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sábado, julio 25, 2026

El país más racista del mundo: ¡siga el baile, siga!

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Qué hay de la acusación que dio vueltas estos días por redes. Nada. Eso. Solo en las redes, Argentina es el país más racista del mundo. Y el tema no es tan nuevo. No hay que ovlidarse que en diciembre de 2022 una cronista del Washington Post sostenía algo parecido al señalar la no existencia de jugadores negros en la selección argentina de fútbol (ni en la de rugby, ni en la de tenis, ni en la de vóley ni en la hockey, se puede agregar. Una explicación científica dejará claros algunos conceptos. Es probable que no cambie los prejuicios de extranjeros que leen tuits no más. Pero sirve para tener en claro dónde estamos parados

Al periodista Osvaldo Bazán no le gusta el fútbol ni mucho menos el nacionalismo, pero decidió levantar la acusación hacia Argentina de ser el “país más racista del mundo”.

“En principio, la imputación es tan ridícula que no merecería ni tenerse en cuenta. Argentina no tuvo un sistema legal de castas raciales formal como en otros países de América, ni leyes que prohibieran el matrimonio interracial o segregaran espacios públicos por color de piel, cosa que sí tuvieron países centrales —desde donde vienen muchos de los ataques— y esto ocurrió hasta bien entrado el siglo XX”, recordó. Famosos los planteos de negros en Estados Unidos para poder viajar en buses con blancos (no podían sentarse) o la restricción de ingresar a determinados lugares (bares, restaurantes y hasta iglesias)

“Machaconamente crecimos escuchando eso de “crisol de razas”-señala y agrega- “Somos una jarra loca de culturas, un “viajerito” de fernet y Coca, dulces y amargos, donde todos nos mezclamos y nos amamos y nos odiamos y nos reproducimos. Cada árbol genealógico argentino puede testimoniar el menjunje que nos parió. La tanacasada con el criollo, que tuvieron hijos casados con hijos de españoles, turcos, judíos o peruanos, en fin, eso pasó, pasa y seguirá pasando, aunque a nadie le importe realmente”.

El médico y cantor popular Alberto Castillo homenajeaba a la Comparsa de los negros en el famoso Siga el baile, siga…

Ni que hablar de Misiones donde todo ese fenómeno se concentró en un espacio geográfica más pequeño. “A las polacas les gustan los criollos; a los gringos les atraen las morochas”, es una frase que siempre se escuchó. El mestizaje es bienvenido. Porque también es integración. Y de eso se trató.

Y como dice Karina Mariani en su respuesta a Arturo Pérez-Reverte, “y no importará que le muestren a nadie estadísticas, datos u otros ejemplos, cada uno creerá que tiene la razón y que el otro es intrínsecamente vil. Se llama chauvinismo y es una enfermedad del alma que no se cura”.

El historiador local Juan Carlos Avelli publicó algunos datos en El Territorio que bien valen mencionar, más allá de lo que sostiene Mariani fundamentadamente: nada, ningún dato hará cambiar estos prejuicios.

Hay que recordar que al finalizar el mundial 2022 que Argentina ganó, ya muchos se preguntaban cómo era posible que no hubiera jugadores negros en la selección nacional. No es algo nuevo, en definitiva. Pero vayan estas impresiones de Avelli para entender qué pasó con los negros del país.

Héctor Baley arquero en 1978, le decían Chocolatín y el jugador Alejandro de los Santos en la década de 1920 integró la selección nacional

“Cada vez que alguien pregunta qué ocurrió con los negros argentinos aparecen los tres caballos del apocalipsis negro argentino: las guerras civiles, la Guerra de la Triple Alianza y la epidemia de fiebre amarilla”.

Queda claro: con estas tres hecatombes, se pueden explicar por qué quedaron tan pocos negros en el país. Cada una de esas instancias los fue desapareciendo.

Pero no. Para nada, dice Avelli. No existió tal genocidio ni mucho menos.

“A fines del siglo XVIII las personas negras, pardas y mulatas constituían alrededor de 25% de la población del de Buenos Aires y alcanzaban porcentajes mayores en varias ciudades del interior”.
“Sin embargo las cifras de las guerras y epidemias no alcanzan a explicar su supuesta desaparición. Las guerras civiles dejaron entre 25 mil y 40 mil muertos. En la guerra de la Triple Alianza hubo entre 6 mil y 10 mil bajas argentinas. Tampoco la fiebre amarilla resuelve el misterio. La epidemia de 1871 mató a unas 14 mil personas en Buenos Aires, pero no hay registros para demostrar sobre mortalidad de negros. Como fuere, la muerte de personas negras no explicaría su desaparición”.

La fiebre amarilla así como las guerras del siglo XIX no explilcan por qué hay tan pocos negros en el país.

Conclusión: “La hipótesis del exterminio carece} hoy de respaldo entre historiadores serios”.

Hay una explicación más sencilla, justamente no fuimos racistas. “Todo está en la forma en que se organizó el país. Estados Unidos, por ejemplo, mantuvo y reprodujo la frontera racial muy rígida mediante dos mecanismos complementarios: las leyes contra el matrimonio interracial (que rigieron hasta 1967) y la regla de la hipodescendencia que siguió clasificando como negras a las personas con ascendencia africana, incluso cuando tenían antepasados blancos”.

Sally Hemings tenía 15 años cuando fue poseida por Thomas Jefferson. Tuvieron seis hijos vivos y los mismos no fueron reconocidos como tales a inivicios del siglo XVIII

Vaya la imagen de la novela La virginiana. En ella se cuenta la relación a largo plazo entre uno de los fundadores de la nación norteamericana Thomas Jefferson y su esclava negra con la que tuvo varios hijos (luego de quedar viudo él y ella tener 15 años). Todos los hijos (no sin sorpresa, menos para los misioneros) van saliendo con rasgos que combinan la “rubiedad” del padre con la tez oscura de la madre. Y así. Los chicos (hijos legales y los naturales) conviven felices en la misma casa. Hasta que llega una edad en que los muchachos (con su tez té con leche y sus pelos un poco rubio un poco castaños y llenos de rulos) deben dejar la casa paterna. No podrán reclamar nada. Deben irse. No serán nunca hijos de uno de los fundadores de la patria, el redactor de la Constitución. Nada. O casi nada: el padre a cada uno mientras monta un caballo para irse -en un gesto de generosidad- le dará un billete de 100 dólares. Eso será toda su herencia. Recién 200 años después podrá probarse con las técnicas genéticas del ADN lo que siempre se supo: que eran todos de la misma sangre.

“Argentina siguió un camino muy distinto -afirma Avelli-. La asamblea del año XIII decretó la liberta de vientres y la Constitución de 1853 abolió la esclavitud y declaró libres a los esclavos que ingresaran al país y además eliminó toda distinción jurídica fundada en la sangre o el nacimiento”.

Nunca hubo leyes que prohibieran casamientos interraciales o escuelas para unos y otros o colectivos para unos y otros ni barrios que segregaban. Nada.

Como dice finalmente Avelli: “Cuando se abandona el terreno de los prejuicios y se comparan las leyes, las instituciones y la evolución histórica de los distintos países, el panorama se vuelve bastante más incómodo para quienes suelen repartir certificados de superioridad moral”

La nota de Juan Carlos Avelli no está disponible en el sitio web de El Territorio

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