La identificación católica cae en la región, sobre todo entre los menores de 30. Los expertos coinciden en que la Iglesia deberá escuchar más y hablar menos si quiere recuperar la confianza de la juventud. “Se trata de la generación más secularizada de la historia”, dijo un sociólogo. Están alejados de la institución pero no son ateos. En la Argentina los jóvenes que se declaran católicos llegan a 44 por ciento, mientras que en los mayores, la proporción sube hasta 69%
Uruguay, Argentina y Perú son los primeros destinos americanos del papa León XIV desde que fue elegido en el cargo, el 8 de mayo de 2025. El viaje tiene lugar en medio de estudios que muestran que los jóvenes parecen estar muy distanciados de la Iglesia católica, a la vez que se produce un incremento en la búsqueda religiosa y espiritual más allá de las estructuras eclesiásticas tradicionales.
El sociólogo de la Universidad Autónoma de Barcelona Víctor Albert lo dijo en una conversación con la cadena española RTVE. «La actual generación joven es la más secularizada de la historia, al menos desde que tenemos datos».

Lo confirma el sociólogo y director del Observatorio del Fenómeno Religioso de la Universidad Católica de Temuco, Jorge Baeza, quien dice a DW que «en los jóvenes de Chile hay un interés por la trascendencia pero, efectivamente, hay un distanciamiento de las iglesias».
«Las generaciones jóvenes son menos católicas, pero eso no supone un alejamiento uniforme de la religión», complementa la experta en sociología de la religión y académica de la Universidad de Buenos Aires Mariela Mosqueira. La especialista señala que, a lo largo de sus estudios, ha encontrado desde jóvenes que construyen su experiencia cultural en torno a la fe hasta aquellos que cuestionan las jerarquías. «Por eso, necesitamos distinguir entre perder la fe, alejarse de una institución y transformar las maneras de participar en ella. Son procesos diferentes», declara a DW.
La doctora en Teología Véronique Lecaros, académica de la Pontificia Universidad Católica del Perú, dice que las encuestas, como la de Pew Research Center que data de 2025, indican que los universitarios peruanos son los que más tendencia muestran a identificarse como sin religión. Para ella, «hay una gran proporción de jóvenes que se dicen alejados de toda institución religiosa, pero definirse sin religión no significa pensarse como ateo». En su opinión, «también puede ser que estén en una búsqueda espiritual», y recuerda que «en el Perú más del 80 por ciento de la población se define como religiosa o muy religiosa».

Secularización y dislocación
«La búsqueda de respuestas a las preguntas existenciales es algo estable en la humanidad, y en ese sentido la religión, o dicho en forma más precisa la religiosidad, es algo siempre presente, en especial en la juventud», indica Baeza. El académico cita cifras de la Encuesta Bicentenario 2026, que muestra que la identificación con la religión católica lleva 20 años bajando en Chile, pasando del 70 por ciento en 2006 al 43 por ciento en 2026.
«Hay, por lo tanto, un proceso de secularización. Las denuncias por abusos tuvieron y tienen una importancia, pero no son el factor que explica el proceso. Hay una individualización que rechaza las instituciones y propicia una autonomía. Hay un choque, principalmente de la juventud, con las iglesias en temas tales como moral sexual, estructuración vertical de la organización, coherencia entre discurso y práctica», apunta.
Mosqueira relata, por su parte, que en Argentina, según el Barómetro de las Religiones y las Creencias, un 44,6 por ciento de los jóvenes de entre 16 y 29 años se identifica como católico, una cifra que entre los mayores de 50 años sube al 69 por ciento.

«El Barómetro muestra que la menor identificación católica convive con una mayor presencia evangélica y de personas sin filiación religiosa entre los jóvenes. Esto invita a pensar en un proceso de diversificación de las pertenencias, además de secularización», agrega Mosqueira.
Lecaros, en tanto, destaca que existe otro elemento relacionado con el distanciamiento de la estructura eclesiástica. Lo llama «dislocación». «Si vives en un pueblo donde hay una comunidad y todo el año se prepara la fiesta patronal, la religión está presente de manera constante. Ahora, cuando se vive en una ciudad complicada como Lima, no hay una comunidad tan cercana a las devociones, lo que implica un distanciamiento de la parroquia».
Nuevos lenguajes
León XIV visita primero Uruguay, luego Argentina y finalmente Perú, país con el que tiene una larga historia: vivió allí dos décadas en misiones religiosas que se dividieron en tres períodos. Incluso tiene la nacionalidad peruana. Además, como pontífice, ha enviado varias señales de la importancia que su papado concede a la juventud: en 2025 encabezó el Jubileo de los Jóvenes en Roma, en junio de 2026 congregó a más de medio millón de personas en la vigilia con los jóvenes en Madrid y en 2027 espera participar en la Jornada Mundial de la Juventud de Seúl.
«Siempre en los programas de visita del papa hay un espacio reservado para encontrarse con los jóvenes. Ello moviliza a las iglesias locales y coloca en la conversación cotidiana el tema de la religión», explica Baeza. Para el experto chileno, la misión evangelizadora de la Iglesia no puede dar la espalda a este sector de la población ni menos a sus modos de comunicación, como las redes sociales y la digitalización. «Debe integrarlas no para hablarles a los jóvenes, sino para hablar con los jóvenes, escucharlos y dejarse cuestionar por sus apreciaciones», apunta.
«Mi interpretación es que allí existe una posibilidad de diálogo. Para acercarse a los jóvenes, la Iglesia necesitará conectar con sus preocupaciones y ofrecer espacios de escucha y participación que continúen después de la visita», pondera Mosqueira. Para ella, sin embargo, el desafío va más allá de vincularse a la juventud a través de los entornos digitales.
«Mi investigación sobre juventudes evangélicas aporta una perspectiva para pensar este desafío. Mostró cómo la música, los recitales y los circuitos culturales juveniles pueden convertirse en espacios de producción de experiencias religiosas», revela.
Lecaros, por su parte, añade que, más allá de las formas, para la Iglesia católica «la asistencia a misa, el comulgar, los sacramentos, son esenciales. Por supuesto que hay una comprensión de la importancia de los medios, y desde hace años se ha tomado conciencia del papel de la comunicación, pero yo creo que la Iglesia tiene que mantener un lenguaje que corresponde a la preocupación de la gente, y por ejemplo el papa León XIV lo ha hecho muy bien con la encíclica Magnifica humanitas sobre la inteligencia artificial. Creo que esto es central».
Nota de Diego Zuñiga
En sitio DW









