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sábado, mayo 9, 2026

La resurrección de Tina

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Tina Turner es un caso singular de la música. Una muchachita negra del sur de Estados Unidos que trabaja con su familia en algodón y canta los domingos en la iglesia. Conoce al músico famoso de la zona. Se enamora y se va con él. Se casan y se dedican a la música. Pero él le pega, la lastima y la maltrata. Durante 16 años ella soporta eso. Hasta que un día larga todo y arranca de cero

Es una noche calurosa de verano en Dallas. Hay una mujer negra que no duerme ni quiere hacerlo. Su rostro está hinchado por una nueva paliza que le dio su marido. Ella espera a que él se duerma.

En su bolsillo solo tenía 36 centavos y una tarjeta de para cargar nafta. Nada más.

Cuando el hombre se durmió, ella huyó. Se escabulló del hotel Hilton donde se hospedaban y corrió. No hacia un auto. No hacia ayuda que pudiera llamar. Corrió directamente a través de la carretera Interestatal 30, zigzagueando entre el tráfico en la oscuridad, casi atropellada por un camión, impulsada solo por el instinto de supervivencia. Al otro lado se encontraba otro hotel, el Ramada Inn.

Muchas mujeres golpeadas tienen ese instinto de supervivencia que las lleva a hacer lo correcto.

Las otras, pobrecitas, no tendrán esa chance. “Yo estaré tras las rejas, pero vos vas a ver crecer el pasto desde abajo”, le suelen amenazar sus parejas. Y casi siempre, cumplen.

Este puede ser el inicio de la segunda vida de Anna Mae Bullock.

Si el amable lector desconoce ese nombre, no se preocupe.

Se trata de Tina Turner y ahí sí, las cosas cambian, ¿verdad?

Antes de hablar de su resurrección a los 40 años, vale referir cómo siguió la historia de la muchacha en huida.

En el Ramada Inn, el gerente la reconoció al instante, incluso a través de ese rostro magullado por los golpes de Ike Turner. Le dio una habitación en el undécimo piso y colocó un guardia fuera de su puerta. Durante tres días, Tina se mantuvo escondida allí, demasiado herida para siquiera comer adecuadamente, mientras dejaba que su cuerpo comenzara a sanar.

Tres semanas después, solicitó el divorcio. Cuando le preguntaron qué quería tras 16 años de matrimonio, su respuesta dejó atónitos a todos. No quería nada excepto su nombre artístico. Ni casa. Ni dinero. Ni regalías. Solo “Tina Turner”. Un nombre creado para controlarla, ahora la única cosa que podía usar para reconstruir su vida.

Cuando Anna Mae Bullock era una simple jovencita que cantaba en el coro de la iglesia en Memphis

Aunque parecía un final feliz, no lo fue del todo. Cuando Tina Turner volviera a ser ella, pero más grande y luminosa, llenando estadios y vendiendo millones de álbumes, ese negro drogadicto y matón la buscaba para “apretarla” un poco. Ella no se rindió. Vivía con guardaespaldas y seguridad y así lo mantenía alejado. Pero no fue poner un punto final y listo. El golpeador no se daba por vencido así que ella se tuvo que tomar las precauciones.

Todo esto había ocurrido en 1976. A fines de los años 50 Anna Mae Bullock era una simple chica de un pueblo rural cercano a Memphis proveniente de una familia dedicada a la producción de algodón que cantaba gospel en el coro de la iglesia de la comunidad y que a los 17 años fue descubierta por Ike Turner, un influyente músico formado con los grandes del soul y el Rythm and Blues (R&B) con quien conforma el grupo Ike & Tina Turner. Tras el casamiento en Tijuana, México, en 1962 y una primera etapa marcada por el amor, llegaron los tiempos de sadismo, manipulación y una sumisión que ella explica sin medias tintas: lavado de cerebro, abusos, golpes, insultos, drogas, mucha culpa, miedo, varios intentos de suicidio y, pese a todo eso, lealtad a él. Hasta que por fin pudo enfrentarlo, huir y negociar un divorcio en 1978.

