La victoria del presidente Luiz Inácio Lula da Silva sobre Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del domingo 25 de octubre en Brasil reflejó la capacidad del líder del Partido Trabajador para defender sus programas sociales y movilizar a los sectores que temían un regreso del bolsonarismo al poder. En definitiva, Lula recuperó lo perdido en la primera vuelta mientras Bolsonaro mantuvo la cantidad de aquel entonces
Tras terminar la primera vuelta por detrás del senador del Partido Liberal Flávio Bolsonaro quien ganó 47% a 45%, Lula Inácio Lula Da SIlva consiguió revertir el resultado en la segunda (51,8% contra 48,2%) con una remontada inédita desde la vuelta a la democracia del país en 1985. Hacía tres semanas, todo había sido sorpresa: Bolsonaro (hijo del ex presidente hoy preso) había superado a Lula por dos puntos. En este balotaje, Lula decidió apostar a algunas dosis de miedo y de pedir a unos 33 millones de brasileños que faltaron a que fueran a votar. Y logró este significativo triunfo que termina despintando el color político del cono sur: donde todo se iba tornando de tonos azulados hasta que llegó este “rojazo” (color asociado al PT y la izquierda) de Lula. Así, Lula apostó fuertemente por movilizar a esos más de 33 millones de brasileños que se abstuvieron en la primera vuelta del 4 de octubre.
Otra cuestión que los analistas ven es que el Presidente reelecto cambió su discurso: dejó de hablar de cuestiones abstractas como “soberanía nacional” para pasar a una estrategia mucho más pragmática. Se enfocó en despertar el temor a la pérdida de los programas sociales e introdujo una fuerte agenda económica y laboral orientada a las clases populares
Las cinco claves que explican de alguna manera esta remontada de Lula son las siguientes:
1. La estrategia del miedo
La campaña de Lula convirtió el temor a un nuevo Gobierno bolsonarista en uno de sus principales motores de movilización.
El presidente y sus aliados advirtieron sobre los riesgos de un eventual retroceso en los derechos sociales, la protección ambiental y las instituciones democráticas con un eventual regreso de la derecha al poder.
La estrategia buscó recordar a los electores las controversias del Gobierno de Jair Bolsonaro (2019-2022), especialmente durante la pandemia de covid-19, y las tensiones institucionales que desembocaron en los ataques del 8 de enero de 2023 contra las sedes de los tres poderes en Brasilia.
La advertencia sobre un posible regreso de ese escenario permitió a Lula movilizar a sectores que, aunque críticos con su gestión, consideraban que una victoria del senador podía representar un riesgo mayor.

2. La defensa de los programas sociales
La reivindicación de las políticas sociales fue otro de los pilares de la campaña. Lula defendió el programa de distribución de subsidios a los pobres ‘Bolsa Família’ como una herramienta para combatir la pobreza. Se trata de un programa bastante parecido al AUH de Argentina (se transfieren fondos a las madres de familia y a cambio éstas deben llevar a sus hijos al médico, vacunarlos y hacer que vayan a la escuela). Pero en el gobierno del PT no hay transferencias a organizaciones intermedias a cambio de prestaciones de servicio como en Argentina. EL dinero siempre va a los beneficiarios (y por eso, naturalmente, no hay marchas llenando las calles como demostración de fuerza y coerción).
El programa beneficia a unas 19,3 millones de familias brasileñas y, a pocos días de la primera vuelta, el Gobierno anunció un reajuste del 15,04 % del valor del subsidio.
La defensa de esas ayudas permitió al Presidente reforzar su vínculo con los sectores de menores ingresos, especialmente en el nordeste, la región más pobre del país y donde mantiene una base electoral consolidada.
3. Los anti-Bolso vencieron a los anti-Lula
La elección también mostró que el rechazo a la familia Bolsonaro logró imponerse al desgaste del Presidente.
Lula arrastraba críticas por la economía, el endeudamiento de los hogares y controversias políticas de su Gobierno. Sin embargo, la campaña consiguió que la segunda vuelta no se convirtiera en una evaluación de la gestión presidencial.
El antibolsonarismo reunió a sectores de izquierda, centro y parte del electorado moderado de derecha que, pese a sus diferencias con el PT, consideraban necesario impedir el regreso de la familia Bolsonaro al poder.
4. El Ejército en WhatsApp de Lula
Para remontar el resultado de la primera vuelta, el presidente reformuló su estrategia, intensificó los actos públicos y reforzó su presencia en las redes sociales y en las calles. La campaña buscó movilizar a los electores que no habían participado en la primera vuelta y captar el voto de quienes apoyaban a candidatos eliminados.
Uno de los instrumentos centrales fue el canal de WhatsApp ‘Exército do Lula’, impulsado por el diputado André Janones, que alcanzó los diez millones de seguidores en la recta final de la campaña.
La iniciativa distribuyó mensajes, vídeos y orientaciones para que los simpatizantes amplificaran los contenidos favorables al presidente.
5. Minas Gerais marcó otra vez el termómetro
La remontada de Lula tuvo uno de sus símbolos más importantes en Minas Gerais, el segundo mayor colegio electoral de Brasil y un estado considerado tradicionalmente un espejo de las tendencias nacionales.
El Presidente consiguió revertir allí el resultado desfavorable de la primera vuelta (perdió 48% a 43%) y se impuso a Flávio Bolsonaro en la segunda (50,4 % para el mandatario y 49,6 % para el opositor), una victoria que reforzó su avance en la recta final de la campaña. Y esto es lo que se vio luego en todo el país: Bolsonaro no perdió votos sino que retuvo los obtenidos el 4 de octubre pero Lula fue el que dio el zarpazo final a todo o nada.
Minas Gerais es conocido como el estado bisagra de las elecciones brasileñas porque, desde la vuelta de la democracia, su comportamiento electoral ha coincidido con el del ganador de la Presidencia en numerosas ocasiones.
Su peso demográfico, su diversidad social y económica y su posición entre el nordeste, tradicional bastión lulista, y el sudeste, donde la derecha mantiene una fuerte presencia, lo convierten en un territorio decisivo.
Fuente EFE, La Nación y BBC








