La Cancillería brasileña informó que su embajador en la Argentina no vuelve (había sido convocado a Brasilia). El presidente Javier Milei había lanzado duras expresiones contra su par brasileño en una visita al país vecino donde no le dejaron visitar al ex presidente Jair Bolsonaro. Luego, hubo réplicas desde Brasil tanto de Lula como de varios integrantes de su gabinete. Y la crisis escaló cuando Milei contratacó con mayor virulencia y se llegó a esta situación
Todo había venido escalando sucesivamente y en entregas, como esas telenovelas mexicanas o colombianas. O tal vez, una de esas de Red O Globo. Hasta que llegó el punto culminante y todo -por ahora- se desencadenó por el lado de una salida diplomática: Brasil, la nación ofendida en la figura de su primer mandatario retira de la casa del ofensor a su representante oficial. Deja -apenas- a un sucedáneo para atender los negocios.
Como solía insistir un experimentado político misionero al citar a un autor español de comienzos del siglo XX, Jacinto Benavente: los intereses son permanentes. Todo estaba en su obra teatral “Los intereses creados”: Allí, se mostraba como los seres humanos se mueven por conveniencias, egoísmos y lazos económicos, y se sugería
que los intereses materiales mandan en el mundo más que los ideales puros.
La decisión de Brasil de retirar temporariamente a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, y dejar la representación diplomática en manos de un encargado de negocios constituye una de las mayores crisis bilaterales de las últimas décadas. En las últimas horas del día martes, además, se conoció la decisión del gobierno brasileño de solicitarle al embajador argentino en ese país que regrese a Buenos Aires.
Ambas medidas, adoptadas tras los nuevos dichos de Javier Milei contra Luiz Inácio Lula da Silva, tienen un enorme peso político: la degradación institucional implica mantener el contacto solo a través de encargados de negocios (un cargo diplomático menor), un gesto de protesta que es previo a una eventual ruptura total de relaciones políticas.
El estilo desaforado de Milei encontró una decisión firme en Brasil.
Y así, mientras la izquierda latinoamericana pierde -paso a paso- sus representantes en los diversos países (quedan además de Lula) la mexicana Claudia Sheinbaum, Yamandú Orsi en Uruguay) y no muchos más. ¿Hay que sumar a Daniel Ortega en Nicaragua?
Y la derecha le ha estado ‘comiendo las fichas’ a varios países que tenían gobernantes del signo opuesto: en Chile llegó José Kast para remplazar a Gabriel Boric; en Venezuela ya no está más Maduro. En Colombia Gustavo Petro cederá el cargo el 7 de agosto a Abelardo de la Espriella; en Ecuador otro tanto con Daniel Noboa que remplazó a Guillermo Lasso. Y así.
Solo quedan Lula y Sheinbaum. “Solo” es un decir: se trata de los mayores países latinoamericanos y de los más grandes en el mundo. Hay que decirlo todo: Argentina está muy lejos (excepto en fútbol) de ambas naciones.
Y esa situación enojosa para el sector de la progresía que milita en el izquierdismo latinoamericano ha dejado en desventaja y con mucho enojo a los que aún subsisten. Uno de ellos es Lula, que se sabe, envió a sus asesores para la campaña de 2023 donde apoyaba a Sergio Massa en detrimento de Milei. Según el periodista Jonatan Viale el famoso episodio de las toses (para interrumpir los mensajes del a la sazón candidato de La Libertad Avanza) fueron idea de los asesores de Lula. Por eso la inquina sulfurosa de Milei.
“Antes las reiteradas agresiones de Milei, tres desde el domingo, comunicamos que mientras subsista esa situación Bitelli no vuelve”, definió ante Infobae una fuente importante de Itamaraty, la residencia del ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, un lugar donde rige por sobre todo, la consigna de Jacinto Benavente. “Hemos decidido que mientras tanto se rebaje la relacion al nível de encargado de negocios. Mientras siga Milei con los ataques, se rebaja la relación”.
Es decir que en el corto plazo, no cambia prácticamente nada para el comercio bilateral.
Los contratos privados, las exportaciones e importaciones, el intercambio automotor, las operaciones financieras y la actividad de las empresas continúan desarrollándose bajo las mismas reglas.
Esto ocurre porque el comercio bilateral está regulado por los acuerdos del Mercosur; tratados internacionales; normas aduaneras; yorganismos técnicos que funcionan independientemente del nivel político de la relación.
Las grandes automotrices, exportadores agrícolas, empresas energéticas y fabricantes industriales seguirán operando normalmente mientras ninguno de los gobiernos adopte medidas comerciales específicas.
Especialistas recuerdan que incluso países con relaciones diplomáticas muy deterioradas mantienen elevados niveles de intercambio económico.
Las empresas no se verán afectadas de manera inmediata. Sin embargo, analistas advierten que un deterioro prolongado del vínculo político puede generar mayor incertidumbre para nuevas inversiones; menor coordinación en proyectos industriales; dificultades para impulsar acuerdos de infraestructura; pérdida de confianza empresarial si la crisis continúa escalando.








