Así surge de una encuesta realizada por la consultora MRVT donde el 67 por ciento de las mujeres consultadas en la capital misionera expresaron que ya no sienten simpatía por el Presidente. En los varones jóvenes, en cambio, persiste la buena imagen. Entre las mujeres de 35 a 55 años, la consultora vincula la desaprobación con las dificultades para administrar los gastos del hogar, especialmente alimentos, servicios, educación, indumentaria y endeudamiento familiar. En las mayores, el tema de jubilaciones y pensiones estancadas frente a un alza imparable de los medicamentos
La imagen del presidente Javier Milei atraviesa un escenario de fuerte deterioro en Posadas, donde dos de cada tres consultadas expresa una valoración negativa de su gestión, frente a solamente un 29% que mantiene una opinión favorable. El dato surge del último monitoreo de MRVT Consultora, correspondiente a octubre de 2026, que identifica a las mujeres como el sector que más contribuye al rechazo hacia el Gobierno nacional. La cuestión es bien sencilla: entre aquellas personas que están en el tope de su vida útil, esto es, de 35 a 55 años, aparece un nivel de desaprobación muy alto: son las que muchas veces deben administrar los gastos de la casa, en especial el pago de servicios, la compra de alimentos, de ropas, y para más pagar las deudas. Ese sector

Las mujeres jóvenes se alejan de Milei, esa es la conclusión de Alejandro Miravet, el titular de la consultora. “Es el dato más significativo que aparece cuando se analiza el comportamiento por género y edad. Según las respuestas de la gente, las mujeres están protagonizando un alejamiento de la simpatía libertaria, particularmente entre las más jóvenes, un segmento que había tenido protagonismo en el crecimiento político de Milei”.
La diferencia más pronunciada aparece entre los jóvenes de 16 a 35 años. Mientras el 42% de los varones de esa franja mantiene una imagen positiva del Presidente, entre las mujeres el respaldo cae al 20%.
La brecha de 22 puntos porcentuales evidencia una división dentro de una misma generación, que hasta hace relativamente poco tiempo aparecía como uno de los principales sostenes sociales del fenómeno libertario.
El relevamiento, realizado mediante el seguimiento periódico de 220 personas de la capital misionera, muestra un diferencial negativo de 38 puntos porcentuales y una reducción de los indecisos al 4%, el nivel más bajo registrado por la serie.
El informe sostiene que el alejamiento femenino responde a una combinación de factores económicos, laborales y culturales. Entre ellos menciona las dificultades para acceder a empleos estables, la pérdida de poder adquisitivo, el encarecimiento del transporte y los costos asociados a los estudios superiores.
También identifica como factor de distanciamiento el discurso confrontativo del Gobierno nacional frente a cuestiones vinculadas con género y diversidad.
El rechazo también atraviesa a las mujeres adultas y jubiladas
El informe identifica diferentes motivos de descontento según la edad.
Entre las mujeres de 35 a 55 años, la consultora vincula la desaprobación con las dificultades para administrar los gastos del hogar, especialmente alimentos, servicios, educación, indumentaria y endeudamiento familiar.
En las mayores de 55 años, el análisis destaca el deterioro de las jubilaciones y otros ingresos fijos, junto con el aumento de los medicamentos y las coberturas de salud.
De acuerdo con el análisis de MRVT, el respaldo juvenil al Presidente presenta ahora un perfil considerablemente más masculino, mientras que las mujeres jóvenes exhiben una mayor distancia respecto del proyecto libertario.

Otro de los hallazgos centrales del relevamiento es la enorme distancia entre las preocupaciones cotidianas de los posadeños y las discusiones de la dirigencia política.
Ante la pregunta sobre dónde tienen puesta la cabeza actualmente, el 75% de los consultados respondió que su principal preocupación es la situación económica.
La preocupación económica incluye el precio de los alimentos, las tarifas de servicios públicos, el transporte, los ingresos familiares y la pérdida de capacidad de consumo.








