio más caro del mercado de combustibles”.

La actual caída en la cotización internacional del petróleo generó expectativas en los consumidores sobre una posible baja en los valores de la nafta y el gasoil. Sin embargo, los analistas y los principales actores del mercado energético advierten que este descenso no se trasladará a los surtidores locales en el corto plazo. La dinámica de precios internos responde a una lógica de compensación por los desajustes acumulados durante los meses previos.
Actualmente, el barril de crudo Brent -la referencia internacional que rige al mercado local– cotiza en torno a los u$s83, un valor que representa el nivel más bajo registrado en los últimos tres meses. La contracción se consolidó tras los recientes anuncios de un acuerdo provisional de paz entre Estados Unidos e Irán, el cual contempla la reapertura estratégica del estrecho de Ormuz y descomprime la oferta global.
Este escenario de alivio dista del pico histórico alcanzado semanas atrás a raíz del recrudecimiento de las tensiones bélicas en Oriente Medio. Durante el punto más álgido del conflicto, el temor al desabastecimiento y los bloqueos marítimos dispararon el precio del crudo, que llegó a tocar un techo cercano a los u$s126 por barril a fines de abril. Esa escalada encareció de manera drástica los costos de producción a nivel global.
Las noticias de la política internacional en las últimas dos semanas comenzaron a desinflar el precio del crudo, y lentamente se acerca a los valores vigentes al día previo al primero de los ataques ya que el viernes 27 de febrero el Brent se negociaba a u$s72,50 el barril.
La explicación es que el contexto bélico explicó por qué las petroleras locales convalidaron inicialmente un aumento superior al 20%, pero rápidamente se enfrentaron a una encrucijada de mercado. Para evitar trasladar la totalidad de esa suba al surtidor -lo que habría provocado un impacto inflacionario insostenible y una sensible caída de las ventas-, las compañías decidieron absorber de manera voluntaria el desfasaje de costos.
Para instrumentar este congelamiento parcial, YPF diseñó e implementó un mecanismo financiero denominado «buffer de precios», un concepto que funciona técnicamente como un colchón o amortiguador de volatilidad externa. El esquema consiste en fijar una paridad teórica temporal, y así permitir que la empresa absorba las pérdidas operativas a corto plazo bajo la premisa de recuperarlas cuando el mercado internacional se estabilice.

La vigencia de este sistema buffer se extendió sucesivamente durante los últimos meses para dar previsibilidad macroeconómica. Al no indexar los combustibles directamente a los picos de u$s120, se generó una deuda interna entre el costo real del crudo y el precio de venta al público. Por este motivo, las empresas del sector afirman que el precio actual en los surtidores todavía arrastra un atraso frente a la paridad de importación.
En este contexto, hay que recordar que el Estado nacional hizo muy pocos aportes para mantener los valores no tan altos. No hubo quita de impuestos sino que se siguieron cobrando puntualmente. La recaudación para la caja estatal no disminuyó.
Gasoil poco competitivo
El gasoil en Argentina se paga entre 4% y 16% más caro que en Brasil, Chile, Paraguay y Estados Unidos, en un contexto donde además registró una suba superior al 20% en marzo. Para tener una referencia: Paraguay no tiene un centímetro cúbico de petróleo pero es más barato que en el país. ¿La explicación? Los impuestos que cobra Luis Caputo.

El dato que enciende la alarma: mientras el combustible sube, los granos argentinos se venden hasta 31% más baratos, profundizando la pérdida de competitividad.
Quizá en algún momento, el gobierno deje de quitar impuestos para que se importen más baratos los iPhones (que son muy necesarios en la city porteña pero que no hacen la diferencia en cualquier otra parte) y realice las rebajas en las áreas de la economía real que tanto necesitan los productores lo necesitan como el aire.







