Se los denomina “golondrinas”, porque van un tiempo y luego, al final de la temporada retornan. En el sector oriental de Misiones decenas y decenas de personas cruzan a diario: las cosechas de manzana y uva (con alojamiento y comidas incluidas) es un atractivo muy fuerte
Las uvas del Brasil no son las de Mendoza: la calidad del clima andino (seco, soleado) dan un sabor único a esos frutos que devienen en tintos soberbios como el Malbec, Cabernet Sauvignon, Pinot o cualquier otra variedad. Pero en el sur del Brasil se consigue el Bordó nos Campos. Y de allí al embotellamiento (a veces, horror, en botellones de plástico) del vinho brasileiro que muchos gustan ya que posee un tenor alcohólico más bajo y es más dulzón. Es lo que hay. Por eso, los brasileños -que pueden- cruzan la frontera, pasan por las famosas vinerías de Bernardo de Irigoyen y se acopian de cajas y cajas de excelentes vinos mendocinos.
Pero en las granjas del sur del Brasil hay 800 millones de kilos de uva en racimo esperando para ser cosechadas. Y no hay tiempo que perder. Así que la oferta es interesante y los argentinos desde Misiones cruzan el río Uruguay y hacia allá partes. A la colheita da uva.
El fenómeno de los trabajadores golondrinas no lo inventaron este año ni fue en Misiones.
Es universal. Ha ocurrido en distintas épocas y diferentes lugares. Ha sido relatado por diferentes cronistas e historiadores.

Los despojadores mexicanos que se van a California para las cosechas de uva, tomates, duraznos y naranjas.
En las épocas de alta demanda en los huertos del norte y sur de España. Y otro tanto, en Italia.
En Tucumán para la zafra azucarera; en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén para recoger manzanas y aceitunas; en San Juan, La Rioja y Buenos Aires para la cosecha de papas, el maíz y la cebolla; en Entre Ríos para recolectar arándanos.
Naturalmente, en Misiones la famosa tarefa de la yerba mate cuenta con estos trabajadores precarizados.

La diferencia en el tipo de cambio puede hacerles ganar desde 700 mil pesos a un millón mensuales, en función del tipo de cosecha y las horas extras que se realicen.
“Confiaron en nosotros, son amables, atentos, serviciales; no tenemos quejas. Nos proveen de uniformes y nos ubicaron en una casa con todas las comodidades. Nos dan el desayuno, almuerzo, merienda y cena”, dijo a Misiones Online (MOL) un cosechero, luego de aceptar un trabajo para recolectar uvas en el municipio de Flores da Cunha, durante el verano.
Así el movimiento se da con los famosos golondrinas (una buena imagen: una vez que termina la temporada, levantan vuelo).
“La diferencia de pago es notable. Hoy con el real cotizando a 300 pesos aproximadamente, un trabajo en Brasil andará un millón o un millón 400 mil pesos. Con la diferencia de que los que van a la cosecha de uva o manzanas les dan alojamiento y comida”, acotó Fredy Frank.
Los intendentes de las localidades fronterizas a Brasil de Misiones, como Bruno Beck (Andresito), Fausto Rojas (San Antonio), Matías Vilchez (San Javier) o Lucas Gerhardt (Alba Posse), Carlos “Cali” Goring (Colonia Aurora), varios de los cuales hablaron con La Nación, coincidieron: el gran motor es la falta de trabajo. Y los mejores ingresos (aunque temporarios) que se ofrecen en este tipo de tareas. Cuando finaliza la zafra, la mayoría retorna a sus lugares de origen.
Para Cristian Castro, diputado provincial por el PAYS [Partido Agrario y Social] y vecino de San Javier, ahora también cruzan los que tienen trabajo, pero ganan poco y no les alcanza.
“Todas las mañanas paso cerca del puerto y veo a los chicos que van a la cosecha, pero este año el volumen es grande, todo el tiempo y todos los días, en temporadas anteriores eran días puntuales, los viernes por ejemplo”, dice Castro, quien reside en la fronteriza San Javier.

Allí el caudaloso río Uruguay, que corre con un ancho de menos de 1000 metros, se cruza en 10 minutos, en una potente balsa que también cruza automóviles.
“Acerqué a unos chicos con el auto y les pregunté si habían votado a Milei. Todos me dijeron que sí. Lo que me sorprendió, con los seis chicos que hablé, es que todos tenían trabajo, dos eran empleados de comercio y los otros cuatro trabajan en la yerba, esto demuestra la crisis de la chacra, de la yerba”, señala Castro.
El periodista y conductor misionero d 25 de Mayo, Fredy Frank fue entrevistado por Radio 10 y por C5N donde reiteró estos conceptos. Habló sobre migración laboral hacia Brasil, fenómeno que históricamente existió pero que en las últimas dos semanas tomó una magnitud impresionante. “Se van jóvenes, pero también personas grandes. Se trata de familias enteras empujadas por la necesidad”, relató, y contó el caso de un trabajador despedido de un aserradero que viajará más de 600 kilómetros dentro de Brasil para conseguir empleo.

“Cruzamos por Alba Posse y nos estaban esperando del otro lado del río (Uruguay) en Puerto Mauá, el traslado a esta ciudad corrió por cuenta del dueño y con promesa de volver de la misma manera. Con horas extras, se puede ganar como un millón de pesos limpios al mes”, señaló otro cosechero que viajó a Flores da Cunha.
Los trabajos más frecuentes son temporarios o ‘golondrina’, principalmente en cosechas agrícolas como uva, manzana o cebolla, aunque también hay inserción en tareas urbanas.
“Esta mañana me escribió un muchacho que tenía acá en el pueblo un lavadero de autos. Ya está instalado en la cosecha de manzanas. Lo que va a obtener es un millón 400 mil pesos, mucho más de lo que lograba aquí”, ejemplificó Frank al hablar de su localidad 25 de Mayo.
Frank también recordó su propia experiencia de migración en el año 2000, cuando se fue a Brasil y pensó no volver, y comparó distintos ciclos económicos del país. Si bien reconoció dificultades durante gobiernos anteriores, consideró que la situación actual es especialmente dañina para provincias fronterizas. “Tengo mueblería y también comercio. Pero ‘esta película ya la vi’. Cada vez que reinicié con mi actividad tuve golpazos. Veo a algunos que son optimistas, pero yo ya no tengo lugar para la confianza en el futuro”, aseveró.
Aunque Castro dijo que la mayoría es de 18 a 25 años, Frank aclaró que muchas veces viajan familias enteras y trabajan todos, desde los más pequeños hasta los adultos mayores, personas de 40 ó 50 años. “Van para las cosechas, pero los que visitan las playas del Brasil podrán ver cómo hay gente de nuestro país como mozos, cocineros”.
Frank aseguró que el cruce de personas es cotidiano, tanto por puertos como por frontera seca. Durante el programa se mostraron imágenes enviadas por él y su hijo, que dan cuenta del movimiento permanente hacia Brasil. “Además acá los sueldos, pongamos en un aserradero puede estar en 500 mil o 600 mil pesos. Eso es bajo en comparación con la zona centro del país pero son los valores que se pagan aquí. Así un trabajador temporal puede sacar entre 3000 y 4000 reales por mes”.
Frank además previó falta de trabajadores en Misiones cuando arranque la cosecha de la yerba en marzo/abril; y lo mismo para la actividad forestoindustrial.









