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jueves, septiembre 3, 2026

“No sean pichados, entiéndalo”

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El vocablo que define a los misioneros sigue dando que hablar justamente porque forma parte del lenguaje cotidiano. No es un invento de intelectuales, pero esto no obsta para que sea analizado y bien a fondo. Estefanía Baranger, una posadeña residente en CABA y lingüista, no suelta el hueso y no se picha fácilmente. Bien por ella

Es el término-Cataratas. La palabra por la que Misiones y sus habitantes son (re)conocidos en Argentina. Algunos pensaron que se trataba de algo que tenía que ver con orinar (el que habla con yeísmo tiene ese mix que combina la ye-con la che-con la she y piensa que pichado es pishado, por caso). Según Hugo Amable en su libro Figuras del habla misionera -que ya cumplió sus saludables primeros 50 años- el término tenía un ineludible origen guaraní vinculado a “pichá” (triste).

Pero Estefanía Baranger, nuestra lingüista de cabecera, no se rinde. Y desde Buenos Aires sigue enviando señales que la tierra roja no se le ha borrado de las ropas ni las palabras locales de su habla cotidiana.

En su nota más reciente (El Territorio domingo 30 de agosto, página 2) vuelve sobre uno de los términos más usados del misionero estándar.

En el final, por una cuestión semántica, Baranger se pregunta: “¿No podríamos simplemente decir frustrado (para traducir pichado)?” Y se responde a sí misma: “Claro, pero esa proliferación de grupos consonánticos no le haría justicia a la ternura que nos provoca a los misioneros un gurisito pichado (criatura de corta edad frustrado, triste, fastidiado) porque perdió a la escondida”.

Y más allá del rastreo del origen del término en los escritos de jesuitas (los primeros que pusieron en papel y tinta las expresiones del guaraní, hay que recordarlo, ya que se trató de una lengua ágrafa), la palabra (verbo, sustantivo y participio) tiene largos recorridos semánticos.

Arranca con una anécdota sobre personas que hablan el guaraní, pero dicen “foco” y “cable”. Y sí, diría yo. No existen en el guaraní original. Aún recuerdo las clases de su padre (Denis Baranger), un admirador de Ferdinand De Saussare que recordaba que las cosas que no existían en un idioma se tomaba el nombre que usaron los que las inventaron (por eso, los términos de computadoras son todos en inglés): y citaba que “pantalón” de origen franco-italiano se usaba exactamente así en el turco, por caso. Y agrego: los guaraníes no lo conocían, pero en cuanto lo vieron, decidieron que “caballum” o “kaballum” (los jesuitas usaban mucho el latín) era un buen nombre para el equino que trajeron los europeos a América.

En este punto, la misionera de Buenos Aires, llega a la conclusión de por dónde viene la enunciación más apropiada. “Pero el premio a la mejor definición de este término lo gana no un misionero (jesuítico) sino una misionera (de Misiones): Liliana Daviña, profesora de la UNaM, que lo describe como el ‘estado de ánimo momentáneo en el que se mezclan enojo, frustración y disgusto porque aconteció algo no deseado o resultó de modo adverso’. Y es en estas últimas líneas donde creo que radica la clave: no hace falta ser tan precisos en la emoción que denota pichado sino en la causa; hay una expectativa, un orden de cosas esperado, que se quiebra, y es eso lo que nos picha. Puedo andar medio pichada porque me fue mal en un examen, porque no me volvió a escribir mi interés amoroso de turno, porque no salimos campeones del mundo: son todos contextos en los que una expectativa se frustra. Me hacen una broma de mal gusto —esperablemente—, me ofendo y me dicen ‘no seas pichada’, cuando el acuerdo social de la broma es reírnos todos. En el contexto del juego, que tanto nos gusta citar, todos jugamos para ganar; si no, nos pichamos. Y si hacemos trampa es porque, en un punto específico, lo esperable empezó a ser perder y no nos quedó otra que meter mano”.

En este punto, solo quiero agregar un punto que a veces no es tenido en cuenta y que muestra la superioridad filosófica del castellano sobre el -pongamos- inglés. El verbo ser o estar.

Como bien lo decía el poema de Mario Benedetti (“Oh marine, oh boy, una de tus dificultades consiste en que no sabes distinguir el ser del estar; para ti todo es to be así que probemos a aclarar las cosas”)

En mi caso, creo que conviene distinguir el ser pichado, del estar pichado.

Naturalmente, el primer caso se trata de una actitud permanente: “No juegues a las cartas con ése, porque es un pichado que no sabe perder”.

Y en el segundo caso, se trata de un estado transitorio del ánimo: “Perdimos la final con España y quedé pichado un rato. Luego se me pasó: creo que hicieron un gran torneo”.

En mi caso personal, el sinónimo que más me gusta es “fastidiado”, pero no se pichen. Es una forma de ver tan válida como cualquier otra.

La nota de referencia está en
https://www.elterritorio.com.ar/noticias/2026/08/30/909812-el-guarani-y-la-city-xiii-el-bueno-el-malo-y-el-pichado

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