Ike Turner era músico, dirigía la banda y tenía bajo su influencia a su esposa Tina Turner. Ella cantaba. Y cuando se separaron lo único que pidió fue retener el nombre

Se alejó con deudas, un embargo fiscal del IRS (la agencia tipo ARCA de Estados Unidos9 y una industria que creía que estaba acabada. Muy cerca de los 40 años, una mujer negra en un negocio obsesionado con la juventud, sin propiedad de su música pasada aparecían como nubarrones insoslayables en su vida.

Pero Tina se negó a aceptar la derrota. Se volvió hacia el budismo para tratar de sanarse. Tomó cualquier trabajo en lo que sabía hacer. Cantar. En programas de juegos. En los bares de hoteles. En las ferias del condado. En eventos corporativos. Incluso limpió casas entre actuaciones.

Así iba reconstruyéndose silenciosamente pieza por pieza.

Entonces llegó 1984

A los 44, lanzó Private Dancer. Cambió todo. El álbum vendió más de 20 millones de copias. “What’s Love Got to Do with It” alcanzó el número 1, su primer éxito en solitario en las listas. Ganó tres premios Grammy en 1985, actuó en Live Aid y protagonizó Mad Max Beyond Thunderdome. El mundo finalmente la reconoció como la Reina del Rock and Roll.

La tapa del álbum: aunque Tina ya no era joven se luce con sus formidables piernas

El relato está en la revista Rolling Stone y cuenta entretelones de este regreso con gloria.

El año anterior, Turner había cantado en una nueva versión vanguardista y palpitante del hit de Temptations, “Ball of Confusion”.

Y con su asistente Martyn Ware estaban eligiendo los temas. “Al llegar a lo que recuerda como “la hermosa mansión” donde se hospedaba Turner, Ware tomó nota de los guardias de seguridad afuera. Para su sorpresa, dice, lo pusieron al tanto de que el ex de Turner, Ike, recientemente había cumplido una condena de 30 días por posesión de drogas. Que no tenía problema en dispararle a cualquiera que se le cruzara o a amenazar de muerte a su exesposa, que estaba en la ciudad y ya se había hecho notar. Aparentemente estaba tratando de hacer ruido, para pedirle dinero a Tina”.

Ella tenía que tomar sus precauciones.

“Su vida era así en ese momento”, dice Ware. “Y yo pensaba: Tina tiene que lidiar con esto continuamente. Hace todo con tanta gracia, aplomo y buen humor. Pero debe estar sufriendo mucho por dentro”.

Al final, Turner y Ware decidieron hacer una nueva versión de “Let’s Stay Together” de Al Green. Este tema iba a ser el próximo paso en el camino hacia Private Dancer, el álbum de 1984 que restablecería a Turner como una fuerza musical y un símbolo de superación de la adversidad personal más aplastante.

“Creo que la gente en realidad va a verla no necesariamente por las canciones, va a verla por lo que representa”, diría más tarde su amigo David Bowie. “La mochila de su pasado viene con ella, y van a ver a alguien que se ha levantado de las cenizas como un ave fénix… Sin duda ha pasado por cosas mucho peores que la mayoría de nosotros”.

Y el relato en RS sigue: “A Turner la amaban todos: sus viejos admiradores, la generación de MTV y los ejecutivos de la industria discográfica, es decir, el triunvirato que regía el negocio de la música en ese momento. Su regreso debería haber sido cosa fácil, entonces. Cuando el público supo lo que había soportado con Ike, por medio de una entrevista en la revista People en 1981, hubo pocas estrellas del pop más queridas. Pero la disonante reaparición de su ex esposo justo en un buen día de trabajo en Inglaterra estaba lejos de ser el único obstáculo para uno de los regresos más improbables del pop”.

Su segundo acto duró décadas. Giras récord. Doce premios Grammy. Más de cien millones de discos vendidos. Una carrera reconstruida enteramente en sus propios términos.

Y el amor también la encontró.

Erwin Bach conoció a Tina en un aeropuerto en 1986 y nunca se apartó de su lado.

Cuando sus riñones fallaron en 2016, él le ofreció uno de los suyos sin dudar. En 2017, cumplió esa promesa y le salvó la vida.

El 24 de mayo de 2023, Tina Turner falleció pacíficamente en Suiza a la edad de 83  años, con Erwin a su lado. Dejó atrás más que música. Dejó prueba.

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