Brasil elegirá mucho más que un presidente entre Flávio Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva: también determinará un rumbo político para toda América Latina y la influencia continental de Estados Unidos. En su último debate el viernes 23 de octubre volvieron a cruzar duras acusaciones
Es difícil imaginar una elección más trascendente para la región como la que tienen 158 millones de brasileños habilitados a sufragar en este balotaje del último domingo de octubre de 2026.
Hay contrastes extremos entre el derechista Bolsonaro, quien tiene 45 años y dio la sorpresa al ganar la primera vuelta, y el actual presidente Lula, un exsindicalista de 80 años y referente de la izquierda regional. La carrera por la Presidencia de Brasil entró en su recta final con un último debate televisivo marcado por las diferencias económicas, las acusaciones cruzadas y los intentos de captar a los votantes indecisos. Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro se enfrentaron el viernes por la noche, en un encuentro que buscó contrastar sus propuestas a dos días del balotaje.
El debate, transmitido por TV Globo desde Río de Janeiro, fue el último cara a cara entre los candidatos antes de la votación del domingo 25 de octubre. Aunque el tono resultó más moderado que en el primer enfrentamiento, celebrado días atrás, hubo momentos de tensión y reproches personales.
La disputa llega en un escenario de paridad. Flávio Bolsonaro, senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% obtenido por Lula. Los sondeos más recientes muestran una competencia ajustada y mantienen abierta la definición.
Luego del primer debate, se dio por ganador a Lula quien habría recuperado esos dos puntos perdidos en la primera elección y según encuestadores llegan en un 50/50 perfecto.
La diferencia en votos válidos entre ambos candidatos el 4 de octubre fue de 1,9 puntos porcentuales, la menor registrada en una primera vuelta desde que Brasil recuperó la democracia, y algunas encuestas mostraban un empate técnico antes del domingo.
Bolsonaro intenta llegar por primera vez a la presidencia ejercida antes por su padre, el ultra Jair Bolsonaro, condenado por intento de golpe de Estado tras perder la reelección en 2022 ante Lula, quien ahora busca su cuarto mandato.
Acusaciones cruzadas
Aunque el debate tuvo un mayor componente programático que el anterior, las diferencias personales reaparecieron en varios momentos.
Uno de los episodios más comentados se produjo cuando Flávio Bolsonaro utilizó una expresión despectiva vinculada con la pérdida de un dedo que Lula sufrió en un accidente laboral durante su juventud. El presidente reclamó una disculpa y el senador terminó retractándose.
La seguridad pública también derivó en un intercambio áspero. Lula cuestionó a su adversario por sus posiciones frente a las milicias, mientras que Bolsonaro propuso calificarlas como organizaciones narcoterroristas.
En otro tramo, ambos se lanzaron acusaciones relacionadas con presuntos casos de corrupción. Lula planteó preguntas sobre supuestos vínculos del senador con Daniel Vorcaro, el banquero detenido en el marco del caso Banco Master. Bolsonaro, por su parte, cuestionó al presidente por acusaciones que involucran a su hijo y una investigación por presunto fraude previsional.
Se trata de señalamientos formulados durante la campaña y que deben distinguirse de hechos judicialmente acreditados. En cualquier caso, los cruces mostraron que la corrupción continúa siendo un tema sensible para ambos espacios políticos.

Economía y costo de vida
Uno de los principales ejes del debate fue la situación económica de los hogares brasileños. Los candidatos confrontaron sus diagnósticos sobre el poder adquisitivo, el endeudamiento y el costo de los alimentos, en un intento por convencer a quienes todavía no definieron su voto.
Lula defendió la política de aumentos del salario mínimo por encima de la inflación aplicada durante sus gobiernos y sostuvo que esas mejoras permitieron fortalecer los ingresos de los trabajadores. También reivindicó las medidas sociales de su administración y el impacto de sus políticas para combatir el hambre.
Flávio Bolsonaro, en cambio, responsabilizó al Gobierno por el encarecimiento del costo de vida y el endeudamiento de las familias. El senador cuestionó el nivel del gasto público y criticó la reforma tributaria impulsada por la actual gestión, al advertir sobre sus posibles consecuencias para los consumidores.
A nivel doméstico, Bolsonaro propone liberalismo económico, reducción de impuestos y mano dura en seguridad, mientras que Lula plantea ampliar el rol del Estado, fortalecer políticas sociales y ampliar derechos de trabajadores.
Fuente: iProfesional, DW y BBC Mundo









